No era la primera vez que me adentraba en otros mundos a través de mis sueños. No siempre despertaba con facilidad; como
si algo o alguien intentara atraparme y no me dejara marchar; pero aquella
vez algo cambió. Sabía que de no llevar a cabo mis movimientos en ese tablero de ajedrez que de pronto tuve ante mí, me quedaría inmersa en aquel lugar para siempre.
Así que debía jugar. Avancé un primer recuadro con mi peón blanco, y de pronto…
Avancé mi peón blanco,
un solo cuadro y, en ese instante, el tablero tembló. Las piezas comenzaron a
moverse solas, como si una voluntad oculta despertara. Desde el fondo, una
sombra se alzó entre las filas negras.
—Has entrado en su
juego —susurró una voz—. Ahora no puedes detenerte.
Tragué saliva, tomé mi
alfil y me preparé para el siguiente movimiento.
Aquella voz me era muy familiar, pero ¿de quién era este
juego?, del cual ahora yo parecía formar parte como una pieza más. De pronto me
vi dentro del tablero y las piezas a mi alrededor seguían mis instrucciones a
viva voz. Del lado de las piezas negras una bruma oscura avanzaba conforme las
piezas del mismo color lo hacían.
Cada orden que
pronunciaba tenía un precio: una casilla de memoria, un latido, un nombre que
se borraba. Comprendí entonces la voz. Era la mía, vieja y cansada, atrapada en
una partida anterior.
La bruma negra avanzó
con su reina y el aire se volvió denso. Si daba jaque, perdería algo más; si
cedía, no despertaría jamás. Sonreí. Sacrifiqué mi rey...
En mi mano, cerrada
con fuerza, había un peón blanco. Y no recordaba mi nombre.
Y entonces, apareció
una mujer elegante, que me dijo:
-En qué problema
estás, querida. Pero tal vez yo pueda ayudarte. Soy Charlotte, la guía de las
esferas.
-¿La mujer fatal de la
novela de Hortensia, la escritora?
-La misma, querida.
Fue un error sacrificar al rey. Pero tal vez pueda salvarte.
-No es que sacrificara al rey, es que así se terminaba la partida... si se comen mi rey, despierto de esta terrible pesadilla... Charlotte, ¡ayúdame a salir de esta esfera! Es una esfera-trampa, eso lo sé, también que este peón blanco no puedo soltarlo, y que mi nombre se perdió...
Charlotte me observó
con una mezcla de compasión y prisa, como si el tiempo allí dentro no avanzara…
sino que se desgastara.
—No puedes soltar el
peón porque es tu ancla —dijo—. Mientras lo sostengas, sigues siendo tú, aunque
no recuerdes tu nombre. Esa es la trampa de esta esfera: te borra para que no
puedas salir.
La bruma negra se
arremolinó alrededor del tablero, impaciente, como si escuchara cada palabra.
—Entonces… ¿Qué hago?
—pregunté, sintiendo cómo un recuerdo más se desvanecía.
Charlotte chasqueó los
dedos y el tablero se iluminó bajo mis pies.
—Juega, querida. Pero
no como antes. Aquí no gana quien protege al rey… sino quien recuerda por qué
empezó la partida.
El tiempo jugaba en
contra, los recuerdos se desvanecían antes de poder alcanzar casilla alguna. La
partida y su inicio, mi contrincante y sus palabras todo se volvía una nebulosa
de la cuál luchaba por escapar.
Proteger al rey ya no
era una prioridad, ahora lo importante era alcanzar la victoria con la nitidez
intacta.
-No le mires a los
ojos (me decía) No escuches. Avanza con decisión, detén el tiempo en cada uno
de tus movimientos y aprende el arte de generar incertidumbre.
Todo fue en vano
porque en un solo instante las miradas se encontraron y la partida dio un giro
inesperado.
¿Dónde está el
triunfo? ¿En el tablero o dentro de uno?
Las dudas, la
incertidumbre, pensar antes de moverse, dónde dar el siguiente paso. Se detuvo
a observar a su alrededor, quedaban pocas piezas, aún menos de su lado, las
piezas blancas y ante ella una torre negra. Fijó su mirada en ella y sintió la
convicción de dirigirse allí...
Y entonces, Catherine
me sujetó la mano con firmeza.
-Sería un error. Ya
estás perdiendo tu noción de yo. Pero aún hay oportunidad, de llegar a tablas.
-¿Un empate? ¿De qué
me serviría? pregunté.
-Ganarías tiempo,
querida.
Catherine retiró la
mano lentamente y señaló el tablero.
—Si buscas victoria
inmediata, ya la has perdido —dijo—. Pero si aceptas el empate… puedes
obligarlo a mostrar su verdadera intención.
Yo observé las piezas.
Mi alfil estaba atrapado, mi torre aislada. Solo el caballo tenía movilidad,
pero cualquier salto lo expondría.
—Entonces… ¿Qué
sugieres? —pregunté.
Frente a Catherine
apareció una sombra que avanzó hacia ella.
-No te metas en esto,
maldita mujer fatal.
Ella pareció no darle
importancia, me miró y me dijo:
-No puedo darte la
jugada exacta. Me está prohibido.
La sombra, que parecía
de un detective noir, la sujetó y
apretó su cuello.
-Haz lo que… aggh... tengas
que hacer.
No podía dudar. Me
jugué por ella y por mí. Moví mi caballo.
Catherine logró
zafarse y rechazó a su adversario.
-Gracias amiga. No
salvaste a las dos... por el momento.

