(AUTORA: ©CAMPIRELA)
REFLEXIÓN
Hay momentos que
valoramos los pequeños detalles, es ahí cuando nos damos cuenta del tiempo que
pasamos con personas que nunca hemos visto; sin embargo, las sentimos cerca de
nosotros.
El tiempo invertido en
comentar cada entrada de un blog es tan valioso como el afecto que se deja en
las letras compartidas.
Así es al menos mi
valoración de este mundo virtual, donde dejamos sentimientos y muchas emociones
que nosotros mismos ignoramos, pero que cuando nos leemos nos sentimos
acompañados y queridos de algún modo.
Por todo ello, mi
reflexión para este blog, podría decir que el tiempo se hace corto y limitado
para decir todas las sensaciones que nos haces sentir.

Se acerca la Navidad y
aún queda mucho por andar, es tarde y la nieve está cubriendo mis pies, he de
llegar, allí me espera mi familia y mi hogar, y aunque mis pies se congelen he
de seguir.
Estas eran las
palabras que se repetía una y otra vez, pues estaba perdido en ese desierto
blanco, aquel accidente le dejó aislado del resto de los compañeros, pero su
tesón y sus ganas de llegar hacían el resto.
Ya queda poco, huelo
el guiso de mi madre, el olor a tabaco de la pipa de mi padre, oigo las risas
de mi hermana y el ladrido de mi perro fiel.
Dos pasos más y ya
estaré calentándome bajo las brasas del fuego, y lo que más deseo, el abrazo de
mi madre.
©Campirela

Esperanza" La Naturaleza"
La tierra
tiembla, el hombre afloja
la tierra
queda quieta
el hombre
aflora
la tierra
está grávida de dolor.
Hay pozos
donde debemos mirar
y como si
fuera una bola de cristal
ver que así
no podemos seguir
cuidemos
nuestra cuna, no la dejemos fallecer.
Vertamos
esencia a la vida
dejemos de
golpearla
miremos a
las estrellas
traigamos
amor y paz
a la madre
tierra.
©Campirela
Ella danza
trazando su vuelo
a mi alrededor,
trae fortuna, trae esperanza,
trae luz.
Conozco su nombre,
sé de su fuerza
sé de su pundonor.
Será
Aunque todo
se borre
y las
infinitas lluvias
derramadas
al soñar
se tornen
ácidas emociones.
El amor será
nuestro
mutuo refugio.
Cuando el
tiempo vivido
se diluya en
la fragilidad
y sea
demasiado tarde
para
regresar.
El amor será
nuestro
baile final.
Y no habrá
nada que decir
nada
pendiente,
nada que
perdonar.
El amor será
nuestra
eterna promesa.
©Dulce

LA CANCIÓN
DE LA DESPEDIDA
En el patio
de armas una multitud se congregaba,
Y un
murmullo constante se elevaba
A la guardia
que, junto a la almenara,
Miraba al
horizonte y esperaba.
De todos los
que partían hacia la batalla,
Uno sentía
el corazón dividido:
Por un lado,
estaba de sus pares la estima;
Por otro, la
joven del corazón afligido.
Ninguno
encontraba de su pena alivio,
Ella tan
sólo podía al patio mirar.
Él no podía
más que recordar
Las flores,
la risa y el estío.
Llevaba en
el cuello el pañuelo
Que ella,
durante las tardes de frío,
Había
bordado con esmero
En el balcón
que daba al río.
Las
trompetas sonaron en las almenas
La barbacana
se abrió sin demora
Y ellos se
miraron lentamente,
Anhelando,
de su reencuentro, la hora.
©Mercedes

El mal contra el mal
Aquí en este rincón de
mi universo dejo la pauta de mis versos, en esta tarde de crepúsculos rojos y
sueños etéreos, busco el jardín de los recuerdos.
¡Qué locura!
El mar es como un pozo
cristalino bajo la lánguida mirada de las olas.
¡La noche es una
ofrenda!
El mal contra el mal,
silenciosa sombra que se esfuma y se disuelve entre la espuma.
No quiero el ósculo
frío; que el huracán fulgura con el viento vacío.
¿Quién recorre el
resplandor matutino?
La aurora, el alba, o
el fatídico destino.
Sucumbo a la ruptura
de las hojas, es la vida; la vida.
Y engarzo la tempestad
con calma en la pupila inquieta que interpreta mis letras.
Ni la voz del alma, ni
el lenguaje de mi pluma taciturna, se clavan en la sombra del pasado.
En este torrente de
líneas fugaces un corazón palpita el anhelo profundo.
Ausentes temores,
divagaciones presentes.
Ahora seguiré
escribiendo; tal vez, si recuerdo el soneto sereno en la arena plácida lo
consiga.
¡Nace la angustia
directa! Ebria de sueños y ausencia, no da tregua.
No acerques los
sentidos, nadie sabe si la tierra polvorienta muere.
Luz de mis huellas;
lenta nostalgia que arde.
Pero sorda y confusa
busca la luz de la luna.
Porque el mal, contra
el mal, casi siempre tiene la última palabra.

«El sonido de la esperanza»
Entre sombras que arrastran el alma
cansada,
surge un rayo en la noche cerrada.
La tormenta atroz que el camino
desgarra,
no puede apagar el latir de mi garra.
Las piedras se alzan, me quieren
detener,
pero el viento me empuja, me invita a
crecer.
Cada herida es un sonido que forja mi
ser,
cada paso es un grito que aprendí a
vencer.
Cuando todo parece perderse en la
bruma,
la esperanza renace, ligera como
espuma.
Soy humano en un mundo que no se
rindió,
pues en mi pecho, la espada del
desánimo nunca se clavó.

