©Patrizia Burra
SERENDIPIA
Ella forma parte de nuestra vida de muy distintas maneras, pero todas ellas son como esa chispa, casual y motivadora, que de pronto nos abre una puerta o nos tiende un puente para llegar a cualquier punto en el que dibujarnos esas alas de papel, y volar por cualquier confín que nos propongamos, e incluso, imaginemos. Ginebra©®

ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.  
Las puertas están abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la reciprocidad.  
 

Quienes invertimos tiempo, ilusión y sueños a través de las letras, bien sabemos de la importancia del arte en cualquiera de sus expresiones. Esa voz interior que, entre gráciles musas, se pronuncia a través de cualquier vía con la que exteriorizar la inspiración.
 
Siéntete como en casa...
La mente es una magnífica fábrica generadora de historias. Somos nosotros los que llevamos la batuta; los que cincelamos los caminos, los mundos y los personajes. Sé libre para hacerlo. Date la oportunidad de volar, y dánosla a los demás para hacerlo contigo.
 
 
BASES CONVOCATORIA
 
Los retos estarán vigentes durante un mes.  
Los textos pueden realizarse en cualquier formato, y no hay límite de palabras.
Dejadme vuestros enlaces en el apartado de comentarios, y vinculad vuestras publicaciones a este blog.
Una vez finalizado el proyecto, el último día de cada mes, vuestras participaciones serán publicadas en este blog bajo la etiqueta de vuestra autoría.
 
En cuanto a los textos, y como ya sabemos quienes escribimos, muchas veces, y sin darnos cuenta, nos comemos una letra; no tildamos; y algunas cosillas que se nos escapan… Es pues que, con vuestro permiso, y puesto que leo todos los textos con esmero antes de publicarlos, me tomo el beneplácito de corregir esos pequeños detalles (NUNCA EN SU ESTRUCTURA).
En el caso de que alguno de vosotros prefiriera que no lo hiciese, por favor, hacédmelo saber.
 
Muchísimas gracias por vuestra compañía, tanto a los que participáis, como a los que nos seguís con vuestra lectura. 

HISTORIAS ENCADENADAS

Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces deseéis.

En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS. 



Aimie-Lee Bliem
Mostrando entradas con la etiqueta Auroratris. Mostrar todas las entradas
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lunes, 31 de agosto de 2026

A mi creación

 

(Autora: ©Auro)

Slim Aarons

 
Vida, todavía no sé en qué te convertirás si en una gran mujer o un hombre de altura, como dicen por ahí. Comentarios que perduran generación tras generación. Concibo tu crecimiento dentro de mí, poso la mano sobre mi vientre y puedo apreciar el lento movimiento de tu vida, una vida dentro de otra vida, el milagro más genuino y puro que pueda existir en el mundo.
 
Aún no lo sabes, pero ya tengo tu destino ideado: robaré el sol cada mañana para que ilumine tu rostro, invocaré los colores de la felicidad para dibujar tu sonrisa, seré una excelente compositora para lograr que los sonidos de la naturaleza sean una emocionante melodía. La luna actuará como mi fiel aliada para acunarte cada noche con nanas inventadas para ti.
 
Estoy convencida de alcanzar estos propósitos mientras tú estés conmigo. Seré defensora de esta causa convirtiéndome en un implacable soldado para mostrarte un lugar mejor donde prime el amor. Me estoy presentando, soy una soñadora con un proyecto que se titula Tú.
 
Tengo el boceto de una larga lista de nombres, aun sin conocer tu imagen. Mil visiones sobre tu aspecto, si te parecerás a mí en la mirada o tendrás la misma sonrisa que él. Me dejo mecer por este momento de paz, arrullada por el sonido de las olas que irrumpen en mis pensamientos, imaginando cómo será tu voz cuando me llames mamá.
 
Tu padre propone su nombre con pleno convencimiento como si ya estuvieras aquí, por el contrario, yo solo te espero mientras te siento y te llamo «MI VIDA».
 
Firmado: Mamá



LA LÍNEA RECTA

Slim Aarons


Los buenos momentos duran poco, al igual que las malas noticias llegan antes. Nuestra protagonista se llama Flavia, es inspectora de policía, tiene entre manos un caso duro de roer, lleva años trabajando en él, el culpable se escabulle cada vez que está a punto de atraparle. Se sonríe ante este pensamiento, parece sacado de una peli mala sobre policías y ladrones.
 
Se tumba sobre la toalla, cierra los ojos e intenta que su mente y su cuerpo sean abducidos por todo el contorno. Desea que el sol borre su último recuerdo, que poco a poco la vaya esculpiendo hasta dejarla limpia de todo. Reseteo en toda regla. Su cuerpo agradece la brisa, que sin permiso juega con las formas de su hechura.
 
