Cuando Victoria se mudó a aquella gran casa en las afueras de
Salisbury, ciudad de Wiltshire, Inglaterra, para encontrar la tranquilidad y el escenario
perfecto que necesitaba para comenzar a escribir su segunda novela, nunca imaginó
lo que aquel misterioso lugar le tenía deparado.
Todo comenzó una noche cuando, tras subir a su habitación, unas
notas de piano, como salidas de ultratumba, rompían la paz y el silencio de
aquella calurosa madrugada.
Sorprendida, y no sin antes quedarse unos minutos escuchando
e intentando asimilar de dónde procedía la música, decidió bajar.
Por su mente pasaron mil escenarios posibles, dada su profesión de escritora, y aun cuando aquella melodía sonaba cada vez más fuerte, no aminoraba sus pasos, y su intriga y atrevimiento iban en aumento.
«Vaya», pensó. «Como no podía ser de otra manera: viene del
sótano»
…
Estaba a punto de
encontrarse con algo intrigante, propicio para escribir. Si es que eso que se
ocultaba en el sótano no era peligroso para ella.
La muerte sería un serio obstáculo para
escribir.
Bajó muy despacio cada escalón que
descendía hacia el sótano. Al llegar al penúltimo, un escalofrío la recorrió
por su espina dorsal; se giró y en ese instante la luz se apagó. Fue un par de
segundos, lo justo para que algo tocara su hombro… Así comenzó su thriller.
Aaaaaaaaaahhhhhhhhh... no pudo impedir que
un grito desgarrador se le escapase...
Antes de dejar de oír
su voz, una mano le tapó la boca. Sintió que sus piernas se doblegaban de
miedo; alguien la arrastró hasta el sótano y allí la amordazó y ató sus manos.
Al ver a su agresor, no podía creer quién era...
Estaria mesmo vendo bem ou a pouca luz ali
a atrapalhava?
Não queria, nem podia
acreditar que ele voltaria!
Nisso, virou de lado, tentando fugir
rapidamente e...
Mas las ataduras eran firmes y el hombre
ante ella era corpulento como para intentar siquiera pasar por sobre él y
correr escalera arriba para huir del sótano. Tras medir sus posibilidades y
como buena escritora que era poseía buena memoria; entonces lo reconoció, Jack,
el corredor de propiedades que le había ofrecido aquella casa, la tenía ahora
atrapada en el sótano.
Y qué bien supo engañarla contándole aquella historia sobre vidas pasadas que todavía deambulan por la casa. Él conoce bien el alma de los escritores, son tan curiosas como libres, dio por hecho que Victoria caería en su trampa. No hay más que ver la escena que se abre ante sus ojos. La mirada de sorpresa sin ninguna súplica le hizo dudar de su posición de poder. Quién era ella en realidad que tras el primer asalto de miedo no demostró debilidad alguna. La voz de Victoria resonó fuerte y segura en todo el sótano llamándolo por su verdadero nombre. Algo que sorprendió a Jack abriendo una brecha de dudas.
Jack soltó una carcajada áspera, satisfecho
de su propio ingenio. Pero Victoria, aun con las muñecas marcadas por las
cuerdas, no apartó la mirada de él. Había algo extraño en sus ojos: no
reflejaban miedo, sino cálculo.
—Dos víctimas… —repitió ella lentamente—.
Entonces la otra sigue viva.
La sonrisa de Jack se congeló apenas un
instante. Lo suficiente.
En un rincón del
sótano, cubierto por una sábana gris, había un viejo piano vertical. Varias
teclas descendían solas, emitiendo notas débiles, torcidas, como suspiros
enfermos. Victoria lo observó fijamente.
—No eres tú quien toca cada noche —susurró.
Jack dio un paso brusco hacia ella.
—¡Cállate!
Entonces ocurrió. Una tecla sonó con
violencia. Después otra. Y otra más. La melodía se transformó en un caos
furioso. Las bombillas del techo comenzaron a palpitar hasta que una explotó
sobre sus cabezas.
Jack retrocedió,
pálido.
—No… esta noche no…
La sábana del piano cayó lentamente al
suelo.
Y allí, reflejada en el barniz oscuro,
apareció la silueta de una mujer sentada frente a las teclas.
Una mujer que no tenía rostro.
Victoria sintió que el terror le helaba la
sangre; la figura giró despacio la cabeza hacia ella… y sonrió.
Con la sonrisa
siniestra comenzó a dibujarse un rostro, de melancólica belleza, con toques
espectrales.
