Solíamos pasar todos los domingos en la casa de campo de mis
abuelos. Era un lugar tan pintoresco como misterioso; pero si había algo que
acostumbraba a hacer y que me encantaba, era coger la bicicleta y bajar al
pueblo donde me encontraba con algunas amigas que también se reunían los fines
de semana con su familia.
Aquel día algo truncó mis habituales planes. Circulaba con mi
bicicleta por aquella carretera de tierra, y, a un par de kilómetros del pueblo,
me vi obligada a parar ante lo que de pronto apareció frente a mí…
No podía creer lo que
veían mis ojos, tuve que dar un frenazo de emergencia, una familia de patos con
la mamá a la cabeza guiaba a sus polluelos hacia la otra orilla del río.
Allí plantada con suma
paciencia y una sonrisa en mi rostro vi pasar con plena parsimonia aquella
estampa única.
Aquel retraso hizo que
cuando llegara al lugar de encuentro no hubiera nadie y decidí hacer la ruta en
solitario.
Esa escena me alegró el día, no me importó que no me
esperaran.
Pero la alegría duraría poco, cuando regresé de la ruta,
nuevamente tuve que detenerme en el camino, esta vez no era una tierna familia
de patos lo que me impidió seguir mi camino, sino un accidente de coche. Estaba
allí la policía y la ambulancia, parecía haber más de un herido.
Me detuve un momento,
para disfrutar del paisaje.
Y reemprendí el viaje
en bicicleta.
Apesar de querer olhar
a paisagem, não conseguia me despreoccupar com a cena da ambulância e polícia!
Haveriua alguém conhecido ferido? Alguém precisaria de minha ajuda? Assim, fui
chegando perto e...
... con alarma
pregunté, qué había pasado. Mientras me reproché el haber sido insensible,
pretendiendo disfrutar el paisaje, cuando había una ambulancia, ante estas circunstancias.
Recordé que entre
quienes no me habían esperado había personas imprudentes, por lo que podrían
haber tenido un accidente. O haberlo provocado, perjudicando a alguien más.
Ao certificar-me que
todos estavam bem e atendidos, tentei tirar aquela cena da cabeça e ficar com a
lembrança dos pao atravessando.Aquilo era bucólido e lindo demais e, com essa
imagem, prossegui minha pedalada e fui ao encontro dos amigos...
Pedaleé unos metros
más, intentando dejar atrás la inquietud del accidente, cuando algo me hizo
frenar de nuevo. El camino que conocía de memoria ya no estaba igual. La curva
que siempre llevaba al puente había desaparecido, como si alguien la hubiera borrado
durante mi ausencia. En su lugar, un sendero estrecho se abría entre unos
árboles que jamás habían crecido allí. No era un desvío nuevo ni una obra
reciente; era algo distinto, casi imposible.
Me quedé quieta, con
la bicicleta entre las manos, sintiendo que ese sendero… no estaba ahí por
casualidad. Era como si me invitara a entrar.
No pude esquivar la
tentación de seguir el sendero, averiguar hasta dónde me llevaría mi
curiosidad. Así que con la decisión en los pedales me adentré por el pasillo
que los árboles habían dibujado con su sombra. En ciertos giros sentía el frío
en la cara, en otros la calidez de una brisa que me alentaba a seguir aun no
sabiendo el destino.
La hilera de árboles
se abrió ante mí dando paso a un gran acantilado, menos mal que no llevaba
mucha velocidad, hubiera acabado haciendo de mi bici un submarino. La estampa
era impactante, me aferré al manillar como queriendo inmortalizar o asegurarme
de que nada era un sueño. El mar, el sol escondiéndose en él, el brillo cegador...
Ver ese espectáculo me produjo una gran emoción. Pero era hora de volver a
casa.
Mi sorpresa fue mayúscula
cuando al girarme para retomar el camino de vuelta el escenario era todo
distinto. Los árboles ya no estaban, ante mí se abría un campo de espigas donde
apenas quedaba hueco para mi bici y yo. Sabía que al atravesarlo volvería a
casa. Estaba convencida de ello. Pedaleé con decisión hasta lograr avanzar unos
metros y al volver la vista atrás...
y entonces vi que las
espigas avanzaban, ocupando el hueco.
