SOÑADORA
No puedes retenerme,
es una tarea vacua por mucho que lo intentes repitiendo mi nombre hasta la
saciedad. Lograré traspasar esta sala en nada que te despistes, o sumes varios
términos que den la señal a mi imaginación para iniciar la fuga. Apenas
percibirás mi desaparición. Tus avisos o amenazas no hacen mella en mí.
El pasillo que lleva
hasta el despacho del director se ha convertido en un pasadizo secreto con
diversas puertas a cada uno de sus lados guardando ignotas experiencias por
descubrir. Me convierto en una ardua exploradora buscando tesoros
inimaginables. No, mejor aún, soy una astuta detective tras una pista suculenta
que me llevará a revelar al auténtico asesino en serie del batido de chocolate.
Vale, vale, profesor, le atiendo. Le estoy mirando, otra vez.
Que sí, que sí, y escuchando. ¡Qué pesado es este hombre!, estoy segura de que
le dieron el puesto por dar tanto la brasa.
Llamará a mi madre a
la próxima ocasión, brama desde su púlpito. No tarda en hacerlo. Ya imagino su
cara de circunstancias marcando el número de ella. Su perorata sobre mi
comportamiento ensoñador en mitad de una clase. Ella dirá que no entiende la
situación porque le consta que me encanta la historia. Por supuesto, para soñar
despierta, apostillo yo.
Entre todos deciden
que este proceso sea tratado por un profesional. Ahí voy haciendo pruebas y
respondiendo preguntas insulsas. Me quieren etiquetar como si fuese un producto
destinado a la venta. Mientras discuten sobre el nombre con el cual identificar
mi problema, yo me dedico a soñar con una nueva aventura que me aleje de estos
seres terrenales y me lleve a mi nube desde donde pueda inventarme otras vidas.
Ya está, Déficit de
atención, reza el informe. Es lo único que me da tiempo a leer antes de que mi
madre lo rompa en mil pedazos delante del experto. Lo lanza al aire dejando que
caiga sobre nosotras como una sutil lluvia en tanto dice que solo soy una niña
soñadora, cosa de familia, matiza, mirándome con un guiño de ojo. Me saca de mi
estupor cogiéndome de la mano y anunciando que vamos a tomar un chocolate.
Nuestra educada
despedida no puede evitar que el personal competente acabe convertido en una
estatua de sal. Es cierto, esto último no ocurrió. Pero ¿quién le pone cerrojos
a los sueños y a la imaginación?
(Relato perteneciente
a la propuesta de Serendipia: “Fugarse”)
Muchas gracias, mi querida amiga. Siempre es un honor asistir y estar presente en cada una de tus propuestas.
ResponderEliminarMil besitos con mucho cariño y feliz junio 🧡
El honor siempre mío por contar con tu valiosa presencia; tu exquisita pluma y la maravillosa persona que hay detrás 🥰
EliminarBsoss y cariños enormes, y muy feliz junio, mi preciosa amiga💙