Avancé mi peón blanco, un solo cuadro y, en ese instante, el tablero tembló. Las piezas comenzaron a moverse solas, como si una voluntad oculta despertara. Desde el fondo, una sombra se alzó entre las filas negras.
ResponderEliminar—Has entrado en su juego —susurró una voz—. Ahora no puedes detenerte.
Tragué saliva, tomé mi alfil y me preparé para el siguiente movimiento.
( No sabes cuanto te echado de menos)
(Yo también, mi preciosa Campi 🤗💙)
EliminarAquella voz me era muy familiar, pero de quién era este juego?, del cual ahora yo parecía formar parte como una pieza más. De pronto me vi dentro del tablero y las piezas a mi alrededor seguían mis instrucciones a viva voz. Del lado de las piezas negras una bruma oscura avanzaba conforme las piezas del mismo color lo hacían.
ResponderEliminarCada orden que pronunciaba tenía un precio: una casilla de memoria, un latido, un nombre que se borraba. Comprendí entonces la voz. Era la mía, vieja y cansada, atrapada en una partida anterior.
ResponderEliminarLa bruma negra avanzó con su reina y el aire se volvió denso. Si daba jaque, perdería algo más; si cedía, no despertaría jamás. Sonreí. Sacrifiqué mi rey...
En mi mano, cerrada con fuerza, había un peón blanco. Y no recordaba mi nombre.
Y entonces, apareció una mujer elegante, que me dijo:
ResponderEliminar-En que problema estás, querida. Pero tal vez yyo pueda ayudarte. Soy Charlotte, la guía de las esferas.
-¿La mujer fatal de la novela de Hortensia, la escritora?
-La misma, querida. Fue un error sacrificar al rey. Pero tal vez pueda salvarte.
-No es que sacrificara al rey, es que así se terminaba la partida... si se comen mi rey, despierto de esta terrible pesadilla... Charlotte, ¡ayúdame a salir de esta esfera! Es una esfera-trampa, eso lo sé, también que este peón blanco no puedo soltarlo, y que mi nombre se perdió...
ResponderEliminarCharlotte me observó con una mezcla de compasión y prisa, como si el tiempo allí dentro no avanzara… sino que se desgastara.
ResponderEliminar—No puedes soltar el peón porque es tu ancla —dijo—. Mientras lo sostengas, sigues siendo tú, aunque no recuerdes tu nombre. Esa es la trampa de esta esfera: te borra para que no puedas salir.
La bruma negra se arremolinó alrededor del tablero, impaciente, como si escuchara cada palabra.
—Entonces… ¿Qué hago? —pregunté, sintiendo cómo un recuerdo más se desvanecía.
Charlotte chasqueó los dedos y el tablero se iluminó bajo mis pies.
—Juega, querida. Pero no como antes. Aquí no gana quien protege al rey… sino quien recuerda por qué empezó la partida.
El tiempo jugaba en contra, los recuerdos se desvanecían antes de poder alcanzar casilla alguna. La partida y su inicio, mi contrincante y sus palabras todo se volvía una nebulosa de la cuál luchaba por escapar.
ResponderEliminarProteger al rey ya no era una prioridad, ahora lo importante era alcanzar la victoria con la nitidez intacta.
-No le mires a los ojos (me decía) No escuches. Avanza con decisión, detén el tiempo en cada uno de tus movimientos y aprende el arte de generar incertidumbre.
Todo fue en vano porque en un solo instante las miradas se encontraron y la partida dio un giro inesperado.
Dónde está el triunfo? En el tablero o dentro de uno?
Las dudas, la incertidumbre, pensar antes de moverse, dónde dar el siguiente paso. Se detuvo a observar a su alrededor, quedaban pocas piezas, aún menos de su lado, las piezas blancas y ante ella una torre negra. Fijó su mirada en ella y sintió la convicción de dirigirse allí ...
ResponderEliminarY entonces, Catherine me sujetó la mano con firmeza.
ResponderEliminar-Sería un error. Ya estás perdiendo tu noción de yo. Pero aún oportunidad, de llegar a tablas.
-¿Un empate? ¿De qué me serviría? pregunté.
-Ganarías tiempo, querida.
Catherine retiró la mano lentamente y señaló el tablero.
ResponderEliminar—Si buscas victoria inmediata, ya la has perdido —dijo—. Pero si aceptas el empate… puedes obligarlo a mostrar su verdadera intención.
Yo observé las piezas. Mi alfil estaba atrapado, mi torre aislada. Solo el caballo tenía movilidad, pero cualquier salto lo expondría.
—Entonces… ¿Qué sugieres? —pregunté.
Frente a Catherine apareció una sombra que avanzó hacia.
ResponderEliminar-No te metas en esto, maldita mujer fatal.
Ella pareció no darle importancia, me miró y me dijo:
-No puedo darte la jugada exacta. Me está prohibido.
La sombra, que parecía de un detective noir, la sujetó y apretó su cuello.
-Haz lo que..aggh...tengas que hacer.
No podía dudar. Me jugué por ella y por mí. Movi mi caballo.
Catherine logró zafarse y rechazó a su adversario.
-Gracias amiga. No salvaste a las dos...por el momento.
Gracias a todos por vuestro arte y tan magníficas plumas.
ResponderEliminarSabed que podéis seguir este o cualquiera de los relatos anteriores.
Como ya sabéis, este apartado se llamó en un principio «Un libro abierto», por tanto, y si os apetece, podéis continuarlos en cualquier momento.
Un abrazo grande, y muy feliz mes que comenzamos 💙