A finales de 2018,
acudí a mi médica de cabecera de la Seguridad Social para consultarle sobre
unos dolores de cabeza que tenía frecuentemente. Como en otras ocasiones me
había atendido muy bien, le llevaba una copia impresa del calendario con
imágenes de Esther para el siguiente año, 2019.
Me senté en la sala de
espera con un libro para leer. Había retraso acumulado, porque esa doctora se
tomaba bastante tiempo con cada paciente.
Cuando por fin me
tocó, le expliqué mi problema. Me preguntó si los analgésicos me hacían efecto
para aliviar el dolor de cabeza, y respondí afirmativamente. Como ella quería
asegurarse de que se trataba sólo de cefaleas sin otros problemas más profundos
detrás, me tomó la tensión.
La tenía altísima,
nivel taquicardia según ella aseguró. Me llevó a una sala de enfermería en la
planta baja, y me pidió que me tumbara en una camilla hasta que se me pasara.
No recuerdo cuánto
tiempo estuve allí, pero fue bastante. Si tenía las pulsaciones altas, se me
bajaron por puro aburrimiento. Ella tenía muchos pacientes, por lo que no pudo
ir a verme hasta el final de la tarde. Me tomó de nuevo la tensión, y esta vez
estaba en valores correctos.
Y después de pasar
allí toda la tarde, no me iba a volver a casa sin darle el calendario. Así que
le dije “eehhmm, te había traído una cosa” mientras lo sacaba de la carpeta
donde lo llevaba. Se puso muy contenta, hasta me dio dos besos.
Me pidió que acudiera
a su consulta periódicamente, para revisar la tensión. Así lo hice durante
varios meses. En una de las visitas, me habló del ajedrez. Me contó que jugaba
online y le parecía algo muy matemático, y que a mí me iba a gustar seguro.
Lo tomé como un reto,
aprendí las reglas y empecé a practicar en el nivel más básico. Me llevó tiempo
ganar mi primera partida, pero he ido progresando. En este momento, el nivel
intermedio me parece demasiado fácil y el avanzado demasiado difícil.
En fin, 2019 fue un
año lleno de buenos recuerdos, de esas pequeñas cosas de las que está hecha la
vida. Cabe esperar que vendrán más de esos buenos momentos, y si no, habrá que
construirlos.
©Patrizia Burra
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Aimie-Lee Bliem
Textos del reto de julio y agosto «La vida»:
Chica/ Roselia Bezerra/ Nuria de Espinosa/
Rodrigo Fúster/ Gustab/ María/ Auroratris/
Campirela/ Dulce/ Lunaroja/ Chema/
Dafne Sinedie/ Marifelita/ Tracy/ Ginebra.




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