LA LÍNEA RECTA
Los buenos momentos
duran poco, al igual que las malas noticias llegan antes. Nuestra protagonista
se llama Flavia, es inspectora de policía, tiene entre manos un caso duro de
roer, lleva años trabajando en él, el culpable se escabulle cada vez que está a
punto de atraparle. Se sonríe ante este pensamiento, parece sacado de una peli
mala sobre policías y ladrones.
Se tumba sobre la
toalla, cierra los ojos e intenta que su mente y su cuerpo sean abducidos por todo
el contorno. Desea que el sol borre su último recuerdo, que poco a poco la vaya
esculpiendo hasta dejarla limpia de todo. Reseteo en toda regla. Su cuerpo
agradece la brisa, que sin permiso juega con las formas de su hechura.
Se deja envolver
llegando a una conclusión: la vida es esto, disfrutar y pelear en un mismo día.
Las decisiones propias no son tal, esta vida se encarga de poner vicisitudes
para que el camino no sea siempre en línea recta. Acto seguido el recuerdo del
último caso vuelve a colarse en su mente. Aprieta los ojos para desecharlo,
abre los brazos y con plena convención pide un deseo.
Una voz familiar
interrumpe la maravillosa simbiosis haciéndola sonreír. La propuesta es una carrera
hasta el agua, eso sí que es una línea recta y no la vida en sí.
Después de todo, la
vida es chula si sabemos aprovechar las cartas que nos salen. Acto seguido se
zambulle en el agua, dejando que unos brazos la rodeen haciéndole sentir el
verdadero significado de estar viva y sentir.
©Auro
(Textos pertenecientes a
la propuesta de Serendipia༄Variétés: «La vida»).




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