©Patrizia Burra
SERENDIPIA
Ella forma parte de nuestra vida de muy distintas maneras, pero todas ellas son como esa chispa, casual y motivadora, que de pronto nos abre una puerta o nos tiende un puente para llegar a cualquier punto en el que dibujarnos esas alas de papel, y volar por cualquier confín que nos propongamos, e incluso, imaginemos. Ginebra©®

ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.  
Las puertas están abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la reciprocidad.  
 

Quienes invertimos tiempo, ilusión y sueños a través de las letras, bien sabemos de la importancia del arte en cualquiera de sus expresiones. Esa voz interior que, entre gráciles musas, se pronuncia a través de cualquier vía con la que exteriorizar la inspiración.
 
Siéntete como en casa...
La mente es una magnífica fábrica generadora de historias. Somos nosotros los que llevamos la batuta; los que cincelamos los caminos, los mundos y los personajes. Sé libre para hacerlo. Date la oportunidad de volar, y dánosla a los demás para hacerlo contigo.
 
 
BASES CONVOCATORIA
 
Los retos estarán vigentes durante un mes.  
Los textos pueden realizarse en cualquier formato, y no hay límite de palabras.
Dejadme vuestros enlaces en el apartado de comentarios, y vinculad vuestras publicaciones a este blog.
Una vez finalizado el proyecto, el último día de cada mes, vuestras participaciones serán publicadas en este blog bajo la etiqueta de vuestra autoría.
 
En cuanto a los textos, y como ya sabemos quienes escribimos, muchas veces, y sin darnos cuenta, nos comemos una letra; no tildamos; y algunas cosillas que se nos escapan… Es pues que, con vuestro permiso, y puesto que leo todos los textos con esmero antes de publicarlos, me tomo el beneplácito de corregir esos pequeños detalles (NUNCA EN SU ESTRUCTURA).
En el caso de que alguno de vosotros prefiriera que no lo hiciese, por favor, hacédmelo saber.
 
Muchísimas gracias por vuestra compañía, tanto a los que participáis, como a los que nos seguís con vuestra lectura. 

HISTORIAS ENCADENADAS

Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces deseéis.

En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS. 



Aimie-Lee Bliem
Mostrando entradas con la etiqueta Gabiliante. Mostrar todas las entradas
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lunes, 22 de septiembre de 2025

Zoocracia


(Autor: ©Gabiliante)


(Jenny Liz Rome)

      El camaleón, igual que el pulpo, es de origen diferente al del resto de animales. Quizás hay alguno más pero de momento el camuflaje funcional le funciona. A este le funciona a medias. Con sus ojos disimétricos y su kilométrica lengua nos ha engañado a todos y nos ha hecho creer que come moscas. ¡Ja!

      La mujer cebra le ha tomado cariño al conejo y lo aprieta contra su pecho. Los conejos son animales entrañables y esa es una de sus defensas en la selva zoológica. La otra es la reproducción vírica. No importa cuántos mates, una vez alcanzan un número determinado su explosión exponencial es inexorable. Pero eso son grandes números. En un caso particular, indubitadamente, el conejo es la víctima. Y lo sabe. La mirada le delata. Aunque sabe que la comunidad triunfará, también sabe que el individuo perderá la vida, y en una especie sin Dios, eso es duro.

     La mujer cebra, siendo un híbrido de la especie dominante, cree que podrá defender al conejo, aunque contrariamente al roedor, todavía no ha percibido la amenaza; solo la intuye. Pero eso de que la humana es la especie dominante es una ilusión. Una ilusión que los camaleones se encargan de mantener intacta, haciéndonos creer que comen moscas. ¡Ja!

      La facultad oculta, ni tan siquiera sospechada, de esta especie es que además de cambiar de color también son capaces de cambiar de forma.

     La primera noticia de la amenaza que percibe la mujer cebra es un movimiento en su cabeza. Con una rapidez cercana a la de su lengua, el camaleón ha bajado por el hombro y ha cambiado, de forma de lazo de color azul, a forma de conejo de color cebra, interponiéndose entre el roedor y el observador. La presa ha desaparecido, ha dejado de existir. La rapidez de la mutación no le ha permitido muchas filigranas, y en la abducción del roedor, el cazador se ha llevado también la mano y medio antebrazo izquierdo de la mujer cebra; también los dedos de la mano derecha.

      El camaleón es un depredador formidable.

      La naturaleza no tiene piedad ni cariño.