Aquel rostro, conforme
se iba dibujando sobre su calavera, era conocido. Dio un grito desesperado; no
podía ser. Cuando su cara se construyó, vio la sonrisa tierna de quien tantas
veces le sonrió.
Allí sentada al piano, tocando las teclas,
estaba aquella mujer que llenó su vida de sueños, esa profesora que la enseñó a
mirar, no con los ojos, sino con el corazón.
Aquel momento
desconcertante se transformó en rabia cuando Jack fue hacia el piano y con un
hacha segó las manos de Madelen.
Victoria reaccionó,
exclamando una serie de palabras nada literarias.
—¿Qué pasa, escritora? ¿No era la clase de
historia que buscabas? —dijo tomando una de las manos sesgadas y acariciándola—
Pero tranquila, puedo devolverle las manos a la profesora.
Victoria se calló, bajando la mirada, como
suplicando.
—Pero hay condiciones.
Primero, nada de insultarme. Luego vas a subir, a tomar el té, con modeles de
una dama. Luego a caminar alrededor de la propiedad, con ritmo hasta que yo la
llame. Luego le daré material para escribir. Hasta que sea la hora de la cena.
¿De acuerdo?
Victoria tuvo que decir que sí.
—¡Muy bien! Y luego volverás acá, a
reencontrarte con tu profesora.
Madelen miró a Victoria con una sonrisa
triste.
Jack subió por la escalera y cerró la puerta del sótano con llave y candado. Victoria quedó en silencio con la incertidumbre rondando su cabeza y el reflejo de Madeleine aún ante ella. Todo aquello y la tensión a la que había sido sometida por Jack le hizo quedarse dormida hasta que un rayo de luz la despertó temprano. Victoria levantó la vista y vio que el día despuntaba por una pequeña ventana que poseía el sótano. Fue cuando oyó unos pasos afuera de la casa, y luego escuchó agua correr, ¿qué era aquello?, ¿una manguera?, ¿acaso podía ser el jardinero?...
Victoria no pudo evitar que Jack estuviera
jugando con ella. Estaba claro que conocía sus debilidades, su búsqueda de
historias y su preocupación por la fantasmal Madelen.
Y empezó a sospechar que el jardinero, de
alguna forma, era cómplice de los planes de Jack.
Sin embargo, debía intentar llamar la atención del jardinero, podía ser su única oportunidad de salir de allí con vida. Comenzó a forzar la silla y a dar saltos para acercarse al piano, a riesgo de caerse logró aproximarse y dar golpes en las teclas con sus pies.
Afuera el jardinero oyó el sonido del piano. - ¡Dios!, exclamó sorprendido - Sé de las historias que se cuentan de esta casa y de que se oye sonar el piano, pero nunca pensé que también ocurriera de día.
Aún con el escalofrío que le produjo
comprobar que las historias que se contaban eran ciertas, sintió curiosidad por
asomarse a la pequeña ventana que daba hacia el sótano. Se arrodilló sobre la
hierba y se agachó para dar una mirada a ese sitio oscuro, fue cuando
nuevamente Victoria logró darle a las teclas del piano y el jardinero vio su
silueta huyendo despavorido. ¿Se había ido la oportunidad de Victoria por escapar
o el jardinero volvería?
Victoria sintió el
frío de las cuerdas en sus muñecas, cómo la iban mordiendo la piel. Sus
forcejeos no paraban para ver si lograba quitárselas, mientras sus pies tocaban
esas teclas cada vez más débil.
De repente oyó pasos, y allí estaba ese
jardinero con algo en sus manos; no lograba visualizarlo bien.
Los dedos pálidos del jardinero se
introdujeron entre esas rejas y se oyó una voz ronca, tenebrosa.
No te saldrás con la tuya. En ese momento,
Victoria dejó de tocar las teclas blancas y negras y solo se dejó caer al
suelo; su aliento estaba a punto de fallecer cuando, de repente, comenzaron a
caer las primeras gotas de agua tras una manguera...
El agua estaba fría,
muy fría. Algo a lo que se le sumó a Victoria, que había dormido en malas
condiciones, no había comido desde el día anterior.
En eso escuchó otra voz, que creyó reconocer
como la de Jack.
-¡Jardinero! No le pago para que juegue con
mis víctimas. Aunque puede
seguir un rato más mientras no descuide el jardín.
Victoria sintió más frío, más desesperación.
Y en esa desesperación, creyó notar que las ataduras se aflojaban.
Esa manguera que al
principio parecía ser mortal para ella fue su salvación; el agua humedeció las
cuerdas y se pudo deshacer de ellas.
