©Patrizia Burra
SERENDIPIA
Ella forma parte de nuestra vida de muy distintas maneras, pero todas ellas son como esa chispa, casual y motivadora, que de pronto nos abre una puerta o nos tiende un puente para llegar a cualquier punto en el que dibujarnos esas alas de papel, y volar por cualquier confín que nos propongamos, e incluso, imaginemos. Ginebra©®

ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.  
Las puertas están abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la reciprocidad.  
 

Quienes invertimos tiempo, ilusión y sueños a través de las letras, bien sabemos de la importancia del arte en cualquiera de sus expresiones. Esa voz interior que, entre gráciles musas, se pronuncia a través de cualquier vía con la que exteriorizar la inspiración.
 
Siéntete como en casa...
La mente es una magnífica fábrica generadora de historias. Somos nosotros los que llevamos la batuta; los que cincelamos los caminos, los mundos y los personajes. Sé libre para hacerlo. Date la oportunidad de volar, y dánosla a los demás para hacerlo contigo.
 
 
BASES CONVOCATORIA
 
Los retos estarán vigentes durante un mes.  
Los textos pueden realizarse en cualquier formato, y no hay límite de palabras.
Dejadme vuestros enlaces en el apartado de comentarios, y vinculad vuestras publicaciones a este blog.
Una vez finalizado el proyecto, el último día de cada mes, vuestras participaciones serán publicadas en este blog bajo la etiqueta de vuestra autoría.
 
En cuanto a los textos, y como ya sabemos quienes escribimos, muchas veces, y sin darnos cuenta, nos comemos una letra; no tildamos; y algunas cosillas que se nos escapan… Es pues que, con vuestro permiso, y puesto que leo todos los textos con esmero antes de publicarlos, me tomo el beneplácito de corregir esos pequeños detalles (NUNCA EN SU ESTRUCTURA).
En el caso de que alguno de vosotros prefiriera que no lo hiciese, por favor, hacédmelo saber.
 
Muchísimas gracias por vuestra compañía, tanto a los que participáis, como a los que nos seguís con vuestra lectura. 

HISTORIAS ENCADENADAS

Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces deseéis.

En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS. 



Aimie-Lee Bliem

domingo, 31 de agosto de 2025

Cabos sueltos (Historias encadenadas)



Esta vez, sus sentimientos habían ido demasiado lejos; habían cruzado, sin quererlo, esa línea que jamás pensó traspasar y que le estaba completamente prohibido.

Siempre recordaba las palabras de su padre y mentor cuando, jugando a con él siendo una niña, le decía que no podía mostrar sus emociones; que tenía que pensar fríamente y jamás crear ningún lazo sentimental con ninguno de los objetivos.

Fueron meses los que tardó en recopilar toda la información requerida antes de llevar a cabo su trabajo. Un tiempo en el que ese recio y pétreo muro que debía mantenerse firme por encima de todo, fue dejando sutiles grietas por donde comenzaron a filtrarse esos sentimientos que, hasta ese momento, habían permanecido maniatados.

Y llegó la hora; esa noche debería acabar con la vida de Marcos.

Como le repetía una y mil veces su mentor: “Un espía no puede flaquear; ni dejar ningún cabo suelto”.  

No temblaba. No lloraba. Pero dentro de ella, algo se estaba desmoronando con una violencia silenciosa.
Marcos la miró, sin sorpresa.
—Sabía que vendrías —dijo, sin levantar la voz.
Ella no respondió. Solo lo observó, intentando recordar que era un objetivo, no un hombre.
 