©Gabiliante

(Relato perteneciente a la propuesta de SerendipiaVariétés: “Fantasía”)


sábado, 31 de mayo de 2025

GRANDíSIMA


 

(Autor: ©Gabiliante)


LOS ÚLTIMOS INVITADOS
(Lisa Lach-Nielsen)

 
      ―¡Pero ¿qué has hecho, grandísima hija de puta?! ―gritó Ramsés con la mirada, aunque en egipcio antiguo. Lisa no entendía el egipcio antiguo pero sí las miradas―. Has matado a mi dueña, la que me daba de comer y… ―pensó un ratito y no encontrando otra salida concluyó― …de beber. ―Con el tema de las miradas, aunque son bastante claras, se pierden matices de la comunicación, de modo que a Lisa le pareció una reacción exagerada, aun habiendo perdido los matices―. ¿Es que porque creas, te crees con poder de vida y muerte sobre los seres vivos? ¿Crees que te codeas con Bastet?
 
      ―… ―contestó sin tener demasiado claro de qué se la acusaba.
 
      La reacción de Ramsés, lejos de haber alcanzado su zénit, seguía aumentando, y entonces pasó a la fase en que a uno se le acaban los argumentos, pero no la rabia. Dispuesto a hacer justicia, se lanzó sobre la cara de Lisa que no tuvo tiempo de reaccionar. Aprovechando todos los recursos a su alcance, rodeó con el sobrante de su pellejo la cabeza de la pintora, a fin y efecto de dejar las garras libres para producir el máximo daño posible. Y fue a por los ojos claro, inconsciente de que en una pintora, el daño que iba infligir, quizás excedía el que incluso él mismo pensaba que merecía.
 
      Una especie de silicona parecida a la del perro andaluz se derramó sobre su regazo mientras ella gritaba e intentaba despojarse del gato cuya piel se ceñía de tal modo a su cara que actuaba como una bolsa de plástico y estaba empezando a asfixiarla. Cuando lo consiguió, lo lanzó de vuelta al interior del cuadro. Ramsés, no contento, aún azuzó a sus compañeros:
 
      ―Id con la pintora a comer proteínas, que comiendo dulce aún os vais a quedar ciegos ―ordenó en egipcio antiguo.
 
      El pajarillo y el lagarto, que entendían perfectamente el idioma, obedecieron y fueron a dar buena cuenta de los ojos licuados.
En aquel momento, la supuesta occisa comenzó a moverse, a abrir la boca tanto como sus mandíbulas le permitían, y a estirar hacia arriba sus brazos hasta casi dislocarlos.
 
      ―Ups ―dijo Ramsés antes de saltar de la mesa y desparecer de escena.
 
 
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Fugarse”)


miércoles, 8 de enero de 2025

Culpables

     Pepito dejó de crecer a los catorce. No fue una parada en seco. Lo cierto es que hasta esa edad había crecido más lentamente que sus compañeros de clase, de modo que cuando paró, ya medía casi un palmo menos que la media. El anunciado estirón ni llegó ni se le espera.

     De alguna manera, alguno de sus compañeros se las arregló para apuntarlo al equipo de baloncesto. El primer día de la actividad, poco antes de que acabaran las clases, el entrenador se presentó en todas las aulas para pasar lista de los que se habían matriculado. Cuando mencionó a Pepito, hasta al entrenador, que lo conocía de la clase de educación física, se le escapó una sonrisa que reprimió rápidamente. Lo mismo les ocurrió a los gordos, los cuatroojos y las nenazas. El resto, bueno… Hasta el director acudió presurosamente al aula, alarmado por la escandalera que se formó, para comprobar que sólo se trataba de un torrente irrefrenable de carcajadas. Nadie pudo apaciguar las risas, y hubo que dejar que se extinguieran por agotamiento.

     Mama-Pepito y Papa-Pepito acudieron a la seguridad social donde les hablaron de la hormona del crecimiento. Es un tratamiento duro que supone una inyección diaria que además no es poco dolorosa. Pero Pepito estaba dispuesto a todo. Tras tres meses de tratamiento y muy poco efecto positivo, los médicos decidieron que se había iniciado el procedimiento a una edad excesivamente avanzada. En realidad, el cuerpo de Pepito ya había dejado de crecer y este tratamiento requiere que el cuerpo siga creciendo para acelerarlo. Adema los efectos secundarios empezaban a ser alarmantes: cefaleas continuadas, dolor generalizado y algunos bultos que le empezaban a salir y que afortunadamente remitieron al suspender el tratamiento.

     La adolescencia empezaba a apretar y algunos compañeros de clase, seguramente los que le apuntaron al equipo de baloncesto, tentaron a las chicas más altas a que se interesaran por él, pero ellas se mostraban reacias, aduciendo que no les gustaba, y se negaban rotundamente cuando les explicaban que era una atracción simulada cuyo único objetivo era reírse de Pepito.