«El profundo valor de
la familia: pensamientos de madrugada»
La familia es el
refugio que damos por sentado, ese lazo silencioso que nos envuelve desde el
nacimiento, y que nunca olvidamos, cuya importancia comprendemos cuando el
tiempo o la distancia nos obligan a detenernos y mirar hacia atrás. En nuestra
juventud, la cercanía de los seres queridos parece una constante inmutable,
como si siempre fueran a estar ahí, esperando al final del día, listos para
ayudarnos. Sin embargo, con el paso de los años, empezamos a reconocer que cada
gesto, cada palabra compartida, es un acto de amor y protección. El bullicio
del día a día opaca esa certeza, y solo en el silencio de la ausencia
entendemos el valor incalculable de ese círculo íntimo que construye nuestra
identidad.
Recuerdo aquellas
comidas campestres, en el día de San Feliu. Papá haciendo el fuego para la
paella y mamá preparando el sofrito, mientras mis hermanas y yo jugábamos a la
comba. ¡Qué tiempos!
La familia no se trata
únicamente de herencia o sangre, sino de pertenencia y elección, de estar
presentes en los momentos más simples y esenciales; se establece un vínculo que
trasciende las circunstancias y supera las dificultades, físicas o emocionales.
En dicho ámbito se nos imparten las primeras lecciones del amor, no siempre
perfectas, sino profundas. De esta manera, adquirimos conocimientos acerca de
la valoración de la familia al comprender que es como nuestro soporte vital,
cuyo afecto incondicional permanece intacto en el transcurso del tiempo.
©Nuria de Espinosa

EMOCIONES VIVAS
Estábamos en la sala
de espera, uno frente al otro; Nuestras miradas subían y bajaban evitando
encontrarse. Sólo podía mirar sus largas piernas apretadas por una corta falda
como si estuvieran en un escaparate. No me di cuenta cuando mi mirada se perdió
entre sus piernas que empezaron a moverse nerviosamente, mientras su mirada se
alejaba perdiéndose en el espejo sobre mi cabeza.
Sus talones golpeaban
el piso repetidamente en un temblor incontrolable. Sus emociones convergían
aflorando desde su vientre al centro de su estructura asimilando una escultura
griega, nada podía ser más perfecto. Sus ojos miraban al cielo extraviados en
sus pensamientos.... ¿Qué emergía de ella?, ¿Qué misterios ocultaría detrás de
esa inquietud?
Entonces se volvió una
estrella; sus muslos se apretaban y abrían sacudiéndose suavemente entre ellos
hasta ver la fina tela que los separaba. Su textura sedosa le acusaba, mientras
se perdía mar adentro.
Al mirarla imaginé una
mariposa en nervioso vuelo, mientras la tela se humedecía tornándose oscura.
Sus agitadas piernas se atrapaban como abrazos de fuego, subiendo la vista que
se perdía en el techo. Las pausas se volvieron intensas; Cada abrazo la hacía
comprimirse hasta cerrar los ojos por instantes. La humedad en la seda se
extendía y en cada movimiento, parecía hundirse hasta dejar a la vista sus
labios sinuosos fuera de los encajes inflamados por el frenesí de esa danza
erótica y excitante.
Sentí que entre mis
piernas se abultaba lo incontrolable, mientras ella parecía gemir en silencios.
Con la comisura de sus labios entre abiertos mordía con el labio superior el
otro que se hundía entre sus dientes. No habías pausas ni pudor, ni rubores que
la hicieran detenerse.
Mi vista fija en su
entrepierna me hacía presumir el orgasmo que se venía; hasta que su cintura no
pudo evitar el peso cayendo sobre sus rodillas y sacudiéndose mientras jadeaba,
soltando el zumo sobre la superficie de sitial que recogía su humedad, mientras
se deshacía entre temblores apretando y soltando sus rodillas para terminar
cerrando el telón mientras sus ojos permanecían cerrados y sus caderas azotaban
el respaldo contra el muro... Quedó en un abismo por un largo rato, hasta que
su vista se alzó fijándose en la mía. Las telas de mi pantalón acusaron mi
lujuria en su mirada.
Sonó el altavoz y sin
cruzar palabras, se levantó para entrar en la consulta donde su doctor la
esperaba.
Juan De Marco.
La cava
Tu isla bañada por la marea
Muere en el sortilegio de mis ganas,
Y en mis ganas,
la vorágine del torbellino
Qué anuncian la mañana,
Donde los besos se diluyen
En el fuego de las ganas.
En la cava de tus vinos derramado
Calmo la sed de mis susurros
Donde la avidez del aprendiz
Se vuelve doctorado.
Sembrando de aguas blancas
Y en el rubí entre tus muslos,
Las ganas.
Es una maravilla leer todos y cada uno de los aportes. Reflexiones y versos que no dejan indiferente. Un abrazo a todos.
ResponderEliminarUn verdadero lujo, querida Nuria.
EliminarSin vosotros, nada de esto sería posible.
Agradecida enormemente por vuestra presencia ✨
Abrazos enormes 💙
Cada escrito lleva la insignia de su autor.
ResponderEliminarCada uno de ellos solo demuestra las ganas de llenar páginas en blanco con sentimientos, pensamientos, ilusiones, madis y vida.
Gracias, Ginebra por ser parte integrante de todo este mundo de fantasía literaria.
😘😘💝🧚😘😘
Así de bonito como lo dices, mi querida Campi.
EliminarUna pequeña gran familia que comparte a través de las letras todo aquello que siente y palpita.
Un verdadero lujo vuestra compañía. Enriquecedor y pura vitamina.
Gracias sinceras por estar, preciosa.
Abrazos y cariños enormes 💙