©Patrizia Burra
ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.
Las puertas están
abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar
de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con
la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la
reciprocidad.
HISTORIAS ENCADENADAS
Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo
argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces
deseéis.
En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS.
Aimie-Lee Bliem
Textos del reto de julio y agosto «La vida»:
Chica/ Roselia Bezerra/ Nuria de Espinosa/
Rodrigo Fúster/ Gustab/ María/ Auroratris/
Campirela/ Dulce/ Lunaroja/ Chema/
Dafne Sinedie/ Marifelita/ Tracy/ Ginebra.
lunes, 31 de agosto de 2026
Lo que la mirada sugiere
martes, 30 de junio de 2026
El azul que la despertó
domingo, 31 de mayo de 2026
El vuelo y el círculo
jueves, 30 de abril de 2026
Rock lento entre espinas
martes, 31 de marzo de 2026
El instante suspendido
sábado, 28 de febrero de 2026
Aprendiendo a convivir con nosotros mismos
lunes, 22 de septiembre de 2025
Retrato de Fantasía
domingo, 31 de agosto de 2025
Retrato en Blanco y Alma
lunes, 30 de junio de 2025
Las aventuras de Ester y su madre (o cómo sobrevivir a la adolescencia sin perder el humor)
sábado, 31 de mayo de 2025
Mi Oasis
miércoles, 30 de abril de 2025
Ser Madre
(Autora:
©Campirela)
Desde pequeñas nos
enseñaban que la mujer no se sentía realizada hasta ser madre, era la mejor
experiencia de la vida.
Así crecí así fui
mentalizándome para ejercer de ser madre, en un futuro.
Con el tiempo, aquel
deseo, u obligación social, no llegué a realizarlo, las causas no importan, o
si lo hicieron en su momento se desvaneció por el amor y lealtad.
Y aquí vienen los Pros de no, haberlo sido.
La libertad mía como
persona y mujer, no tener la preocupación constante de sentir esa inquietud por
el bienestar de otra persona.
Podría decir que la
vida sigue, de un modo distinto, aquellas otras que los tienen, los intereses
cambian y sobre todo las conversaciones.
Los Contra, Sentir una vida dentro de ti, saber que ese ser que está
creciendo dentro de ti es tu obra más bonita que jamás vas a hacer en tu vida.
El amor incondicional
que siempre le darás, y saber que has sido capaz de dar vida a otro ser.
Y ahora viene como me
siento en realidad.
Me encantan los niños,
y por suerte siempre a pesar de no haberlos tenido biológicos, he estado
rodeada de ellos, y hoy lo sigo
haciendo.
Me han llenado de
felicidad, de esa magia de seguir siendo un poco niña y no he necesitado para
nada ser madre, parir, para sentirme
mujer y dar cariño y amor a esos pequeños
enanos.
Jamás me he sentido
que no estuviera realizada como persona y mujer, y feliz como todos en esta
vida tenemos momentos, y esos momentos son más abundantes que las tristezas,
que las hay, por supuesto, como todo ser viviente en este planeta.
Por eso hagamos de los
contra, pros y así al menos llenaremos nuestros días de ilusión, que esta es
una parte muy importante de nuestro día a día.
Hoy seré tu contra y te daré alegría
estás altiva, le contestó, de eso nada
yo seré tu pros y te la daré yo.
Así fue como juntas firmaron un acuerdo de cortesía...
Procuraremos ser balanzas y nunca rebasar la media de cada
emoción, sentimiento y pensamiento que la humanidad nos pida.
(Texto perteneciente a
la propuesta de Serendipia: “Pros y contras”)
lunes, 31 de marzo de 2025
El Rostro Azulado
(Autora:
©Campirela)
Aquel cuadro era más que un rostro o trazo de líneas de colores, allí desde mi perspectiva veía algo más que un hombre.
Lo encontré una noche deambulando por la ciudad, estaba postrado sobre una pared, al lado de enseres que aguardaban al camión de la basura.
No me lo pensé dos veces, miré a ambos lados de la calle y como aquel que va a robar algo lo cogí y lo metí entre mi abrigo, no lo estaba robando, allí lo habían abandonado.
Cuando llegué a mi apartamento, lo dejé sobre la mesa, lo miré y observé, aquel cuadro tenía algo especial, cada línea, cada trazo representaba años de su propia vida.
Me preguntaba por qué su dueño lo habría dejado expuesto para que fuera mutilado en ese camión de la basura.
Tal vez fuera un autorretrato y no se veía reflejado, o tal vez cuando se lo entregaron no le gustó, o simplemente algo más fuerte que su ego le hizo hacer tal barbaridad.
Sus colores me daban serenidad, sus líneas en su rostro marcaban una vida vivida, la seriedad tal vez, una desgracia en su pasado, y sus ojos eran tristes, diferentes de color, pero ambos hablaban de dolor.