Cuando vio entrar al encapuchado al sótano,
aguardó la ocasión. Este entró con una bandeja de comida; ella no se movió. No
logró visualizarlo sino cuando le dio la espalda; con toda su fuerza se
abalanzó sobre él y con la bandeja le dio un golpe seco en la cabeza, lo dejó
inconsciente.
Ni se paró a ver si seguía respirando; huyó
todo lo deprisa que pudo, subió esas malditas escaleras y salió afuera.
Al llegar arriba era de día, y en torno a
ella estaba toda su gente, aplaudiendo y dándole la enhorabuena. ¿Qué estaba
sucediendo?
Esperaron a que subiera el hombre
encapuchado y, sorpresa.
Era el editor de su novela.
Victoria se desmayó y, cuando abrió los
ojos, estaba en su habitación rodeada de flores y regalos.
Y una pancarta con un perdón que brillaba en
letras de colores.
La novela salió con un éxito total...
El editor se dedicó a
invitarla a cenar en lugares caros, a pesar de que ella podía pagarlos por su
cuenta, con todo el dinero que estaba ganando. Era una forma de compensarla.
Sin revelarle que era una idea de su abogada, para evitar cualquier posible
demanda legal.
Victoria disfrutó de su postre preferido
pero aún le quedaba amargo.
-Mira, puedo perdonarte los sustos que pasé.
Pero quiero, necesito saber quién hizo de Madelen.
El editor llamó, para confirmarlo.
-¿Cómo que no sabes nada?
-No sé -dijo la voz, al otro lado del
teléfono celular- ¿No eran efectos especiales?
-No. Habíamos arreglado que sólo eran
efectos de sonido, una grabación oculta pero nada más -dijo el editor,
poniéndose pálido.
¿Entonces?
La presencia fantasmal de Madelen parecía
ser un misterio fantasmal, que tal vez nunca sería explicado.

A cada degrau desciso, mais aumentava nela a sensação de medo e curiosidade. Um a travava, outro a impelia... Chegou a tentar fechar os olhos , tal o medo que sentia...
ResponderEliminarEstaba a punto de encontrarse con algo intrigante, propicio para escribir. Si es que eso que se ocultaba en el sotano no era peligroso para ella.
ResponderEliminarLa muerte sería un serio obstáculo para escribir.
Bajó muy despacio cada escalón que descendía hacia el sótano. Al llegar al penúltimo, un escalofrío la recorrió por su espina dorsal; se giró y en ese instante la luz se apagó. Fue un par de segundos, lo justo para que algo tocara su hombro.. Así comenzó su thriller.
ResponderEliminarAaaaaaaaaahhhhhhhhh... no pudo impedir que un grito desgarrador se le escapase...
ResponderEliminarAntes de dejar de oír su voz, una mano le tapó la boca. Sintió que sus piernas se doblegaban de miedo; alguien la arrastró hasta el sótano y allí la amordazó y ató sus manos. Al ver a su agresor, no podía creer quién era...
ResponderEliminarEstaria mesmo vendo bem ou a pouca luz ali a atrapalhava?
ResponderEliminarNão queria, nem podia acreditar que ele voltaria!
Nisso, virou de lado, tentando fugir rapidamente e...
Más las ataduras eran firmes y el hombre ante ella era corpulento como para intentar siquiera pasar por sobre él y correr escalera arriba para huir del sótano. Tras medir sus posibilidades y como buena escritora que era poseía buena memoria; entonces lo reconoció, Jack, el corredor de propiedades que le había ofrecido aquella casa, la tenía ahora atrapada en el sótano.
ResponderEliminarY qué bien supo engañarla contándole aquella historia sobre vidas pasadas que todavía deambulan por la casa. Él conoce bien el alma de los escritores, son tan curiosas como libres, dio por hecho que Victoria caería en su trampa. No hay más que ver la escena que se abre ante sus ojos. La mirada de sorpresa sin ninguna súplica le hizo dudar de su posición de poder. Quién era ella en realidad que tras el primer asalto de miedo no demostró debilidad alguna. La voz de Victoria resonó fuerte y segura en todo el sótano llamándolo por su verdadero nombre. Algo que sorprendió a Jack abriendo una brecha de dudas.
ResponderEliminar-Y seguro que estás más preocupada por no poder contar esta historia. Más que por tu vida -Dijo Jack, con una siniestra sonrisa- Pero tranquila, te mantendré viva, alimentada y hasta en buena forma física. Hasta que atrape a otra escritora curiosa. Es más divertido con dos víctimas que con una.
