Contradictoriamente a
lo que suele decirse, con el paso de los años tengo menos certezas y muchas más
dudas sobre la vida.
Cuanto más veo, siento
o experimento, más intento ahondar en su núcleo; su sentido; su esencia. Y,
lógicamente, pocas respuestas logran descifrar su misterio. Supongo que esto, a
su vez, es lo que la hace extremadamente mágica y maravillosa.
Y ya no hablo de todo
lo que en ella acontece que, desgraciadamente, no siempre es lo que el mundo;
nosotros, merecemos, sino del motivo de
la existencia, si es que lo hay; su sentido más profundo. Y si hay algo que
entiendo y lo vivo como una de esas pocas certezas, es el lado emocional; esa
conciencia o alma que albergamos porque así lo sentimos.
Es pues que, en este
momento existencial donde me encuentro, cuando pienso en “la vida”, no puedo
más que aferrarme a esas emociones; a todo eso que me colma el espíritu y lo
que, sin ninguna duda, trasciende…
(Texto y poema
perteneciente a la propuesta
de Serendipia༄Variétés: «La vida»).



