Por lo que me puse en
marcha nuevamente. Sentí que algo intentaba trabar mi bicicleta. Así que me esforcé
en seguir, aceleré.
No sabía que estaba
pasando pero deseaba volver a casa.
Pedaleé tan deprisa
que cuando logré unos pasos de distancia, fue que me decidí a echar la vista
hacia atrás.
Vi ese campo de
espigas detrás de mí como si fueran figuras que me persiguieran.
Aceleré todo lo que
pude; el corazón parecía salírseme por la boca, pero mi terror era que la noche
se echara encima y no lograra coger el camino correcto hacia mi casa.
Cuando me acercaba a
las luces que vislumbré en mi horizonte, paré y eché la vista atrás. Cuál fue
mi sorpresa, que no había ni una sola huella de las ruedas de mi bicicleta.
Nada, el camino estaba impoluto.
Bajé, toqué el suelo;
este estaba húmedo. Lo lógico era que hubiera huellas; ¿qué podría haber
pasado? Solo sé que subí de nuevo y, al dar la primera pedalada, una fuerza
sobrenatural me agarró por la espalda...
Pensé en quienes me
habían dejado atrás. No estaría en esta situación de haberme esperado.
También pensé en esas
películas tan inquietantes, que en su momento me parecieron divertidas, de tan
absurdas.
Y no pude evitar
gritar como una de esas atractivas rubias en peligro.
-¡AIIIIEEEE!

No podía creer lo que veían mis ojos, tuve que dar un frenazo de emergencia, una familia de patos con la mamay a la cabeza guiaba a sus polluelos hacia la otra orilla del río.
ResponderEliminarAllí plantada con suma paciencia y una sonrisa en mi rostro vi pasar con plena parsimonia aquella estampa única.
Aquel retraso hizo que cuando llegará al lugar de encuentro no hubiera nadie y decidí hacer la ruta en solitario.
( Este texto es real pero no presente sino un recuerdo que me ha venido en esta mañana de miércoles desde mi pueblo)
El resto puede ser toda una aventura.. Gracias, Ginebra 😘😘🦋🦋🌼🌼
Como dice, Milena: una escena que alegra el día 😁
Eliminar¡Gracias inmensas a vosotros! 🌿🪻💙
Esa escena me alegró el día, no me importó que no me esperaran.
ResponderEliminarPero la alegría duraría poco, cuando regresé de la ruta, nuevamente tuve que detenerme en el camino, esta vez no era una tierna familia de patos lo que me impidió seguir mi camino, sino un accidente de coche. Estaba allí la policía y la ambulancia, parecía haber más de un herido.
ResponderEliminarMe detuve un momento, para disfrutar del paisaje.
ResponderEliminarY reemprendí el viaje en bicicleta.
Escribí el final para La casa por el tejado, que quedó como secuela de El ajedrez. Que a su vez repite el personaje de Catherine.
ResponderEliminarSí, querido amigo. Acabo de publicarlo. Ha quedado magnífico el enlace de ambas historias; y con un cierre estupendo.
EliminarComo ya digo allí, sois unos maravillosos tejedores de historias.
Gracias nuevamente 🙏
Apesar de querer olhar a paisagem, não conseguia me despreoccupar com a cena da ambulância e polícia! Haveriua alguém conhecido ferido? Alguém precisaria de minha ajuda? Assim, fui chegando perto e...
ResponderEliminar...con alarma pregunté, que había pasado. Mientras me reproché el haber sido insensible, pretendiendo disfrutar el paisaje, cuando había una ambulancia, ante estas circuntancias.
ResponderEliminarRecordé que entre quienes no me habían esperado había personas imprudentes, por lo que podrían haber tenido un accidente.O haberlo provocado, perjudicando a alguien más.
Ao certificar-me que todos estavam bem e atendidos, tentei tirar aquela cena da cabeça e ficar com a lembrança dos pao atravessando.Aquilo era bucólido e lindo demais e, com essa imagem, prossegui minha pedalada e fui ao encontro dos amigos...