Se deja envolver llegando a una conclusión: la vida es esto, disfrutar y pelear en un mismo día. Las decisiones propias no son tal, esta vida se encarga de poner vicisitudes para que el camino no sea siempre en línea recta. Acto seguido el recuerdo del último caso vuelve a colarse en su mente. Aprieta los ojos para desecharlo, abre los brazos y con plena convención pide un deseo.
 
Una voz familiar interrumpe la maravillosa simbiosis haciéndola sonreír. La propuesta es una carrera hasta el agua, eso sí que es una línea recta y no la vida en sí.
 
Después de todo, la vida es chula si sabemos aprovechar las cartas que nos salen. Acto seguido se zambulle en el agua, dejando que unos brazos la rodeen haciéndole sentir el verdadero significado de estar viva y sentir.
 
©Auro

(Textos pertenecientes a la propuesta de SerendipiaVariétés: «La vida»).


martes, 30 de junio de 2026

Fluir

 

(Autora: ©Auro)


Robert McGinnis

 
En un estanque privado, a dos aviones de aquí, una mujer se hizo una pregunta mientras disfrutaba de un baño singular. La frescura del agua, su transparencia, el momento íntimo donde solo ella y la naturaleza jugaban un papel importante.
Podría decirse que unos nenúfares se divertían en pos de la chica. La misma que se resguardaba al sentir el cosquilleo bajo las plantas de sus pies. Así mismo se hizo aquella pregunta, que quedó sellada entre la húmeda superficie y su voz tornada en un susurro.
 
Qué tímida se reflejó su silueta cuando al acercarse a la bella flor se descubrió tan desnuda como ella. Cogiéndola con delicada impostura descubrió que si quería conseguir el ejemplar tendría que hacer un pequeño esfuerzo para arrancarla de su hábitat. Pero, tan solo la acarició preguntándose por qué no terminaba de fluir aquella belleza acuática. Dejarse llevar por la corriente y disfrutar del maravilloso paisaje. Se cuestionó sobre si el miedo a lo desconocido la pondría en la tesitura de decidir su futuro.
 
«Sólo es una bella flor que no quiere ir», se dijo.
 
El recuerdo de aquella mañana permaneció en la mujer durante su viaje de regreso. Reflexionó mucho sobre ello, no era una obsesión propiamente dicha, pero contenía ese morbo que se persigue cuando descubres que no es tan descabellado imaginar la similitud de la naturaleza y el ser humano.
 
Siempre hay un lastre en el fondo que nos mantiene estáticos, aunque avancemos algunos pasos por inercia. Simplemente se necesita algo que corte ese cordón umbilical que nos mantiene en el mismo lugar.
La imaginación sería un buen filo para separarse de donde uno está, bastan sus alas. La ilusión es otro aliciente para moverse en todas direcciones, la pasión, que nunca falte ese color que impulsa a saltos y una mirada profunda y serena que acoja nuestra imagen.
Una mano tendida que realice la fuerza suficiente para dejar el lecho del río y dejarse llevar por la corriente de la vida.
 
La mujer hizo el gesto con su mano y ante su mirada volvió el recuerdo del nenúfar alejándose de allí.
Fluir contigo o sin ti.
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: «Fluir»).


domingo, 31 de mayo de 2026

Sueños en la luna

 

(Autora: ©Auroratris)


Brad Kunkle


 
Estar en la Luna de Valencia o vivir en la Luna son metáforas que siempre me han acompañado desde que tengo uso de razón, la cual estoy a punto de perder. La suma de mis lustros me ha llevado a profundizar sobre estos viajes hasta convertirme en toda una profesional sobre abstracción lunar.
 
Lo curioso es que no hay cita de por medio, yo le llamo encuentro casual ya sea de día o de noche. El apego es mutuo, cuando no la busco ella me encuentra y a su vez, yo la encuentro cuando ella se esconde. Digamos que orbito en todas sus fases. ¿Quién no ha soñado mirando a la Luna? Me pregunto si ella también sueña cuando nos mira.
 
Una vez tuve un refugio, un tejado destartalado donde cada noche subía cual gata buscando no sé qué y no sé a quién. El caso es que los encuentros se daban y la mirada se perdía entre su forma y sus cráteres, que mi desbordada imaginación veía caras ocultas, ojos encuadrando mi pequeña figura y una sonrisa respondiendo a la mía.
 
Esta escena provocaba que le hablara en susurros, le contara sobre mis sueños, le recitara poesías cual Romeo a su Julieta, eso sí, pidiéndole discreción porque todas ellas iban dirigidas al amor secreto del momento, sí, de ese momento he dicho porque siempre he sido una enamoradiza. Un simple gesto yo lo veía como «un para siempre».
 
