Mónica siempre sospechó de él. Sabía que algo no iba bien. Y
ya no tanto porque en su interior se libraran duras batallas como si algo o
alguien formaran parte de su cuerpo y de su alma sin su consentimiento, sino
porque, sobre todo, era lo que él le repetía, una y otra vez: “Diré que estás
loca, y todo al fin será mío”.
Pero algo sucedió de pronto en una de esas crisis que solía
tener; comenzó a tener visiones en las que una mujer pedía auxilio, y él…; él
estaba presente…
Mónica sintió un
escalofrío recorrer su espalda. Las visiones eran cada vez más nítidas, y la
mujer que suplicaba ayuda parecía desesperada. ¿Quién era? ¿Por qué él estaba
allí, observando en silencio, con esa mirada oscura que siempre le había
causado inquietud?
Lo que Mónica no sabía
era que su propia vida estaba más ligada a aquella mujer de lo que jamás habría
imaginado…
como alguien
peligroso, que deseara a esa mujer y que también deseara hacerle daño. O como
un testigo cruel, que disfrutaba del miedo de esa mujer, deseando presenciar
aquello de lo que la mujer no podría escapar.
Las visiones le
permitieron ver de cerca a la mujer en peligro. Mónica deseó abrazarla,
protegerla, olvidando sus propios temores, preguntándose por qué alguien
desearía dañar a una mujer tan bella. Y con la cual parecía tener una conexión,
cuya naturaleza no llegaba a explicarse.
Tuvo un pensamiento fugaz, como un flash back que le devolvió a un recuerdo remoto. Un juego infantil compartido con una mujer donde los lugares recónditos de un parque era el escenario principal. Aquella mujer le devolvió algo ya olvidado, pero, ¿Por qué? La incógnita no solo estaba en su figura, también en el lazo que la unía. Se acercó de manera sigilosa pronunciando su nombre. La mujer no mostró sobresalto alguno cuando dijo: "Al fin has venido, te estaba esperando"
Despertó con la mirada clavada de él y una idea muy clara.
Ya no podía seguir dudando. Aquella mujer no era una simple aparición: era parte de su historia, de su pasado robado. Y él… él sabía todo. Mónica lo comprendió en un instante brutal: la mujer era su hermana, separadas en la infancia tras un incendio que casi le costó la vida. Él, el hombre que decía amarla, había estado allí desde entonces, tejiendo mentiras, manipulando recuerdos, borrando todo lo que pudiera llevarla de nuevo a la verdad. Pero ya no más. Las piezas encajaban. El parque, el juego, la voz… todo era real. Y la mirada de él al verla despertar no era de amor, sino de amenaza. Mónica no tembló. Se incorporó lentamente, sin apartar la vista, con una decisión férrea iluminándole los ojos. Iba a terminar con todo. No por ella. Por su hermana. Por la niña que una vez fue. Y por todas las veces que él dijo: “Estás loca”.
-¿Loca? No te conviene
decirlo, ni siquiera en broma -le contestó Mónica, con un atrevimiento que
nunca había tenido- Si me declaran loca, ciertos documentos serán declarados
nulos. Me internarán y alguien administrará mis bienes.
-No te atreverás,
¡maldita loca! -dijo su esposo, amenazante, apretando los puños.
-¿Me vas a pegar?
-preguntó Mónica- Aún hay papeles que tengo que firmar. Y los abogados notarán
si tengo moretones en los brazos o los ojos lastimados.
Él se enfureció tanto,
que dio un golpe en la mesa y salió de la estancia.
El corazón de Mónica
no latía, galopaba. Cogió el teléfono y llamó a su abogado, solo podía confiar
en él, afortunadamente también era su mejor amigo.
—Hola Alberto, mañana
tenemos que firmar sin falta, tengo miedo. Si algo me pasa, ya sabes qué hacer.
Busca a mi hermana y que ella reciba todo.
La noche antes de la
firma, Mónica recibe un paquete anónimo. Dentro encuentra una vieja foto de su
infancia, en la que aparece con su hermana… pero hay algo extraño. En la
esquina de la imagen hay una tercera persona, una niña con rasgos similares a
los de ambas, pero que Mónica no recuerda en absoluto.
Aturdida, llama a
Alberto, pero él insiste en que la firma debe llevarse a cabo. Aun así, Mónica
no puede ignorar la sensación de que algo importante se le escapa. Decide
visitar a su madre en un intento de esclarecer el misterio. Al confrontarla, su
madre vacila antes de hacer una revelación impactante: Mónica tuvo otra
hermana, pero fue dada en adopción al nacer debido a una situación familiar que
nunca le contaron.