Marcos no se movió. Sus manos permanecían abiertas sobre la mesa, lejos de cualquier gesto amenazante. La luz mortecina de la lámpara apenas delineaba sus facciones, y aun así, ella pudo percibir esa calma extraña, casi resignada, en su mirada.
—¿Entonces… lo harás? —preguntó él, como si conociera la respuesta desde mucho antes de esa noche.
Ella apretó la mandíbula. El arma pesaba más de lo habitual, como si todo el acero se hubiera impregnado de su duda. No era miedo, no era debilidad… era algo distinto, un forcejeo interno entre el deber aprendido y la voz que, por primera vez, le pedía traicionarse a sí misma.
—No lo entiendes… —murmuró al fin, con la garganta seca—. No debería haberte conocido.
Marcos sonrió apenas, una mueca amarga que no alcanzó sus ojos.
—Pero me conociste. Y eso lo cambió todo, ¿verdad?
Un silencio espeso cayó entre ellos. Afuera, la ciudad dormía sin sospechar lo que estaba a punto de decidirse en aquella habitación. Ella sintió que cada latido era una cuenta regresiva; que si no actuaba pronto, jamás sería capaz de hacerlo.
Dio un paso hacia él, levantando el arma. Marcos no retrocedió.
—Si aprietas el gatillo —dijo con serenidad—, tal vez completes tu misión. Pero te perderás a ti misma.
Las palabras chocaron contra ella con más fuerza que cualquier bala. Por un instante, pensó en su padre, en su mentor, en las reglas que habían dictado cada movimiento de su vida. Y entonces se dio cuenta: esas reglas no eran suyas.
El dedo sobre el gatillo tembló.
—Marcos… —susurró, incapaz de contener la grieta final en su muro.
Él la miraba sin rencor. Solo esperando.
Ella tenía que elegir: obedecer la voz del deber, o escuchar, por primera vez, la de su propio corazón...

—¿Evelyn, podrías bajar el arma un momento? —preguntó Marcos— Estás temblando, muy malo para tu puntería. Y prefiero una muerte rápida, si es inevitable, a desangrarme lentamente.
—Yo nunca haría eso —dijo ella— Prefiero ser rápida y letal.
Evelyn bajó su arma pero siguió sosteniéndola.
—Creo que no te contaron el motivo de mi muerte. Tal vez sepa demasiado. Sobre una mujer llamada Malena, que fue separada de sus tres hijas, Mónica, Perséfone y Alex o Alexa. O sobre si Charlotte, una psiquiatra y femme fatal, merecía que un detective la asesinara.
Pausa.
—Pero no creo que sea el motivo.
—Lo siento pero debo cumplir con la misión —dijo Evelyn y gradualmente fue levantando su arma.
—Si es inevitable, tal vez podrías recurrir a un método más personal y...más íntimo.

Las disuasiones de Marcos iban poniendo más dudas en el propósito inicial de Evelyn. Ella misma se había puesto en esa encrucijada y ella misma debería resolverla, conocía los riesgos de su profesión y no podía fallar esta vez, aunque Marcos lo hiciera más complicado.
 
Decidida levantó el arma con firmeza, los ojos de Marcos se abrieron sin pestañear, intentó una vez convencerla, pero justo en ese momento ella presionó el gatillo...

La bala pasó rozando la cabeza de Marcos, el zumbido seco cerca de su oído se sumó al estruendoso ruido que provocó al incrustarse en el espejo de la pared. La perplejidad de Marcos no contrastaba con el rostro impertérrito de Ella, que seguía manteniendo en alto el arma, la postura congelada y los sentimientos en plena batalla. No había errado el tiro, simplemente no quería ver su propio rostro disparándole. Hubiera sido un recuerdo torturador. Antes de que Marcos cruzara su mirada con la de Ella, un segundo disparo se hizo presente estrellándose en el cuerpo de Marcos.
Sobrevivirá, con esa idea abandonó el lugar. Sabía que ningún órgano vital había sido dañado. Era consciente de que nadie creería su versión sobre una mala puntería. Habría que inventar una historia sostenible, pero Marcos la odiará de por vida o se vengará...
 
Evelyn también recordó que las historias sostenibles podrían no funcionar. Convenía tener un plan de escape. Tener un lugar desconocido para sus contactos, mantenerse oculta durante el lapso necesario. Y sólo entonces reaparecer, para cumplir con otra misión letal.
—Y recuerda —le había dicho su padre— Tus blancos pueden ser inocentes pero tener familias, amantes, aliados con deseos de venganza.
 