Todavía sigo colgada de esa Luna huidiza o encontradiza. Cultivo sueños, los cuales han cambiado, la estatura no, la mirada persiste, tal vez más cansada, pero con el mismo brillo de antaño.

 
«Los veo zarandearse cual libres banderas,
alejándose con sus alas soñadoras,
gaviotas buscando un lugar donde descansar
 
con sus gritos plenos,
pidiendo que un deseo se haga posible.
Versos lanzados en la noche,
flechas haciendo diana en la cara de la Luna.
Mis sueños son palomas mensajeras
esperando una respuesta para regresar
bajo notas de vítores y alegrías»
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta 
de SerendipiaVariétés: «La poesía, como contemplación poética»).


jueves, 30 de abril de 2026

Azahar

 

(Autora: ©Auroratris)


Imogen Cunningham





 
 
Poseo un huerto pequeño, lo justo para mis caprichos cítrico. En una esquinita quise plantar margaritas, pero estas no quisieron seguir el curso de la naturaleza y me abandonaron en la primera revuelta de la primavera. Falta de agua, de cariño, de palabras, de música…
 
Todo esto me lo cuestiono mientras leo a la sombra de un limonero, el aroma a azahar me embriaga y dejo que la imaginación se haga eco en esta tarde de abril. Mirando su flor minúscula pienso en los ramos de novia, esa pureza de la cual tanto se ha hablado. Vengo de otra época donde un ramo de azahar era cuestión de estado si la novia era digna o no de llevarlo al altar. Menos mal que los tiempos han cambiado y las mentes también.
 
El aroma de Sur para mí es este, el Azahar. Sus calles y jardines, todo queda impregnado por su esencia y su blancor. Me asaltan recuerdos de una primavera en Granada. Cómo olvidar la primera vez fuera de casa, fue imposible no sucumbir a su aroma en aquel jardín encantado donde tantos sueños fueron robados o cumplidos. Y él, también estaba él, el primer amor de primavera.
 

(Texto perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: «La música y las flores»)





martes, 31 de marzo de 2026

Duermen mis Placeres



(Autora: ©Auroratris)


Francine Van Hove

 
Hay lugares donde se detiene el tiempo y la gracia del mundo, placer infinito para los seres que se reconocen. Mientras se hace el dormido sobre mi almohada, yo dibujo palabras para luego llevarlas al papel y sellar así este instante placentero y sincero. Creo que sabe que estoy hablando de él o de su tripa. Se siente querido, soñado, mimado y todo esto hace que él mismo sea un capricho de cuatro patas persiguiéndome por cada estancia de la casa.
 
Sus ojos me recuerdan a la colección de canicas que una vez tuve, se tornan brillantes y llamativas cuando enfocan algo que le gusta. Si aquellas rodaban sin control por doquier, estos ojos me recorren anhelando un pequeño gesto que le haga rodar de placer. Ahora que lo pienso es un placer recíproco y compartido. Llegar a casa y encontrarnos. Dos abordando el mismo juego.
 
Que sí pesado, que ya hablo de ti y de lo nuestro, que dejo de lado mi enamoramiento felino para narrar el placer que me ocasiona chocar con tu mirada, o simplemente mi boca con la tuya. Contagiarnos por la risa que nos ocasiona cualquier tontuna y, entre medias este ovillo de lana rodando por nuestros pies intentando cazar pulgares que se escurren entre las sábanas.
 
Ya ves que lo intento, centrarme en ti. Este Michi no tiene la culpa de que mi pensamiento sea como una estrella fugaz en medio de la madrugada. Pero no te duermas antes de que esta noche sea solo sueño, asaltemos la cocina para darnos un atracón de diversos placeres, entre ellos chocolate con nubes y sin atragantarnos leernos un pasaje del actual libro y quién sabe si logramos cazar al asesino.
 
Ahora que duermen mis placeres los inmortalizaré con mi poesía.
 
 
(Texto perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: «Placeres»)


sábado, 28 de febrero de 2026

Duelo Enraizado

 

(Autora: ©Auroratris)


Tea Jagodić


 
Viajo en un pasillo de primavera hacia un horizonte desconocido recordándome que todavía tengo vigente un pase para la ausencia. Esto reivindica la no clausura de un proceso que se inició hace demasiado tiempo.
Hoy en día no poseo la compañía de este ni de la presencia que añoro porque sin ser vidente ni pitonisa, sin poseer ningún poder paranormal para predecir el futuro Ella era la raíz, la médula, la savia. Su singular naturaleza traducía mis pasos antes de darlos como una hechicera lo hace con sus conjuros.
 