Mónica vio en Malena
su madre, tenía una belleza madura, una herencia que sin duda habían heredado
sus hermanas. Y también notó que algo la perturbaba, como una pesada carga,
llevada por años.
Malena comenzó a
hablar, comenzó a hablar de presiones familiares, un círculo social amenazante.
Mencionó la vez que fue atacada por un grupo de mujeres, que la despreciaban,
que tenían un irracional odio.
Mónica preguntó por
los nombres de sus hermanas, señalándolas en las fotos. La de las visiones se
llamaba Perséfone, por la fascinación por los mitos griegos. La otra, la antes
ignorada, se llamaba Alex.
Malena suspiró, como
si al pronunciar esos nombres se abriera un umbral hacia recuerdos que prefería
mantener cerrados.
—Perséfone siempre
tuvo un don para ver lo que otros no podían —murmuró, acariciando el borde de
una vieja fotografía—. Y Alex… bueno, Alex nunca encajó.
Mónica frunció el
ceño. Había algo en la forma en que hablaba de su hermana menor, una especie de
tristeza velada.
—¿Por qué dices eso?
—preguntó con cautela.
Malena apretó los
labios, vacilando.
—Porque ella fue la
primera en darse cuenta de la verdad —dijo, casi en un susurro—. La primera en
saber que aquella noche, cuando me atacaron… no fue por odio irracional. Fue
algo mucho más oscuro.
La habitación pareció
enfriarse. Mónica sintió que su madre estaba a punto de revelar algo que
cambiaría todo.
—¿Qué pasó, Malena?
Malena cerró los ojos.
El pasado, enterrado por años, estaba a punto de salir a
la luz.
Su madre bajó la cabeza y calló por varios minutos como intentando encontrar dentro de sí el valor para revelarle el mayor secreto guardado por ella por tantos años. Luego levantó la cabeza y tartamudeando lo dijo - Tu .. tu padre, dio en adopción a Álex, pe..pero ella es en realidad tu hermano. - Mónica totalmente sorprendida por la revelación de su madre y aún con muchas preguntas cogió su bolso y salió a prisa con solo una idea en su mente, encontrar a Álex.
-¡Mónica! ¡Por favor,
no te vayas! -fue el grito desgarrador de Malena- Podría ayudarte .Mónica se
dio la vuelta y vio a la madre, agitada. Había corrido para alcanzarla.
Mónica la abrazó. Hizo
que se sentara y buscó un vaso de agua para alcanzarle.
-Tengo más papeles. Te
ayudarán a encontrar a Perséfone y Alex. Traté de mantenerme en contacto,
aunque eso no le gustaba a tu padre.
Malena señaló un
cajón.
-Perséfone es una
artista de la imagen -siguió diciendo- Es capaz de alterar una foto, para
engañar a cualquiera. Y eso decir, hija, que fue necesario.
Mónica vio las fotos,
las originales, las verdaderas, con la verdadera apariencia de Alex.
-¿Por qué tanto
secreto, por qué tanta intriga?
-Fue por lo que pasó
esa noche.
Mónica quiso preguntar
pero la detuvo una visión perturbadora. Malena, su madre, estaba rodeada por
mujeres repulsivas, con voces chillonas, que la insultaban, desgarraba su fina
ropa. Y la golpeaban.
Perséfone fue a
rescatar a su madre pero una de las mujeres la sujetó por atrás. Perséfone gritó
pidiendo ayuda. Mónica se arrojó sobre su madre, para cubrirla con su cuerpo. Y
entonces, recibió un golpe en su cabeza.
Mónica gritó. Para
encontrarse abrazada por su madre.
-¿Volviste a
recordarlo? -preguntó Malena.
Mónica asintió.
-Tenés que descansar.
Tenías la mirada ausente.
-¡No puedo quedarme!
Tengo que encontrar a Perséfone y a Alex.
Malena se puso de pie,
con una actitud más segura.
-Entonces, vamos
juntos. Ya no puedo permitirme tener miedo -dijo Malena.
Un sobre anónimo desliza una foto antigua bajo la puerta de Mónica. En ella, Perséfone y Alex ríen, pero una sombra borrosa las observa desde el fondo. La verdad, oculta en los pliegues del tiempo, susurra un nombre olvidado. Malena, con la voz rota, confiesa un pacto que separó a las hermanas. Cada imagen desenterrada tensa la cuerda de un secreto a punto de romperse.