Trazos de una vida, reflejados en un tapiz donde quien lo pintó no vio un rostro, sino un alma de sentimientos.
Solo me pregunté ¿quién sería ese hombre, y si existía?
Algo en él me decía que necesitaba compañía...
(Relato perteneciente
a la propuesta de Serendipia: “Trazos”)
viernes, 28 de febrero de 2025
Resiliencia
(Autora: ©Campirela)
Kioto, le educaron en un hogar donde había tres normas básicas. La disciplina, el respeto y la responsabilidad.
Así fue creciendo hasta que abandonó su casa para seguir evolucionando como persona y marchó a la ciudad. Las cosas allí no eran como él había pensado, vio que los valores que su familia le habían inculcado, algunos eran ignorados. Aunque esto no hizo que él cambiara sus buenos hábitos adquiridos por sus padres y familia, cuánto añora ese cariño recibido, se sentía solo, hasta ese día que por casualidad del destino la vio a ella. Caminaba absorta y él embobado, lo cual fue la mezcla perfecta que los dos chocaran y se quedaran absortos el uno en el otro. Desde ese día, sus vidas quedaron unidas. Después de ese encontronazo, ambos se pidieron perdón, pues sin darse cuenta, se vieron envueltos de una atracción que no tiene explicación, ¿acaso un flechazo la tiene? Se presentaron y se rieron del encuentro, ambos como si se conocieran de siempre, se contaron sus vidas, cortas, pero intensas, cada uno tenía un camino definido, eso al menos pensaron ellos, aunque la vida es la que marca los destinos. Así pasó un año, donde cada día después de sus quehaceres, quedaban en el parque, para contarse su día, Kioto siempre estaba con su pitillo en la boca, era como él mismo decía, el compañero fiel que le seguía allá por donde fuera. Miku, no le gustaba ese olor que desprendía, pero jamás le dijo nada, respetaba su decisión aunque no la compartiese. Él se daba cuenta y la pedía perdón, prometía que buscaría ayuda para dejar de fumar, pues ya lo había intentado en varias ocasiones y no lo había logrado. Al cabo de dos años de relaciones comenzaron a planear vivir juntos, se ahorrarían en alquiler y compartirían gastos, además querían tener una convivencia, estaban un poco hartos de verse siempre en lugares públicos, necesitaban intimidad. Así fue, como comenzaron una vida llena de ilusiones, a los seis meses de esa luna de miel, Miko comenzó a sentirse mal, cada mañana su tos era como si fuera ella la que fumara un paquete de cigarrillos, al cabo de un mes en esa situación empeoró, decidieron dar el paso y visitar al doctor. Éste le comentó si fumaba, ella dijo, que no, y omitió que su pareja sí era un fumador empedernido. La hicieron pruebas y cuando fueron por los resultados, la noticia no podía ser peor. Su cáncer de pulmón estaba en estado avanzado, sus posibilidades eran de un treinta, por cierto, había que actuar ya. El jarro de agua fría para Kioto fue abrumador, al salir de la consulta se derrumbó, cogió su paquete de tabaco y lo destrozó con sus manos, lo pataleó, rompió a llorar, abrazó a Miko, sus lágrimas rodaban por su cara y su pecho se desbocaba, él y solo él era el culpable de que ella estuviera en peligro, y eso no podía ser. Miko, lo acarició, besó su mejilla, fue comprensiva, aunque su corazón lloraba por dentro. Kioto llamó a sus padres y les contó todo su sufrimiento, estos le escucharon como su hijo sufría por Miko estaba desgarrado, su madre, con su tranquilizadora voz, le dijo. — Hijo mío, no debes culparte, ya no hay remedio, lo que si puedes hacer, es ayudarla y estar ahí, con y para ella. Las palabras de su madre, le hizo coger esa fuerza y enfrentar el problema de frente, se informó de todos los tratamientos posibles que pudieran salvar a Miko, cuando todo parecía perdido, esas ganas, fuerzas y el amor, logró que el tratamiento funcionara, que Miko lograra vencer esa enfermedad. La actitud de Kioto fue ejemplar, en vez de derrumbarse sacó toda su fuerza, esa Resiliencia para hacer frente a su desgracia. Hoy, hace más de cinco años que pasó todo, caminan juntos de la mano y su amor no solo fue más grande, diría que está prueba, los elevó a ese plano de amor eterno, ese hilo jamás se romperá. Ante acontecimientos desbordantes que la vida nos da, no, más que enfrentarse y tener Resiliencia, ella nos salivará de hundirnos en ese pozo que no verá más que problemas en vez de soluciones.
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: "Resiliencia")







