Conseguía asentarse en la consciencia descargándome del peso de mi propia existencia hasta los límites de la liviandad.
Sus sentencias no eran palabras intencionadas, intuía el destino de los corazones a sabiendas del dolor que tal revelación podía ocasionar.
La recuerdo sin necesidad de ninguna imagen porque la siento en cada rincón de mi pensamiento, el aroma de su piel inunda el actual espacio, inédito espacio, y su voz me acompaña mientras intento dirigir mi vida.
 
Este duelo enraizado del cual no logro despojarme es una sombra adherida a mi columna vertebral. Es como si su raíz morara en mí alertándome del dejavu.
Tengo incompletas las fases del Duelo mientras conjugo los posibles sinónimos apegados a esta palabra, que sin su nombre solo sería un conjunto de sílabas, consonantes y vocales...
Dolor, Duelo... Me paro, respiro y continúo trabajando en este detalle.
 
Qué sencillo me parece todo si en ello no estuviera tu partida. Hay ecos que perduran dentro de cada uno y ensoñaciones oníricas que solo nos visitan cuando nos abandonamos en los brazos del hermano.
 
Y todo vuelve a empezar al despertar un lunes cualquiera.
Se aprende a vivir echando de menos.
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: Las nubes pasan)


lunes, 22 de septiembre de 2025

La Nota Discordante

 

(Autora: ©Auroratris)


(Jenny Liz Rome)

 
Me considero una chica con suerte porque amo mi trabajo, y es que, estoy segura de que soy la propia fascinación de este. No es pura presunción, es real. Pertenezco a un importante grupo publicitario, somos una gran firma dentro del mundo del diseño. Soy consciente de que mi aportación siempre es respetada y valorada por mi equipo, aun siendo la única mujer entre cuatro hombres. La nota discordante, apodo que me gané el primer día que llegué a estas oficinas. Simplemente por eso, por ser una fémina en un mundo de hombres.
 
Hace unos meses nos visitó una famosa marca de discos. Para el verano querían lanzar un nuevo grupo de pop. Música fresca, pegadiza, bailable… que no se quedara solo en una fórmula estival. Cuatro chicas le darían forma a este nuevo proyecto. Las canciones estaban acabadas, también la imagen que querían exhibir de las componentes, todo a falta de la portada del disco. Querían algo llamativo, detalles que destacaran la personalidad de cada una de ellas. Lo más icónico sería poner una imagen de ellas con sus instrumentos, o sus caras en un primer plano, o una pose relajada de las cuatro, apología al nombre del grupo o el primer single, etc. Yo no estaba de acuerdo. Así que la nota discordante puso la maquinaria a trabajar.
 
Estudié el rostro de cada una de ellas, escuché las maquetas, las pude visualizar en los vídeos que nos facilitaron. Llegué a tararear sus canciones. En realidad, sería todo un lanzamiento musical. Al menos este verano lo iban a petar con o sin carátula del disco.
 
Cuatro jóvenes rostros me escrutaban desde mi mesa de estudio, mientras yo danzaba por la habitación con los cascos y su música. Absorta a todo, sin querer, le di con mi mano a aquellas fotografías, las cuales cayeron desordenadas, pero de una manera premonitoria. Sobresalía media cara de una, parte del pelo de otra, los brazos de aquella y un poco de esta. Se encendió mi bombilla. Frenética me puse manos a la obra con mi nueva idea, la cual trasladé a mis compañeros y estos aceptaron sin poner muchas pegas, o peros, que siempre hay en todo proyecto.
 
Llegó el día de la presentación con la firma discográfica. Les describí algo que ellos ya sabían, la personalidad y el físico de cada una. Me miraban con cara de escepticismo. Entre nervios al ver sus expresiones les mostré el boceto de una joven con un conejo entre los brazos. Les hice hincapié en que observaran con detenimiento la fotografía y dijeran libremente qué les sugería, o si veían algo significativo.
 
Hubo un silencio que no solo a mí me pareció eterno. El más joven se levantó, lo observó desde todos los puntos imaginables. Adoptando un gesto adusto llamó a su lado a su compañero. Era imposible escuchar qué susurraban, señalaban afirmando y negando tantas veces que parecía no acabar nunca la decisión que fuesen a tomar.
 
Una gran exclamación nos hizo levantar de nuestros asientos, ya estábamos por tirar la toalla y empezar con otra idea que ofrecerles. Reían y señalaban cada parte del rostro vociferando el nombre de cada integrante del grupo musical.
 
Efectivamente, la imagen era una «Gioconda» hay quien dice que el rostro de la obra es la suma de varias mujeres, nadie sabe la verdad. Lo cierto es que a nosotros nos funcionó esta suma de rostros y el resultado fue óptimo para todos.
 