ResponderEliminarJack soltó una carcajada áspera, satisfecho de su propio ingenio. Pero Victoria, aun con las muñecas marcadas por las cuerdas, no apartó la mirada de él. Había algo extraño en sus ojos: no reflejaban miedo, sino cálculo.
ResponderEliminar—Dos víctimas… —repitió ella lentamente—. Entonces la otra sigue viva.
La sonrisa de Jack se congeló apenas un instante. Lo suficiente.
En un rincón del sótano, cubierto por una sábana gris, había un viejo piano vertical. Varias teclas descendían solas, emitiendo notas débiles, torcidas, como suspiros enfermos. Victoria lo observó fijamente.
—No eres tú quien toca cada noche —susurró.
Jack dio un paso brusco hacia ella.
—¡Cállate!
Entonces ocurrió. Una tecla sonó con violencia. Después otra. Y otra más. La melodía se transformó en un caos furioso. Las bombillas del techo comenzaron a palpitar hasta que una explotó sobre sus cabezas.
Jack retrocedió, pálido.
—No… esta noche no…
La sábana del piano cayó lentamente al suelo.
Y allí, reflejada en el barniz oscuro, apareció la silueta de una mujer sentada frente a las teclas.
Una mujer que no tenía rostro.
Victoria sintió que el terror le helaba la sangre; la figura giró despacio la cabeza hacia ella… y sonrió.
Con la sonrisa siniestra comenzó a dibujarse un rostro, de melancólica belleza, con toques espectrales.
ResponderEliminarAquel rostro, conforme se iba dibujando sobre su calavera, era conocido. Dio un grito desesperado; no podía ser. Cuando su cara se construyó, vio la sonrisa tierna de quien tantas veces le sonrio.
ResponderEliminarAllí sentada al piano, tocando las teclas, estaba aquella mujer que llenó su vida de sueños, esa profesora que la enseñó a mirar, no con los ojos, sino con el corazón.
Aquel momento desconcertante se transformó en rabia cuando Jack fue hacia el piano y con un hacha segó las manos de Madelen.
Victoria reaccionó, exclamando una serie de palabras nada literarias.
ResponderEliminar-¿Qué pasa, escritora? ¿No era la clase de historia que buscabas? -dijo tomando una de las manos sesgadas y acariciándola- Pero tranquila, puedo devolverle las manos a la profesora.
Victoria se calló, bajando la mirada, como suplicando.
-Pero hay condiciones. Primero, nada de insultarme. Luego vas a subir, a tomar el té, con modeles de una dama. Luego a caminar alrededor de la propiedad, con ritmo hasta que yo la llame. Luego le daré material para escribir. Hasta que sea la hora de la cena. ¿De acuerdo?
Victoria tuvo que decir que sí.
-¡Muy bien! Y luego volverás acá, a reencontrarte con tu profesora.
Madelen miró a Victoria con una sonrisa triste.
Jack subió por la escalera y cerró la puerta del sótano con llave y candado. Victoria quedó en silencio con la incertidumbre rondando su cabeza y el reflejo de Madeleine aún ante ella. Todo aquello y la tensión a la que había sido sometida por Jack le hizo quedarse dormida hasta que un rayo de luz la despertó temprano. Victoria levantó la vista y vio que el día despuntaba por una pequeña ventana que poseía el sótano. Fue cuando oyó unos pasos afuera de la casa, y luego escuchó agua correr, qué era aquello? una manguera?, acaso podía ser el jardinero? ...
ResponderEliminarVictoria no pudo evitar que Jack estaba jugando con ella. Estaba claro que conocía su debilidades, su búsqueda de historias y su preocupación por la fantasmal Madelen.
ResponderEliminarY empezó a sospechar que el jardinero, de alguna forma, era cómplice de los planes de Jack.
Sin embargo, debía intentar llamar la atención del jardinero, podía ser su única oportunidad de salir de allí con vida. Comenzó a forzar la silla y a dar saltos para acercarse al piano, a riesgo de caerse logró aproximarse y dar golpes en las teclas con sus pies.
EliminarAfuera el jardinero oyó el sonido del piano. - Dios!, exclamó sorprendido - Sé de las historias que se cuentan de esta casa y de que se oye sonar el piano, pero nunca pensé que también ocurriera de día.