Mientras, Marcos se encontraba con una herida dolorosa y con emociones mezcladas y contradictorias.

Evelyn observaba el mapa digital en su dispositivo, cada punto marcado con precisión quirúrgica. Sabía que no podía confiar en nadie, ni siquiera en quienes decían protegerla. El silencio era su mejor aliado, y la distancia, su escudo.
Mientras tanto, Marcos intentaba detener la hemorragia con una toalla vieja. El dolor físico era soportable; lo que lo desbordaba era la traición. Evelyn había desaparecido sin dejar rastro, justo después de que él le confesara lo que había descubierto. ¿Había sido parte del plan desde el principio? ¿O estaba ella huyendo de algo más grande?
En la penumbra de su escondite, Evelyn recibió una notificación cifrada. Solo tres palabras:
“Cambio de objetivo.”
Su respiración se detuvo por un segundo. Ese mensaje solo podía venir de una fuente, su padre. Y si él había intervenido, significaba que alguien más estaba en peligro. Alguien que no figuraba en la lista original.

Se apresuró para volver a salir, no había tiempo que perder, también porque Marcos no se quedaría de brazos cruzados, aunque ahora estuviera limitado por la herida, mal que mal sus sentimientos no habían desaparecido tras el disparo, pero ese no era su mayor problema, no había cumplido el objetivo inicial. ¿Y ahora?. ¿Qué venía ahora?. Tomó una ducha rápida, se cambió de ropa, eligió un nuevo pasaporte, tarjetas bancarias, cambió el móvil, se puso una peluca, lentes de contacto y adhesivos con nuevas huellas sobre sus dactilares. Fue cuando recibió otro mensaje: "Encontrarás tu nuevo destino en un gabinete en el aeropuerto, el número es el 373".

Evelyn recordó otra de las lecciones de su padre y mentor.
—Cada cambio de identidad será más que asumir un disfraz distinto. Tendrás que dejar atrás algunas de tus preferencias, reemplazarlas por otras, para evitar que tus amigos reconozcan un patrón de búsqueda. Ser impredecible es una clave para escapar. Sí, es una amarga lección.
Ella pensó en ese y otros recuerdos, como cuando se alejó de su madre, para no ponerla en peligro.
Y finalmente llegó al aeropuerto, al gabinete con el número 373.
 
Mientras tanto, Marcos escuchó pasos apresurados y voces que reconocía.
Rápidamente fue atendido, con eficacia, con un protocolo de emergencia. Le dijeron que sobreviviría, que la cicatriz desaparecería pero dolería mucho.
—Y que no se te olvide ese dolor —le dijo Circe, la médica que lo atendía— Te advertimos sobre no confiar en cualquier mujer.
—Ella no quiso matarme —contestó Marcos.
—Pero estuviste a punto de morir —contestó Medea, la enfermera que acompañaba a Circe.
Marcos nunca se atrevió a preguntar si Circe y Medea eran sus verdaderos nombres o pseudónimos, inspirados en brujas míticas, que eran tía y sobrina.
—Por eso habrá represalias contra esa mujer —dijo Circe, con una expresión inquietante.
Marcos sintió dolor, que le impidió hablar. Cuando lo logró, dijo:
—Ustedes me dan miedo.
—Pero no dañamos a quienes queremos —contestó Circe.
—No lo hacemos —agregó Medea.