Lo del conejo lo dejé como incógnita para darle a sus fans algo por lo que pensar. No desvelaría que se trataba de Melón, mi mascota.
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: “Fantasía”)


domingo, 31 de agosto de 2025

El viajero del tiempo


(Autora: ©Auroratris)


(Brassaï)


 
¿De cuánto tiempo estamos hablando?
Esta cuestión me hizo reflexionar sobre el paso de los siglos, los años… El viaje de las almas, la reencarnación. No sé. Escucharla hizo que el engranaje de mis pensamientos se activara.
 
Un tacón fue el causante de aquél encuentro. Se rompió por obra y gracia de la divina providencia, debía suceder así, que él y yo coincidiéramos en esta época. La noche prometía misterio, el mismo que circundaba su presencia, su vestimenta no delataba peligro, pero sí cierta atención. Él vigilaba como un faro lo hace en los acantilados, el qué o a quién nunca lo sabré. Su postura tranquila se interrumpió al escuchar el sonido sordo que hizo mi cuerpo contra el asfalto. Se giró de manera pausada acercándose hasta mí, me tendió la mano, su reconfortante voz me dio la seguridad necesaria para reconocer que todo iba a estar bien.
 
La pregunta del millón no tardó en aparecer: “qué hace una chica como tú en una noche como esta”. Hubo tantas respuestas agolpadas en mi cabeza, que solo se me ocurrió decir que había salido a tomar el fresco. Patético, pensé. Tal vez, fue el gesto que hizo con su sombrero, o sus ademanes de caballero, o la educada atención que me prestó. Juro que, medio hipnotizada me dejé arrastrar hasta aquel lugar, en el cual con un café caliente y su sonrisa de por medio me sentí como en casa. Él lo hizo fácil. ¿Cómo que el qué? Bajar la guardia para hablar de mi pasado.
 
Hablábamos como viejos conocidos. Le reconocí, no dije nada, callé mi descubrimiento y continué como si tal cosa. Atendí a su amena conversación. Me dio paz escucharle. Era un viajero del tiempo mucho más antiguo que yo. Su experiencia quedaba palpable en cada uno de sus argumentos. Mi fase estaba muy por debajo de la suya. Salimos de aquel tugurio para dirigirnos a mi apartamento. Llamó a un taxi y, efectivamente, él mismo dio la dirección. La sorpresa quedó reflejada en mi cara. ¿Quién era exactamente? Creí haberle reconocido. Me reafirmo en la creencia de que somos almas cargadas de energía acercándonos y alejándonos de donde venimos. Pero, él está por encima de todo esto.
 
Llegamos frente a la puerta de mi edificio. Retiró su sombrero a modo de despedida, besó mi mano con un “Buenas Noches, Señorita, cuide de ese tobillo flaco”. Volvió a subirse a aquel taxi para perderse en la noche. Creo, que todo estaba premeditado y medido al milímetro. No, no le volví a ver. Es un viajero del tiempo. Estoy convencida de que coincidiremos en otro momento y en otro lugar.


*


(Man Ray)


Máscaras

 
En aquél entonces, lo de África Septentrional, Meridional y Sur de África solo era un esquema resaltado con tiza sobre la oscuridad de una palestra que se asemejaba al abismo de un océano muy profundo y temeroso. Yo solo era una niña sentada al final de la clase con una mente viajera que poco necesitaba para coger vuelos y abandonar el cuerpo.
 
Y ahí estaba yo, mucho tiempo después con un insultante equipaje y todos estos recuerdos sobrevolando el África Meridional para conocer o saciar la curiosidad que me sobrecogió aquél día escolar. Cierto es, que no me instalaría en ningún poblado bajo la observación de ninguna tribu y no dormiría en el suelo de ninguna cabaña. Cuando se tienen temores sibaritas no es cuestión de hacerse la heroína.
 
El resort era un trozo de sueño arrancado de una parte de África para regalo de los turistas. Mi habitación prometía descanso y ensoñaciones con motivo de la decoración que la agraciaba. Los sonidos del exterior invitaban a cerrar los ojos y seguir la dirección de cada resonancia. Resultaba todo tan exultante para los sentidos que hasta más tarde no me percaté de una pequeña máscara que presidía el centro del cuarto.
 
La cogí entre mis manos, la giré observando sus bordes, la cuenca de los ojos, la perfección en el acabado, la profundidad de la madera y su color, el olor que emanaba era singular, ancestral. Situada ante el espejo la coloqué frente a mi rostro, pude verme a través de las ranuras, la imagen era esperpéntica. Me eché a reír.
 