Aún con el escalofrío que le produjo comprobar que las historias que se contaban eran ciertas, sintió curiosidad por asomarse a la pequeña ventana que daba hacia el sótano. Se arrodilló sobre la hierba y se agachó para dar una mirada a ese sitio oscuro, fue cuando nuevamente Victoria logró darle a las teclas del piano y el jardinero vio su silueta huyendo despavorido. ¿Se había ido la oportunidad de Victoria por escapar o el jardinero volvería?.
Victoria sintió el frío de las cuerdas en sus muñecas, cómo la iban mordiendo la piel. Sus forcejeos no paraban para ver si lograba quitárselas, mientras sus pies tocaban esas teclas cada vez más débil.
ResponderEliminarDe repente oyó pasos, y allí estaba ese jardinero con algo en sus manos; no lograba visualizarlo bien.
Los dedos pálidos del jardinero se introdujeron entre esas rejas y se oyó una voz ronca, tenebrosa.
No te saldrás con la tuya. En ese momento, Victoria dejó de tocar las teclas blancas y negras y solo se dejó caer al suelo; su aliento estaba a punto de fallecer cuando, de repente, comenzaron a caer las primeras gotas de agua tras una manguera ...
El agua estaba fría, muy fría. Algo a lo que se le sumó a Victoria, que había dormido en malas condiciones, no había comido desde el día anterior.
ResponderEliminarEn eso escuchó otra vez, que creyó reconocer como la de Jack.
-¡Jardinero! No le pago para que juegue con mis víctimas. Aunque puede seguir un rato más mientras no descuide el jardín.
Victoria sintió más frío, más desesperación. Y en esa desespración, creyó notar que las ataduras se aflojaban.
En lugar de "otra vez" va "otra voz"
ResponderEliminar👍😉
EliminarEsa manguera que al principio parecía ser mortal para ella fue su salvación; el agua humedeció las cuerdas y se pudo deshacer de ellas.
ResponderEliminarCuando vio entrar al encapuchado al sótano, aguardó la ocasión. Este entró con una bandeja de comida; ella no se movió. No logró visualizarlo sino cuando le dio la espalda; con toda su fuerza se abalanzó sobre él y con la bandeja le dio un golpe seco en la cabeza, lo dejó inconsciente.
Ni se paró a ver si seguía respirando; huyó todo lo deprisa que pudo, subió esas malditas escaleras y salió afuera.
Al llegar arriba era de día, y en torno a ella estaba toda su gente, aplaudiendo y dándole la enhorabuena. ¿Qué estaba sucediendo?
Esperaron a que subiera el hombre encapuchado y, sorpresa.
Era el editor de su novela.
Victoria se desmayó y, cuando abrió los ojos, estaba en su habitación rodeada de flores y regalos.
Y una pancarta con un perdón que brillaba en letras de colores.
La novela salió con un éxito total...
El editor se dedicó a invitarla a cenar lugares caros, a pesar de que ella podía pagarlos por su cuenta, con todo el dinero que estaba ganando.Era una forma de compensarla. Sin revelarle que era una idea de su abogada, para evitar cualquier posible demanda legal.
ResponderEliminarVictoria disfrutó de su postre preferido pero aún le quedaba amargo.
-Mira, puedo perdonarte los sustos que pasé. Pero quiero, necesito saber quién hizo de Madelen.
El editor llamó, para conformarlo.
-¿Cómo que no sabés nada?
-No sé -dijo la voz, al otro lado del teléfono celular- ¿No eran efectos especiales?
-No. Habíamos arreglado que sólo eran efectos de sonido, una grabación oculta pero nada más -dijo el editor, poniéndose pálido.
¿Entonces?
La presencia fantasmal de Madelen parecía ser un misterio fantasmal, que tal vez nunca sería explicado.
Mis queridos amigos y compañeros de letras.
ResponderEliminarUna vez más daros mis más sinceras gracias por tan magníficos aportes que, como siempre, han conseguido; habéis conseguido, crear un relato fantástico y con un giro como cierre maravilloso.
No puedo más que aplaudir y disfrutar de esa creatividad y esas plumas que me regaláis y compartís con todos, que son un verdadero deleite.
Gracias, y mil veces gracias.
Muy feliz mes de junio que ya comenzamos.
Un abrazo enorme 🙏🌿🪻💙
(Y, como siempre os digo, sentíos libres de continuar o cerrar de alguna otra manera tanto este relato, como cualquiera de los pasados).
Me gustó como fue girando hacia lo siniestro. Y luego Campirela revirtió ese giro aunque Victoria no debe de haber quedado contenta con el editor. De ahí lo que escribí para cerrar.
EliminarHa sido un gusto participar. Besos.