Apenas logró cerrar la cremallera de la mochila cuando sintió el ardor en el costado. La herida no era superficial. Circe y Medea habían hecho un buen trabajo, aunque todavía sangraba, pero no podía detenerse. El tiempo apremiaba. Se colocó una venda improvisada, apretando con fuerza para contener la hemorragia. Cada paso hacia la terminal era una batalla contra el dolor.
El aeropuerto estaba lleno. Turistas, ejecutivos, familias. Nadie reparaba en él, y eso era lo que necesitaba. Pasó por el control de seguridad con el nuevo pasaporte, nombre falso, nacionalidad distinta, rostro irreconocible. El agente lo miró brevemente, luego asintió. Un suspiro de alivio.
Buscó el gabinete 373. Estaba en una zona poco transitada, cerca de los baños del ala internacional. Introdujo el código que había memorizado: 7-3-3-1. El clic metálico confirmó que estaba dentro. Dentro había una pequeña caja negra. Al abrirla, encontró un billete de avión, una llave, y un sobre con una nota escrita a mano.
“No confíes en nadie. El vuelo te lleva a Tiflis. Allí empieza todo.”
El dolor se intensificaba. Tenía que llegar al avión antes de que su cuerpo lo traicionara. Se dirigió a la puerta de embarque, con la mirada fija, el paso firme, y la certeza de que lo que venía no era una huida… era una misión.

En otras circunstancias, le habría prestado una mirada a las azafatas, que parecían ser parte de una película o de un videoclip. Y por supuesto... lo hizo. Otra actitud habría sido sospechosa. Pero su mente estaba en otro lado, de la confusa naturaleza de su misión. Encontrar a Evelyn y salvarla de las represalias.
O encontrarla y encargarse de ella, no por rencor, sino para que no cayera en las manos de las represalias. Circe y Medea, igual que sus ilustres homónimas de los mitos griegos, eran refinadamente crueles en sus métodos de venganza. No se encargaban personalmente pero daban algunas directivas. Que se cumplían, ya que Marcos no era el único que les temía.
 
Marcos no sabía lo cerca que había estado de Evelyn. Ni que ella había llegado a un gabinete con el mismo número, aunque en otro sector del aeropuerto.

En su identidad de Franca Castillo, Evelyn cumplía una misión, que no le planteaba ningunas dudas. Y no dudó en llevarla a cabo.
Fue fácil ingresar en esa casa, de actividades ilegales. Se encontró con una mujer que daba órdenes y sus esbirros. Como a tres jóvenes prisioneras, a punto de ser ejecutadas.
Unos disparos y los esbirros cayeron. Apenas uno ofreció una resistencia antes de morir. Evelyn derribó de un golpe a la mujer.
-Miren hacia abajo o tendré que hacer algo drástico -les advirtió Evelyen- Y no quiero hacerlo.
Evelyn las desató y las ayudó a levantarse. Cuando se recuperaron un poco, obedecieron las indicaciones, ataron a la mujer. Recuperaron los celulares y cuando Evelyn se marchó, esperaron unos minutos para llamar a la policía.
Cuando llegaron encontraron una masacre, una mujer que amenazaba con sus caros abogados, aunque estaba aterrada.
Y escucharon una historia que parecía una leyenda urbana, una mujer implacable, letal, la Castigadora.
 
Para Evelyn, la misión había sido un descanso. Tendría un par de días de tregua, antes de seguir siendo acechada y acechando.

19 comentarios:

  1. No temblaba. No lloraba. Pero dentro de ella, algo se estaba desmoronando con una violencia silenciosa.
    Marcos la miró, sin sorpresa.
    —Sabía que vendrías —dijo, sin levantar la voz.
    Ella no respondió. Solo lo observó, intentando recordar que era un objetivo, no un hombre.
    Gracias, Linda, muchachita por tenernos en vilo y que nuestras neuronas no se duerman en los laureles jaja. Mil besos más ...