Esa noche no pude dormir pensando en la pequeña máscara, apoyada sobre la mesa la estudiaba una y otra vez preguntándome si había pertenecido a alguien en particular, qué tipo de ritos había presenciado o sufrido a lo largo de su existencia. Tenía obsesión por un objeto tan pequeño. Increíble.
 
Durante el desayuno del día siguiente pude comprobar que todo el comedor estaba decorado con ese mismo tipo de máscara. Inevitablemente pregunté al personal sobre su procedencia o significado. Fue una sorpresa conocer al autor de tan distinguida obra. Solo era un adolescente que se ganaba la vida realizando figuras de madera, encontró una gran oportunidad dentro del resort ofreciendo su pulcra labor a los turistas o a al mismo hotel.
 
Sentado frente a mí me contó cómo empezó con este tipo de trabajo y quién se lo había enseñado. Escuchándole llegué a la conclusión de que las tradiciones son nuestra raíz, nuestros antecesores son nuestros sabios guías que nunca mueren. A ese desayuno se sumaron varios más hasta que llegó el momento de volver a la civilización, a mi casa.
 
La última noche de mi estancia me regaló una máscara idéntica a la que ocupaba mi habitación, pero con la diferencia de que estaba hecha explícitamente para mí, en su interior había una pequeña inscripción que hoy en día observo y repito de manera hipnótica: “Cada persona al caminar deja sus huellas”.

 
 
(Relatos pertenecientes a la propuesta de SerendipiaVariétés: “La fotografía”)


lunes, 30 de junio de 2025

Física y Química

 

(Autora: ©Auroratris)



Purita Campos

 
Y yo que empecé aquel grado sin motivación alguna. Una clase mixta era lo que menos esperaba encontrar. Ocurre que, el primer día por culpa de mi apellido me situaron al final del aula, junto a los Quijada, los Sánchez y los Rodríguez, sí, he dicho los. Entonces llegó él, su apellido comenzaba por Z, y mis nervios se dispararon en cero coma segundos. Me quedé embelesada en el rizo de sus pestañas, nunca hasta entonces había visto unos ojos tan oscuros y bonitos.
 
Contarle a mi madre mi comienzo de curso no pintaba bien, sabía de antemano lo que me diría: “No me digas más, te han mirado y te has enamorado”. Cómo decirle que en esta ocasión era distinto. Se trataba de mi compañero de clase. A Jackie se lo podía contar todo, nunca juzgaba mis argumentos, ya sé que un gato no cuenta como asesor sentimental. Era el único con quien podía abrirme sin encontrar miradas reprobatorias, él y mi amado diario, donde cada noche confesaba mis pensamientos, las ideas locas que me acechaban cuando Z se dirigía a mí con esa sonrisa perfecta.
 
El curso avanzaba y con él las prácticas sanitarias en la gran sala donde teníamos todo tipo de material. Finalmente, agradecí a mi apellido que en casi todas ellas estuviésemos de compañeros. No podía disimular la agitación que me causaba cada vez que rozaba o tocaba alguna parte de mi cuerpo. El corazón se me salía del pecho. Maldito tensiómetro que, cierto día, delató mi estado de taquicardia. O aquél, cuando en pleno vendaje el globo de la venda cayó de mis manos provocándonos un ataque de risa. Creo que Jackie me dedicó una sonrisa mientras se lo relataba. Lo sé porque sus bigotes se movieron rítmicamente.
 
La clase de gimnasia era otro momento para disfrutar de su cercanía. Lo curioso es que creo que él también disfrutaba de la mía. Estoy segura de que la química jugó una buena parte. La complicidad se mantuvo durante todo el curso. Las bromas nos tuvieron ocupados gran parte del tiempo.
 
Yo no era ninguna Esther, aunque viviera en mi mundo, cómic que me encantaba en aquella época, pero un día me sentí tan desdichada como ella lo estaba por Juanito. Alguien me reveló que Z tenía novia, la cual durante un recreo visitó las inmediaciones del instituto para comprobar si las habladurías eran ciertas.
 
Hasta aquí duró nuestro juego de complicidades. El por qué nunca me habló de ella me reafirma en que la química y la física la teníamos de sobresaliente, pero la fórmula tenía un componente de más y el resultado siempre daría error.
 
El próximo curso contará con un aliciente menos, o quien sabe, ya tendré 15 años.
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: “Pura adolescencia”)


sábado, 31 de mayo de 2025

Soñadora

 

(Autora: ©Auroratris)


SOÑADORA
(Lisa Lach-Nielsen)


No puedes retenerme, es una tarea vacua por mucho que lo intentes repitiendo mi nombre hasta la saciedad. Lograré traspasar esta sala en nada que te despistes, o sumes varios términos que den la señal a mi imaginación para iniciar la fuga. Apenas percibirás mi desaparición. Tus avisos o amenazas no hacen mella en mí.
 