Malena es interrumpida
por el sonido del teléfono, con gran frustración de Mónica, su hija.
Malena palidece,
mientras pregunta varias veces ¿De verdad? ¿En serio? La llamada se corta.
-Tenemos que ir a tu
casa, Mónica -dijo Malena- Alguien pasó algo bajo tu puerta.
-Mamá, me estoy
cansando de tantos secretos. Ya no sé en qué casa estoy, casi que dudo cómo me
llamo.
-Te llamas Mónica, es algo
de lo que puedo estar segura -respondió Malena.
Al llegar se
encontraron con un sobre anónimo con las fotos. Y además una carta, que le
pedía perdón a Malena, como a Mónica y a Perséfone. No firmaba pero era una de
las mujeres que había atacado a Malena, con odio y con saña.
Era quien había
sujetado a Perséfone, para evitar que ayudara a su madre. Y había visto como
golpeaban a Mónica. Ese recuerdo se había convertido en remordimiento.
Malena y Mónica
reaccionaron a disgusto a esa supuesta revelación pero siguieron leyendo.
Ese ataque había sido
por envidia hacia la belleza de Malena, que perduraba en el presente. Que se
convirtió en odio, aumentado cuando alguien mencionó el origen mítico del
nombre de Perséfone, que fue mal entendido, desvirtuado. Malas lenguas
insinuaron que Malena había intimado con algo maligno, que no debía nombrarse,
y que ese era el verdadero padre de Perséfone.
Mónica llamó a
Alberto, su abogado, para contarle lo que había descubierto.
-Yo también tengo
novedades -contestó Alberto- Encontré a Perséfone.


Mónica sintió un escalofrío recorrer su espalda. Las visiones eran cada vez más nítidas, y la mujer que suplicaba ayuda parecía desesperada. ¿Quién era? ¿Por qué él estaba allí, observando en silencio, con esa mirada oscura que siempre le había causado inquietud?
ResponderEliminarLo que Mónica no sabía era que su propia vida estaba más ligada a aquella mujer de lo que jamás habría imaginado…
Gracias, Ginebra, el calor acelera la mente jaja. Un besote grande.
como alguien peligroso, que deseara a esa mujer y que también desearala hacerle daño. O como un testigo cruel, que disfrutaba del miedo de esa mujer, deseando presencial aquello de la que mujer no podría escapar.
ResponderEliminarLa visiones le permitieron ver de cerca a la mujer en peligro. Mónica deseó abrazarla, protegerla, olvidando sus propios temores, preguntándose por qué alguien desearía dañar a una mujer tan bella. Y con la cual parecía tener una conexión, cuya naturaleza no llegaba a explicarse.
Es un gusto sumarme.
Besos.
Tuvo un pensamiento fugaz, como un flash back que le devolvió a un recuerdo remoto. Un juego infantil compartido con una mujer donde los lugares recónditos de un parque era el escenario principal. Aquella mujer le devolvió algo ya olvidado, pero, ¿Por qué? La incógnita no solo estaba en su figura, también en el lazo que la unía. Se acercó de manera sigilosa pronunciando su nombre. La mujer no mostró sobresalto alguno cuando dijo : "Al fin has venido, te estaba esperando"
ResponderEliminarDespertó con la mirada clavada de él y una idea muy clara.
🧡🧡
Ya no podía seguir dudando. Aquella mujer no era una simple aparición: era parte de su historia, de su pasado robado. Y él… él sabía todo. Mónica lo comprendió en un instante brutal: la mujer era su hermana, separadas en la infancia tras un incendio que casi le costó la vida. Él, el hombre que decía amarla, había estado allí desde entonces, tejiendo mentiras, manipulando recuerdos, borrando todo lo que pudiera llevarla de nuevo a la verdad. Pero ya no más. Las piezas encajaban. El parque, el juego, la voz… todo era real. Y la mirada de él al verla despertar no era de amor, sino de amenaza. Mónica no tembló. Se incorporó lentamente, sin apartar la vista, con una decisión férrea iluminándole los ojos. Iba a terminar con todo. No por ella. Por su hermana. Por la niña que una vez fue. Y por todas las veces que él dijo: “Estás loca”.
ResponderEliminar-¿Loca? No te conviene decirlo, ni siquiera en broma -le contestó Mónica, con un atrevimiento que nunca había tenido- Si me declaran loca, ciertos documentos serán declarados nulos. Me internarán y alguien administrará mis bienes.
ResponderEliminar-No te atreverás, ¡maldita loca! -dijo su esposo, amenazante, apretando los puños.