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  2. Marcos no se movió. Sus manos permanecían abiertas sobre la mesa, lejos de cualquier gesto amenazante. La luz mortecina de la lámpara apenas delineaba sus facciones, y aun así, ella pudo percibir esa calma extraña, casi resignada, en su mirada.
    —¿Entonces… lo harás? —preguntó él, como si conociera la respuesta desde mucho antes de esa noche.
    Ella apretó la mandíbula. El arma pesaba más de lo habitual, como si todo el acero se hubiera impregnado de su duda. No era miedo, no era debilidad… era algo distinto, un forcejeo interno entre el deber aprendido y la voz que, por primera vez, le pedía traicionarse a sí misma.
    —No lo entiendes… —murmuró al fin, con la garganta seca—. No debería haberte conocido.
    Marcos sonrió apenas, una mueca amarga que no alcanzó sus ojos.
    —Pero me conociste. Y eso lo cambió todo, ¿verdad?
    Un silencio espeso cayó entre ellos. Afuera, la ciudad dormía sin sospechar lo que estaba a punto de decidirse en aquella habitación. Ella sintió que cada latido era una cuenta regresiva; que si no actuaba pronto, jamás sería capaz de hacerlo.
    Dio un paso hacia él, levantando el arma. Marcos no retrocedió.
    —Si aprietas el gatillo —dijo con serenidad—, tal vez completes tu misión. Pero te perderás a ti misma.
    Las palabras chocaron contra ella con más fuerza que cualquier bala. Por un instante, pensó en su padre, en su mentor, en las reglas que habían dictado cada movimiento de su vida. Y entonces se dio cuenta: esas reglas no eran suyas.
    El dedo sobre el gatillo tembló.
    —Marcos… —susurró, incapaz de contener la grieta final en su muro.
    Él la miraba sin rencor. Solo esperando.
    Ella tenía que elegir: obedecer la voz del deber, o escuchar, por primera vez, la de su propio corazón...


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  3. -¿Evelyn, podrías bajar el arma un momento? -preguntó Marcos- Estás temblando, muy malo para tu puntería. Y prefiero una muerte rápida, si es inevitable, a desangrarme lentamente.
    -Yo nunca haría eso -dijo ella- Prefiero ser rápida y letal.
    Evelyn bajó su arma pero siguió sosteniéndola.
    -Creo que no te contaron el motivo de mi muerte. Tal vez sepa demasiado. Sobre una mujer llamada Malena, que fue separada de sus tres hijas, Mónica, Perséfone y Alex o Alexa. O sobre si Charlotte, una psiquiatra y femme fatal, merecía que un detective la asesinara.
    Pausa.
    -Pero no creo que sea el motivo.
    -Lo siento pero debo cumplir con la misión -dijo Evelyn y gradualmente fue levantando su arma.
    -Si es inevitable, tal vez podrías recurrir a un método más personal y...más íntimo.

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  4. Las disuasiones de Marcos iban poniendo más dudas en el propósito inicial de Evelyn. Ella misma se había puesto en esa encrucijada y ella misma debería resolverla, conocía los riesgos de su profesión y no podía fallar esta vez, aunque Marcos lo hiciera más complicado.

    Decidida levantó el arma con firmeza, los ojos de Macos se abrieron sin pestañear, intentó una vez convencerla, pero justo en ese momento ella presionó el gatillo ...

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    1. Puse Macos en el segundo párrafo :) Lo siento.

      Dulces besos cariñosos Querida Gine.

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    2. Nada que sentir. A mí también se me pasó por alto 🧐
      😉😘💙

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  5. La bala pasó rozando la cabeza de Marcos, el zumbido seco cerca de su oído se Sumó al estruendoso ruido que provocó al incrustarse en el espejo de la pared. La perplejidad de Marcos no contrastaba con el rostro impertérrito de Ella, que seguía manteniendo en alto el arma, la postura congelada y los sentimientos en plena batalla. No había errado el tiro, simplemente no quería ver su propio rostro disparándole. Hubiera sido un recuerdo torturador. Antes de que Marcos cruzara su mirada con la de Ella, un segundo disparo se hizo presente estrellándose en el cuerpo de Marcos.
    Sobrevivirá, con esa idea abandonó el lugar. Sabía que ningún órgano vital había sido dañado. Era consciente de que nadie creería su versión sobre una mala puntería. Habría que inventar una historia sostenible, pero Marcos la odiará de por vida o se vengará...

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  6. Evelyn también recordó que las historias sostenibles podrían no funcionar. Convenía tener un plan de escape. Tener un lugar desconocido para sus contactos, mantenerse oculta durante el lapso necesario. Y sólo entonces reaparecer, para cumplir con otra misión letal.
    -Y recuerda -le había dicho su padre- Tus blancos pueden ser inocentes pero tener familas, amantes, aliados con deseos de venganza.