El pasillo que lleva hasta el despacho del director se ha convertido en un pasadizo secreto con diversas puertas a cada uno de sus lados guardando ignotas experiencias por descubrir. Me convierto en una ardua exploradora buscando tesoros inimaginables. No, mejor aún, soy una astuta detective tras una pista suculenta que me llevará a revelar al auténtico asesino en serie del batido de chocolate.
 
Vale, vale, profesor, le atiendo. Le estoy mirando, otra vez. Que sí, que sí, y escuchando. ¡Qué pesado es este hombre!, estoy segura de que le dieron el puesto por dar tanto la brasa.
 
Llamará a mi madre a la próxima ocasión, brama desde su púlpito. No tarda en hacerlo. Ya imagino su cara de circunstancias marcando el número de ella. Su perorata sobre mi comportamiento ensoñador en mitad de una clase. Ella dirá que no entiende la situación porque le consta que me encanta la historia. Por supuesto, para soñar despierta, apostillo yo.
 
Entre todos deciden que este proceso sea tratado por un profesional. Ahí voy haciendo pruebas y respondiendo preguntas insulsas. Me quieren etiquetar como si fuese un producto destinado a la venta. Mientras discuten sobre el nombre con el cual identificar mi problema, yo me dedico a soñar con una nueva aventura que me aleje de estos seres terrenales y me lleve a mi nube desde donde pueda inventarme otras vidas.
 
Ya está, Déficit de atención, reza el informe. Es lo único que me da tiempo a leer antes de que mi madre lo rompa en mil pedazos delante del experto. Lo lanza al aire dejando que caiga sobre nosotras como una sutil lluvia en tanto dice que solo soy una niña soñadora, cosa de familia, matiza, mirándome con un guiño de ojo. Me saca de mi estupor cogiéndome de la mano y anunciando que vamos a tomar un chocolate.
 
Nuestra educada despedida no puede evitar que el personal competente acabe convertido en una estatua de sal. Es cierto, esto último no ocurrió. Pero ¿quién le pone cerrojos a los sueños y a la imaginación?
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Fugarse”)


miércoles, 30 de abril de 2025

Raíces

 

(Autora: ©Auroratris)


(Vincenzo Sguera)


«Entramos en el último tramo del curso académico. Es la hora de la verdad, aquí y ahora hay que demostrar con ingenio todo cuanto habéis aprendido, si es que algo de eso habéis experimentado. Lo que quiero decir es que serán vuestros trabajos los encargados de la nota final, lo cual no equivale a su total. Debéis presentar un manuscrito junto con las ilustraciones, en el cual se recoja la técnica utilizada; qué o cuál fue la inspiración que os llevó a materializar las obras, material usado y demás complementos. Todo cuanto aportéis será plausible, siempre y cuando tenga su lógica y ayude a completar el trabajo final. Creo, que ha quedado clara la importancia de esta presentación. Si queréis ser alguien de renombre el día de mañana, empezad tomando en serio esta declaración de intenciones y dejad constancia a través de vuestras obras. Fluid y sed vosotros mismos».

«Ser nosotros mismos», repitió para sí una y otra vez. Como si fuese tan fácil exponer la propia realidad, y quedarse como si tal cosa contemplando cómo otros se regodean en la inmundicia personal.

Ser de otro país, de otra cultura, de otra etnia y muchas más otras engloban la lista cuando se es diferente a la media. Manika tiene claro el tipo de denuncia que hablará por ella a través de su pincel. La desolación que se instaló cuando el mundo que conocía se vino abajo. Pisaba escombros de su vida abrazando una esperanza cada vez más lejana. Ver derruido todo aquello que había construido con su fe. El templo que recogía la seguridad que da el pilar del amor, la familia, el hogar.

Dejar atrás todo aquello no fue fácil, ni siquiera para ella. Su adolescencia indómita se sumó a la familia para abandonar lo que una vez ocupó su vida. Llenó su maleta de preguntas y dudas sobre el futuro que les esperaba en otro lugar. Una tierra diferente donde la promesa de la paz ondeaba en libertad. Donde los pensamientos no serían atajados y el caminar ninguna amenaza. Un lugar donde se aprovechase la paleta de un pintor y el croma de los días estuvieran impregnados de calor y de nuevas oportunidades.

Las pesadillas del ayer conviven con su grácil realidad, respira y siente durante los mismos atardeceres, tan lejos unos de otros. Se alejó del caballete mientras contemplaba cómo los trazos de sus pensamientos habían tomado forma llegando a completar el viaje y su trayectoria. Para agradecer hay que conocer y ella conocía demasiado. 