-¿Me vas a pegar? -preguntó Mónica- Aún hay papeles que tengo que firmar. Y los abogados notarán si tengo moretones en los brazos o los ojos lastimados.
Él se enfureció tanto, que dio un golpe en la mesa y salió de la estancia.
ResponderEliminarEl corazón de Mónica no latía, galopaba. Cogió el teléfono y llamó a su abogado, solo podía confiar en él, afortunadamente también era su mejor amigo.
—Hola Alberto, mañana tenemos que firmar sin falta, tengo miedo. Si algo me pasa, ya sabes qué hacer. Busca a mi hermana y que ella reciba todo.
La noche antes de la firma, Mónica recibe un paquete anónimo. Dentro encuentra una vieja foto de su infancia, en la que aparece con su hermana… pero hay algo extraño. En la esquina de la imagen hay una tercera persona, una niña con rasgos similares a los de ambas, pero que Mónica no recuerda en absoluto.
ResponderEliminarAturdida, llama a Alberto, pero él insiste en que la firma debe llevarse a cabo. Aun así, Mónica no puede ignorar la sensación de que algo importante se le escapa. Decide visitar a su madre en un intento de esclarecer el misterio. Al confrontarla, su madre vacila antes de hacer una revelación impactante: Mónica tuvo otra hermana, pero fue dada en adopción al nacer debido a una situación familiar que nunca le contaron.
Mónica vio en Malena su madre, tenía una belleza madura, una herencia que sin duda habían heredaro sus hermanas. Y también notó que algo la perturbaba, como una pesada carga, llevada por años.
ResponderEliminarMalena comenzó a hablar, comenzó a hablar de presiones familiares, un círculo social amenazante. Mencionó la vez que fue atacada por un grupo de mujeres, que la despreciaban, que tenían un irracional odio.
Mónica pregúntó por los nombres de sus hermanas, señalándolas en las fotos. La de las visiones se llamaba Perséfone, por la fascinación por los mitos griegos. La otra, la antes ignorada, se llamaba Alex.
(Fue irresistible usar nombres de personajes de Mónica Bellucci)
Pues genial que lo hayas hecho, querido amigo.
EliminarComo siempre, un placer tus aportaciones, como cada una de los demás compañeros.
¡Gracias inmensas a todos! 🙏 Sois muy grandes.
Y seguimos con la magnífica historia que estáis creando... 😉
Malena suspiró, como si al pronunciar esos nombres se abriera un umbral hacia recuerdos que prefería mantener cerrados.
ResponderEliminar—Perséfone siempre tuvo un don para ver lo que otros no podían —murmuró, acariciando el borde de una vieja fotografía—. Y Alex… bueno, Alex nunca encajó.
Mónica frunció el ceño. Había algo en la forma en que hablaba de su hermana menor, una especie de tristeza velada.
—¿Por qué dices eso? —preguntó con cautela.
Malena apretó los labios, vacilando.
—Porque ella fue la primera en darse cuenta de la verdad —dijo, casi en un susurro—. La primera en saber que aquella noche, cuando me atacaron… no fue por odio irracional. Fue algo mucho más oscuro.
La habitación pareció enfriarse. Mónica sintió que su madre estaba a punto de revelar algo que cambiaría todo.
—¿Qué pasó, Malena?
Malena cerró los ojos. El pasado, enterrado por años, estaba a punto de salir a
la luz.
Su madre bajó la cabeza y calló por varios minutos como intentando encontrar dentro de sí el valor para revelarle el mayor secreto guardado por ella por tantos años. Luego levantó la cabeza y tartamudeando lo dijo - Tu .. tu padre, dio en adopción a Álex, pe..pero ella es en realidad tu hermano. - Mónica totalmente sorprendida por la revelación de su madre y aún con muchas preguntas cogió su bolso y salió a prisa con solo una idea en su mente, encontrar a Álex.
ResponderEliminar-Mónica! ¡Por favor, no te vayas! -fue el grito desgarrador de Malena- Podría ayudarte .Mónica se dio la vuelta y vio a la madre, agitada. Había corrido para alcanzarla.
ResponderEliminarMónica la abrazó. Hizo que se sentara y buscó un vaso de agua para alcanzarle.
-Tengo más papeles. Te ayudarán a encontrar a Perséfone y Alex. Traté de mantenerme en contacto, aunque eso no le gustaba a tu padre.
Malena señaló un cajón.
-Perséfone es una artista de la imagen -siguió diciendo- Es capaz de alterar una foto, para engañar a cualquiera. Y eso decir, hija, que fue necesario.