    Mientras, Marcos se encontraba con una herida dolorosa y con emociones mezcladas y contradictorias.

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  7. Evelyn observaba el mapa digital en su dispositivo, cada punto marcado con precisión quirúrgica. Sabía que no podía confiar en nadie, ni siquiera en quienes decían protegerla. El silencio era su mejor aliado, y la distancia, su escudo.
    Mientras tanto, Marcos intentaba detener la hemorragia con una toalla vieja. El dolor físico era soportable; lo que lo desbordaba era la traición. Evelyn había desaparecido sin dejar rastro, justo después de que él le confesara lo que había descubierto. ¿Había sido parte del plan desde el principio? ¿O estaba ella huyendo de algo más grande?
    En la penumbra de su escondite, Evelyn recibió una notificación cifrada. Solo tres palabras:
    “Cambio de objetivo.”
    Su respiración se detuvo por un segundo. Ese mensaje solo podía venir de una fuente, su padre. Y si él había intervenido, significaba que alguien más estaba en peligro. Alguien que no figuraba en la lista original.

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    1. Me está encantando como está quedando , vamos esto de Pulitzer ajajjajaja besos y gracias por estos proyectos.

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    2. Totalmente. ¡Esto es una maravilla! 🤩👍👏👏
      Gracias a ti y a todos🙏 ¡¡Sois muy grandes!! 💙

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  8. Se apresuró para volver a salir, no había tiempo que perder, también porque Marcos no se quedaría de brazos cruzados, aunque ahora estuviera limitado por la herida, mal que mal sus sentimientos no habían desaparecido tras el disparo, pero ese no era su mayor problema, no había cumplido el objetivo inicial. ¿Y ahora?. ¿Qué venía ahora?. Tomó una ducha rápida, se cambió de ropa, eligió un nuevo pasaporte, tarjetas bancarias, cambió el móvil, se puso una peluca, lentes de contacto y adhesivos con nuevas huellas sobre sus dactilares. Fue cuando recibió otro mensaje: "Encontrarás tu nuevo destino en un gabinete en el aeropuerto, el número es el 373".

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  9. Evelyn recordó otra de las lecciones de su padre y mentor.
    -Cada cambio de identidad será más que asumir un disfraz distinto. Tendrás que dejar atrás algunas de tus preferencias, reemplazarlas por otras, para evitar que tus amigos reconozcan un patrón de búsqueda. Ser impredecible es una clave para escapar. Sí, es una amarga lección.
    Ella pensó en ese y otros recuerdos, como cuando se alejó de su madre, para no ponerla en peligro.
    Y finalmente llegó al aeropuerto, al gabinete con el número 373.

    Mientras tanto,, Marcos escuchó pasos apresurados y voces que reconocía.
    Rápidamente fue atendido, con eficacia, con un protocolo de emergencia. Le dijeron que sobreviviría, que la cicatriz desaparecería pero dolería mucho.
    -Y que no se te olvide ese dolor -le dijo Circe, la médica que lo atendía- Te advertimos sobre no confiar en cualquier mujer.
    -Ella no quiso matarme -contestó Marcos.
    -Pero estuviste a punto de morir -contestó Medea, la enfermera que acompañaba a Circe.
    Marcos nunca se atrevió a preguntar si Circe y Medea eran sus verdaderos nombres o pseudónimos, inspirados en brujas míticas, que eran tía y sobrina.
    -Por eso habrá represalias contra esa mujer -dijo Circe, con una expresión inquietante.
    Marcos sintió dolor, que le impidió hablar. Cuando le logró, dijo:
    -Ustedes me dan miedo.
    -Pero no dañamos a quienes queremos -contestó Circe.
    -No lo hacemos -agregó Medea.