En una esquina del cuadro dejó impresa su firma. En el manuscrito, además de la explicación solicitada por el catedrático, vertió parte del dolor que la llevó a ser quien es: simplemente, Manika, con sus raíces de color aceituna.

©Auroratris

(Vincenzo Sguera)

(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Pros y contras”)


lunes, 31 de marzo de 2025

Trazos de vida

 

(Autora: ©Auroratris)


(Danny O'Connor)

Imagino mi personalidad como los distintos trazos que me componen. El cómo me muevo por las sendas de la vida. Pulsos que titilan, vibran, se quedan amorfos en mitad de un duelo porque mi cuerpo se hace una línea horizontal sobre un papiro regio. Pero si te tengo delante, como ahora mismo, mirándome, dibujando con la serenidad de tus ojos trazos sensuales de mi anatomía, haces que siga el recorrido hasta descubrir el resultado de lo que ves. Rectas y curvas declamando emociones, dispuestas en colores descontrolados porque tú has pintado este cuadro de mí, mientras yo me sigo viendo en blanco y negro.

Hay noches en las que me diluyo en un trazo nebuloso. Me contemplo bajo la magnanimidad de un cielo que nada ilumina, sin embargo, las luces de la ciudad se cuelan por mi ventana desdibujando la verticalidad de mi silueta. Abrazo la esperanza del semáforo en verde que torna a rojo en un parpadeo sin afectar a mi reflejo. Entonces, te pienso en ese momento de pintor meditabundo concentrado en tus trazos hasta crear la íntegra imagen, que ahora mismo veo en el fondo de un cristal. 

Me pregunto, si has tenido oportunidad para pensar en la cantidad de sonrisas trazadas que has dejado tras de ti o surcos de lágrimas inconexas. No sé en qué momento me atacó esta cuestión de querer hacer un recuento. Recoger un inventario de bellos trazos hechos a conciencia y de aquellos involuntarios. Somos portadores, a la vez, somos el trazo que otros delinean.

Estoy convencida de que somos la suma de los trazos de los días, de las noches, de las palabras, de las miradas, de los actos, de las respiraciones por minuto, de los pulsos alocados y de los otros no tan llenos. Somos lo que traza la vida, la obra completa con luces y sombras según el prisma con el que miremos o nos miren.

Así que mírame con tus trazos luminosos, vida.

©Auroratris

(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Trazos”)


viernes, 28 de febrero de 2025

SuViaje

 

(Autora: ©Auroratris)

(Elly Liyana Ruslan)


Mientras pensaba en las últimas palabras que su terapeuta le había remarcado durante la última visita, Candela se dejó llevar por el paisaje que se abría ante ella. La naturaleza protagonista de un marco incomparable. Nunca se había fijado en el tamaño de los árboles, el volumen de las montañas, el recorrido del río, su fluir. El color del cielo abarcándolo todo. Una explosión de vida renacida tras el frío invierno. Pese a que era un trayecto diario, ella lo divisó como algo novedoso.
 
El vaivén del autobús la fue meciendo en un dulce duermevela, en el cual las imágenes se mezclaban unas con otras. Una sola lágrima se deslizó por su mejilla. Fue consciente de la sensación que esta dejaba al resbalar de manera involuntaria.
Se incorporó en el asiento poniendo, de nuevo, su atención en el paisaje. Fue apenas un instante, suficiente para hacer una leve similitud entre su estado anímico y la estación invernal.
 
Meses grises, húmedos y fríos, en los cuales la nieve deja una bonita estampa de serenidad por su blancura. Es como si el tiempo se hubiera detenido en ese lugar. Pero el tiempo pasa y el bullir interior de la naturaleza comienza a despertar regalando un nuevo espectáculo. Los mismos árboles con otra vida.
 
Ella es el árbol que espera la metamorfosis. Sus emociones cambiando por la fuerza de su interior. Como ella, el árbol también perdió durante el invierno, el duelo es una estación triste que da paso a una nueva primavera dejando huellas imborrables. Los recuerdos se suman como los anillos de ese árbol. Así sus ramas sacuden la pereza para recibir de nuevo. Se sonrió por esa la loca idea.
 
Durante el resto del trayecto no dejó de pensar en ello. Otra vez las palabras del facultativo reverberaron en su mente, preguntándose si no tendría razón. La resiliencia habita en cada uno de nosotros, hay que ser aventurero y salir en su busca.
 
El mismo recorrido se repitió hasta el verano y antes de que el otoño recibiera al nuevo invierno, Candela decidió hacer cambios de hábitos y trabajar en su nueva aventura. No sería fácil, pero nadie dijo que fuese imposible.
 
©Auroratris

(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: "Resiliencia")