Niki Lauda
La habitación olía a
humo, o eso creía, era el único aroma que podía percibir, le costaba respirar y
sentía dolor al moverse. No podía dormir, no quería hacerlo. Intentaba oír las
voces lejanas que poco a poco se acercaban. La puerta sonó y pudo oír
finalmente lo que decían. - No ha abierto los ojos en días. Dijo el doctor. -
¿Puede dejarnos solos?, replicó la otra voz en tono pausado. Luego un breve
silencio y una oración, mientras los dedos del sacerdote tocaban su frente. Era
una extremaunción. No entendía por qué se la daban.
Poco a poco la oración
se fue diluyendo y dio paso a ruidos de motores frenéticos bajo una torrencial
lluvia. Siempre había odiado competir bajo la lluvia, era algo peligroso, más
aún en aquella pista conocida por todos como "El infierno verde",
entonces recordó que aquel día no quería subirse al coche, no quería conducir,
pero era el campeón y los intereses de por medio muchos.
Casi como si se viera
desde fuera siendo un espectador más, pudo apreciar cuando se ponía su casco y
daban inicio a la carrera. De allí en más todo se tornó confuso, solo recordaba
un fuerte golpe tras un despiste por el piso mojado, luego otro golpe de otro
coche que desintegró el suyo y acto seguido las llamas lo envolvieron. Gritos,
la lluvia, el estruendo del público, el fuego que quemaba cada vez más y la
ayuda parecía no llegar. No podía salir del coche, su casco había sido
arrancado por el impacto y las llamas comenzaban a quemar su rostro.
Hasta que unas manos
que no eran las suyas lo liberaron del cinturón de seguridad y otras lo
llevaron lejos del coche. Semiinconsciente y ahogado por los gases tóxicos abrió
los ojos y vio a cuatro de sus compañeros pilotos prestarle ayuda. Luego llegó
la camilla, tocó su rostro ensangrentado, preguntó si estaba bien y se desmayó.
Abrió los ojos
nuevamente, pero ya habían pasado días. Al mirar al frente vio al doctor y a
una enfermera. - Bienvenido a la vida nuevamente, señor Lauda. Tocó su cara
cubierta de vendas y preguntó qué fecha era. Había pasado cuatro días en coma y
solo podía pensar en volver a las pistas lo antes posible.
Y así lo hizo, seis
semanas después estaba en Italia sobre su Ferrari, aún con vendas en su cabeza
y las quemaduras visibles. Ante el asombro de todos compitió y llegó en cuarto
lugar. Niki Lauda, el campeón de la Fórmula 1, había regresado del infierno,
había renacido de las cenizas. Había vuelto a vivir.
(Relato inspirado en el accidente sufrido por el piloto Niki Lauda en 1976 donde sufrió graves quemaduras. Regresó a la competencia y un año después fue campeón otra vez, título que repitió siete años más tarde).
༄
UNA FORMA DE VIDA
Apenas respiraba y sus
cinco sentidos estaban atentos a mis palabras. Esperaba pacientemente aun
cuando deseaba ser usada con ansias. Completamente desnuda, solo llevaba unos
zapatos de tacón, un fetiche que sabía me gustaba, y a ella también. —¡Quieta!
—le dije acercándome por su espalda. Detuvo su aliento al instante y contrajo
su sexo ya húmedo. Sabía que lo hacía todo el tiempo al saberme cerca, era un
acto reflejo de su cuerpo entregado a mi voluntad.
—Da la vuelta e
inclínate. —Obediente se posó boca abajo sobre la mesa y la palma de mi mano
fue certera en su culo, a lo que ella respondió con un gemido agudo y
agradecido. Mi mano buscó más de ella internándose y mis dedos la penetraron
sin resistencia. —Separa las piernas. —Abrió sus piernas y su humedad se
desbordó en mis dedos, sus labios asomaron como pidiéndome más y yo sabía que
ella deseaba más. —¡Pídemelo como te he enseñado!. —Señor, úsame por favor, haz
tu voluntad en mí.
Oír su petición con
ese tono lleno de urgencia solo acrecentó más mi excitación que debía ser
liberada. Pegado a su culo me movía oscilante inquietándole más, sentía que me
expandía dentro de ella sintiendo ese deseo imperioso de que entrara. Sujeté
sus manos con firmeza a su espalda y empujé profundo obteniendo su grito como respuesta,
una respuesta anhelada. Su cuerpo se tensó, como queriendo contenerme dentro o
anticipando mi siguiente embestida que no tardó. Dejé sus manos sujetas solo
por mi mano derecha y la izquierda la enredé en sus cabellos arqueando su
espalda al tirar de ellos y clavé la tercera embestida que la sacudió como una
descarga eléctrica que le hizo temblar completamente.
La cuarta y quinta
embestida se sucedieron con dureza ante la contención de su cuerpo, casi
queriendo evitar que el mío con su fuerza la doblegara antes de lo deseado. Su
vientre se contrajo al tirar más de su cabello mientras las embestidas fieras
iban más a prisa. Las respiraciones resonaban más fuertes, los movimientos de
mis caderas eran una declaración de intenciones y las suyas deliberadamente se
acoplaban y no querían consentirme el rendirla sin darme batalla.
Para ambos es más que
solo sexo, más que un mero juego; es una forma de vida.
(Relatos pertenecientes a la propuesta de Serendipia༄Variétés: «La vida»).
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