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  10. Apenas logró cerrar la cremallera de la mochila cuando sintió el ardor en el costado. La herida no era superficial. Circe y Medea habían hecho un buen trabajo, aunque todavía sangraba, pero no podía detenerse. El tiempo apremiaba. Se colocó una venda improvisada, apretando con fuerza para contener la hemorragia. Cada paso hacia la terminal era una batalla contra el dolor.
    El aeropuerto estaba lleno. Turistas, ejecutivos, familias. Nadie reparaba en él, y eso era lo que necesitaba. Pasó por el control de seguridad con el nuevo pasaporte, nombre falso, nacionalidad distinta, rostro irreconocible. El agente lo miró brevemente, luego asintió. Un suspiro de alivio.
    Buscó el gabinete 373. Estaba en una zona poco transitada, cerca de los baños del ala internacional. Introdujo el código que había memorizado: 7-3-3-1. El clic metálico confirmó que estaba dentro. Dentro había una pequeña caja negra. Al abrirla, encontró un billete de avión, una llave, y un sobre con una nota escrita a mano.
    “No confíes en nadie. El vuelo te lleva a Tiflis. Allí empieza todo.”
    El dolor se intensificaba. Tenía que llegar al avión antes de que su cuerpo lo traicionara. Se dirigió a la puerta de embarque, con la mirada fija, el paso firme, y la certeza de que lo que venía no era una huida… era una misión.

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  11. En otras circunstancias, le habría prestado una mirada a las azafatas, que parecían ser parte de una película o de un videoclip. Y por supuesto...lo hizo. Otra actitud habría sido sospechosa. Pero su mente estaba en otro lado, de la confusa naturaleza de su misión. Encontrar a Evelyn y salvarla de las represalias.
    O encontrarla y encargarse de ella, no por rencor, sino para que no cayera vva en las manos de las represalias. Circe y Medea, igual que sus ilustres homónimas de los mitos griegos, eran refinadamente en sus métodos de venganza. No se encargaban personalmente pero daban algunas directivas. Que se cumplían, ya que Marcos no era el único que les temía.

    Marcos no sabía lo cerca que había estado de Evelyn. Ni que ella había llegado a un gabinete con el mismo número, aunque en otro sector del aeropuerto.

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    1. Luego de "refinadamente" va la palabra "Crueles"
      Palabra que me olvidé de escribir.

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    2. Ya está puesta, querido amigo 👍

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  12. Queridos amigos. Tal y como os comunico en el post publicado recientemente, dejo en pausa los retos debido a la situación personal que os comparto en dicha entrada.

    Por supuesto, y a pesar de mi ausencia durante ese tiempo, sentíos libres para seguir el hilo de esta o cualquier historia; así como para dejar lo que deseéis en los comentarios.

    Estas puertas siempre estarán abiertas para vosotros.

    Gracias inmensas.

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  13. En su identidad de Franca Castillo, Evelyn cumplía una misión, que no le planteaba ningunas dudas. Y no dudo en llevarla a cabo.
    Fue fácil ingresar en esa casa, de actividades ilegales. Se encontró con una mujer que daba órdenes y sus esbirros. Como a tres jóvenes prisioneras, a punto de ser ejecutadas.
    Unos disparos y los esbirros cayeron. Apenas uno ofreció una resistencia antes de morir. Evelyn derribó de un golpe a la mujer.
    -Miren hacia abajo o tendré que hacer algo drástico -les advirtió Evelyen- Y no quiero hacerlo.
    Evelyn las desató y las ayudó a levantarse. Cuando se recuperaron un poco, obedecieron las indicaciones, ataron a la mujer. Recuperaron los celulares y cuando Evelyn se marchó, esperaron unos minutos para llamar a la policía.
    Cuando llegaron encontraron una masacre, una mujer que amenazaba con sus caros abogados, aunque estaba aterrada.
    Y escucharon una historia que parecía una leyenda urbana, una mujer implacable, letal, la Castigadora.

    Para Evelyn, la misión había sido un descanso. Tendría un par de dias de tregua, antes de seguir siendo achechada y acechando.

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