Mónica vio las fotos, las originales, las verdaderas, con la verdadera apariencia de Alex.
-¿Por qué tanto secreto, por qué tanta intriga?
-Fue por lo que pasó esa noche.
Mónica quiso preguntar pero la detuvo una visión perturabadora. Malena, su madre, estaba rodeada por mujeres repulsivas, con voces chillonas, que la insultaban, desgarraba su fina ropa. Y la golpeaban.
Perséfone fue a rescatar a su madre pero una de las mujeres la sujetó por atrás. Perséfone gritó pidiendo ayuda. Mónica se arrojó sobre su madre, para cubrirla con su cuerpo. Y entonces, recibió un golpe en su cabeza.
Mónica gritó. Para encontrarse abrazada por su madre.
-¿Volviste a recordarlo? -preguntó Malena.
Mónica asintió.
-Tenés que descansar. Tenías la mirada ausente.
-¡No puedo quedarme! Tengo que encontrar a Perséfone y a Alex.
Malena se puso de pie, con una actitud más seguro.
-Entonces, vamos juntos. Ya no puedo permitirme tener miedo -dijo Malena.
Un sobre anónimo desliza una foto antigua bajo la puerta de Mónica. En ella, Perséfone y Alex ríen, pero una sombra borrosa las observa desde el fondo. La verdad, oculta en los pliegues del tiempo, susurra un nombre olvidado. Malena, con la voz rota, confiesa un pacto que separó a las hermanas. Cada imagen desenterrada tensa la cuerda de un secreto a punto de romperse.
ResponderEliminarHay que poner algunas cosas en claro, para mantener la coherencia.
EliminarMónica fue a visitar a Malena, su madre. Así que esa foto antigua sería deslizada bajo la puerta de Malena. Un detalle a tener en cuenta.
Otro detalle, ¿Alex es hermano o hermana?
Malena es interrumpida por el sonido del telefóno, con gran frustación de Mónica, su hija.
ResponderEliminarMalena palice, mientras pregunta varias veces ¿De verdad?¿En serio?. La llamada se corta.
-Tenemos que ir a tu casa, Mónica -dijo Malena- Alguien pasó algo bajo tu puerta.
-Mamá, me estoy cansando de tantos secretos. Ya no sé en casa estoy, casi que dudo como me llamo.
-Te llamás Mónica, es allgo de lo que puedo estar segura -respondió Malena.
Al llegar se encontraron con un sombre anónimo con las fotos. Y además una carta, que le pedía perdón a Malena, como a Mónica y a Perséfone. No firmaba pero era una de las mujeres que había atacado a Malena, con odio y con saña.
Era quien había sujetado a Perséfone, para evitar que ayudara a su madre. Y había visto como golpeaban a Mónica. Ese recuerdo se había convertido en remordimiento.
Malena y Mónica reaccionaron disgusto a esa supuesta revellación pero siguieron leyendo.
Ese ataque había sido por envidia hacia la belleza de Malena, que perduraba en el presente. Que se convirtió en odio, aumentado cuando alguien mencionó el origen mítico del nombre de Perséfone, que fue mal entendido, desvirtuado. Malas lenguas insinuaron que Malena había intimado con algo maligno, que no debía nombrarse, y que ese era el verdadero padre de Perséfone.
Mónica llamó a Alberto, su abogado, para contarle lo que había descubierto.
-Yo también tengo novedades -contestó Alberto- Encontré a Perséfone.
Una vez más y siempre, quiero daros las gracias por vuestros magníficos aportes con los que crear estas historias que nos enriquecen y que son un auténtico placer.
ResponderEliminar"Historias encadenas" se va de vacaciones, julio y agosto, pero tened la libertad, si os apetece, de seguir escribiendo en esta o en cualquiera de las historias, ya sea un nuevo final o una continuación.
Por mi parte, nuevamente agradeceros de todo corazón vuestra valiosa presencia.
Un abrazo enorme, y ¡hasta septiembre! 🌊🌞💙
Parece que me tocó a mi ser el último en escribir.
ResponderEliminarTal vez no haya quedado mal como final abierto. Salvo que se me ocurra algo.
Un feliz descanso.
Besos.
Conclusivo y, a la vez, deja abierta la posibilidad de escudriñar esas novedades respecto a Perséfone.
EliminarLeerlo todo, sabiendo de cada una de vuestras aportaciones, es una verdadera maravilla.
Gracias nuevamente y, si lo deseas, puedes continuar la historia.
Abrazo enorme 💙