     Mama-Pepito y Papa-Pepito volvieron al ataque con los médicos un año después, ya que el niño se negaba a ir al colegio. A estas alturas el niño ya entraba en los parámetros necesarios para ser apto para la técnica de elongación ósea. Si las inyecciones eran dolorosas, esto era criminal. El procedimiento consistía en cortar el fémur por la mitad y sujetarlo con unas varillas metálica exteriores atornilladas a ambas mitades del hueso. Mediante un sistema de tornillería ambas partes se van separando gradualmente y el hueso va rellenando el hueco del mismo modo que se forma el callo en una rotura.

     Cuando Pepito apareció en el colegio con aquellos hierros en las piernas el cachondeo por su estatura quedó del tamaño de una anécdota. Las humillaciones culminaron el día que le quitaron el ordenador y lo pusieron en lo alto de una de las estanterías de la biblioteca; fuera de su alcance. Con la ayuda de una silla y con expectación creciente, Pepito escaló hasta que a uno de los bromistas se le ocurrió ayudar a que la estantería se venciera, y el show acabara con el ordenador desparramado en piezas, todos los libros de la estantería esparcidos por el suelo, y Pepito debajo del mueble volcado con el precario mecanismo de la piernas desmontado y el hueso en su interior partido.

     El sicólogo, después de comprobar su estado mental, recomendó a los padres que suspendiera su asistencia al instituto, al menos hasta que acabara el tratamiento de elongación, cuya eficacia, además quedó seriamente disminuida a consecuencia del accidente.

     El chico se aisló del mundo y se introdujo en la red en busca de una soluciona a su problema. Toda clase de pócimas, fórmulas magistrales y procedimientos médicos de dudosa garantía fueron pasando por la pantalla de su nuevo ordenador portátil. Probó varios de ellos a pesar de las reticencias de sus padres, que finalmente cedieron, cuando fueron asesorados de que estos métodos son tan perjudiciales como eficaces, y que podían ayudar al chico más que la inacción.

     Cierto domingo cuando el matrimonio volvía a casa, conduciendo ya de noche, tras pasar el día con la hermana de ella, pudieron ver a lo lejos, plantada en medio de la carretera la silueta de un gigante. El chico no solía acudir desde hacía ya unos años a esas reuniones familiares, porque aunque en ellas se encontraba a salvo, no era ahí donde quería encontrarse a salvo. La hermana de mamá-Pepito vivía ciertamente lejos, pero era el familiar más cercano que tenía el matrimonio, y aunque partían hacia su casa por la mañana temprano, entre el paseo matutino, la copiosa comida, los postres y la tertulia nunca conseguían llegar a casa antes de las diez de la noche. Además había que esperar a que bajara lo suficiente el alcohol en sangre. Y gracias a esta espera, estaban seguros de que el gigante que estaba en la carretera, una curva antes de llegar a su urbanización, no era una alucinación.

     Frenaron el coche frente a sus pies ya que no se apartaba. Los faros iluminaban las patas del gigante que no eran más gruesas que la parte estrecha de un bate de béisbol. El matrimonio salió del coche, ciertamente poco asustado para el espectáculo que estaban presenciando. Desde el interior, a través del parabrisas, no podían ver la cara del gigante que debía hacer unos treinta metros. Se acercaron a él mirando hacia arriba. En aquel instante, las patas del gigante no eran más gruesas que el palo de una escoba.

     ―Hola… ―se escuchó desde lo alto con una voz que parecía alejarse―…mamá… ―A mamá ahora sí que le dio un vuelco el corazón. La fuente de la voz se alejaba más y más hacia lo alto―…Perdonadme…―Fue lo último que se escuchó antes de que las patas, que ahora no eran más gruesas que las de un canario, empezaran a temblar y finalmente a colapsar. Algo parecido a una cuerda que hubieran soltado desde lo alto comenzó a formar una montañita de hilo orgánico.

     El metro cuarenta de Mama-Pepito cayó de rodillas entre llantos, mientras intentaba frenar la caída de aquel hilo, preguntando al vacío: “¿Qué hemos hecho mal?”

     El metro cincuenta y dos de Papa-Pepito, que la contemplaba desde lo alto, pensó: «Jugar a ser normales». Lo pensó pero no lo dijo.

     Al llegar a casa, con el hilo amontonado en el maletero y una historia difícil de creer, encontraron dos frascos vacíos de los de reciente adquisición, en los que rezaba bien grande, justo debajo del nombre del medicamento: “Respetar escrupulosamente las dosis”.

©Gabiliante