ResponderEliminarPedaleé unos metros más, intentando dejar atrás la inquietud del accidente, cuando algo me hizo frenar de nuevo. El camino que conocía de memoria ya no estaba igual. La curva que siempre llevaba al puente había desaparecido, como si alguien la hubiera borrado durante mi ausencia. En su lugar, un sendero estrecho se abría entre unos árboles que jamás habían crecido allí. No era un desvío nuevo ni una obra reciente; era algo distinto, casi imposible.
ResponderEliminarMe quedé quieta, con la bicicleta entre las manos, sintiendo que ese sendero… no estaba ahí por casualidad. Era como si me invitara a entrar.
No pude esquivar la tentación de seguir el sendero, averiguar hasta dónde me llevaría mi curiosidad. Así que con la decisión en los pedales me adentré por el pasillo que los árboles habían dibujado con su sombra. En ciertos giros sentía el frío en la cara, en otros la calidez de una brisa que me alentaba a seguir aun no sabiendo el destino.
ResponderEliminarLa hilera de árboles se abrió ante mí dando paso a un gran acantilado, menos mal que no llevaba mucha velocidad, hubiera acabado haciendo de mi bici un submarino. La estampa era impactante, me aferré al manillar como queriendo inmortalizar o asegurarme de que nada era un sueño. El mar, el sol escondiénsode en él, el brillo cegador ... Ver ese espectáculo me produjo una gran emoción. Pero era hora de volver a casa.
Mi sorpresa fue mayúcula cuando al girarme para retomar el camino de vuelta el escenario era todo distinto. Los árboles ya no estaban, ante mí se abría un campo de espigas donde apenas quedaba hueco para mi bici y yo. Sabía que al atraversarlo volvería a casa. Estaba convencida de ello. Pedaleé con decisión hasta lograr avanzar unos metros y al volver la vista atrás...
y ntences vi que las espigas avanzabam, ocupando el hueco.
ResponderEliminarPor lo que me puse en marcha nuevamente. Sentí que algo intentaba trabar mi bicicleta. Así que me esforzé en seguir, aceleré
No sabía que estaba pasando pero deseaba volver a casa.
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EliminarPedaleé tan deprisa que cuando logré unos pasos de distancia, fue que me decidí a echar la vista hacia atrás.
Vi ese campo de espigas detrás de mí como si fueran figuras que me persiguieran.
Aceleré todo lo que pude; el corazón parecía salírseme por la boca, pero mi terror era que la noche se echara encima y no lograra coger el camino correcto ahcia mi casa.
Cuando me acercaba a las luces que vislumbré en mi horizonte, paré y eché la vista atrás. Cuál fue mi sorpresa, que no había ni una sola huella de las ruedas de mi bicicleta. Nada, el camino estaba impoluto.
Bajé, toqué el suelo; este estaba húmedo. Lo lógico era que hubiera huellas; ¿qué podría haber pasado? Solo sé que subí de nuevo y, al dar la primera pedalada, una fuerza sobrenatural me agarró por la espalda...
Pensé en quienes me habían dejado atrás. No estaría en esta situación de haberme esperado.
ResponderEliminarTambién pensé en esas películas tan inquietantes, que en su momento me parecieron divertidas, de tan absurdas.
Y no pude evitar gritar como una de esas atractivas rubias en peligro.
-¡AIIIIEEEE!
Pues un mes más termina, y otro comienza, mis queridos amigos.
ResponderEliminarGracias nuevamente y siempre por vuestra valiosa presencia, y esas plumas con las que crear magníficas historias encadenadas.
Como siempre os digo, sentíos libres para seguir con la historia, o darle un cierre.
Es un gran placer leeros. Gracias, y mil veces gracias 🙏
¡Feliz mayo que ya tenemos ahí!
¡Abrazos y cariños! 🌿🪻💙
Si alguien no aporta algo más, podría terminar con un final de terror. Como el luminoso paseo en bici derivó en un siniestro final para la protagonista, por culpa de los patos y de quienes no la esperaron.
EliminarPor lo que la ropa de la foto sería un oscuro presagio.
Eso si nadie quiere agregar algo para salvarla.
Pues si nadie desea seguir con la historia o darle otro final, me parece perfecto. Un buen giro de argumento y género. Y me gusta mucho el detalle de la ropa que dices. Eso de darle una interpretación a modo de presagio 👍
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