(Autora: ©Campirela)
Kioto, le educaron en un hogar donde había tres normas básicas. La disciplina, el respeto y la responsabilidad.
Así fue creciendo hasta que abandonó su casa para seguir evolucionando como persona y marchó a la ciudad. Las cosas allí no eran como él había pensado, vio que los valores que su familia le habían inculcado, algunos eran ignorados. Aunque esto no hizo que él cambiara sus buenos hábitos adquiridos por sus padres y familia, cuánto añora ese cariño recibido, se sentía solo, hasta ese día que por casualidad del destino la vio a ella. Caminaba absorta y él embobado, lo cual fue la mezcla perfecta que los dos chocaran y se quedaran absortos el uno en el otro. Desde ese día, sus vidas quedaron unidas. Después de ese encontronazo, ambos se pidieron perdón, pues sin darse cuenta, se vieron envueltos de una atracción que no tiene explicación, ¿acaso un flechazo la tiene? Se presentaron y se rieron del encuentro, ambos como si se conocieran de siempre, se contaron sus vidas, cortas, pero intensas, cada uno tenía un camino definido, eso al menos pensaron ellos, aunque la vida es la que marca los destinos. Así pasó un año, donde cada día después de sus quehaceres, quedaban en el parque, para contarse su día, Kioto siempre estaba con su pitillo en la boca, era como él mismo decía, el compañero fiel que le seguía allá por donde fuera. Miku, no le gustaba ese olor que desprendía, pero jamás le dijo nada, respetaba su decisión aunque no la compartiese. Él se daba cuenta y la pedía perdón, prometía que buscaría ayuda para dejar de fumar, pues ya lo había intentado en varias ocasiones y no lo había logrado. Al cabo de dos años de relaciones comenzaron a planear vivir juntos, se ahorrarían en alquiler y compartirían gastos, además querían tener una convivencia, estaban un poco hartos de verse siempre en lugares públicos, necesitaban intimidad. Así fue, como comenzaron una vida llena de ilusiones, a los seis meses de esa luna de miel, Miko comenzó a sentirse mal, cada mañana su tos era como si fuera ella la que fumara un paquete de cigarrillos, al cabo de un mes en esa situación empeoró, decidieron dar el paso y visitar al doctor. Éste le comentó si fumaba, ella dijo, que no, y omitió que su pareja sí era un fumador empedernido. La hicieron pruebas y cuando fueron por los resultados, la noticia no podía ser peor. Su cáncer de pulmón estaba en estado avanzado, sus posibilidades eran de un treinta, por cierto, había que actuar ya. El jarro de agua fría para Kioto fue abrumador, al salir de la consulta se derrumbó, cogió su paquete de tabaco y lo destrozó con sus manos, lo pataleó, rompió a llorar, abrazó a Miko, sus lágrimas rodaban por su cara y su pecho se desbocaba, él y solo él era el culpable de que ella estuviera en peligro, y eso no podía ser. Miko, lo acarició, besó su mejilla, fue comprensiva, aunque su corazón lloraba por dentro. Kioto llamó a sus padres y les contó todo su sufrimiento, estos le escucharon como su hijo sufría por Miko estaba desgarrado, su madre, con su tranquilizadora voz, le dijo. — Hijo mío, no debes culparte, ya no hay remedio, lo que si puedes hacer, es ayudarla y estar ahí, con y para ella. Las palabras de su madre, le hizo coger esa fuerza y enfrentar el problema de frente, se informó de todos los tratamientos posibles que pudieran salvar a Miko, cuando todo parecía perdido, esas ganas, fuerzas y el amor, logró que el tratamiento funcionara, que Miko lograra vencer esa enfermedad. La actitud de Kioto fue ejemplar, en vez de derrumbarse sacó toda su fuerza, esa Resiliencia para hacer frente a su desgracia. Hoy, hace más de cinco años que pasó todo, caminan juntos de la mano y su amor no solo fue más grande, diría que está prueba, los elevó a ese plano de amor eterno, ese hilo jamás se romperá. Ante acontecimientos desbordantes que la vida nos da, no, más que enfrentarse y tener Resiliencia, ella nos salivará de hundirnos en ese pozo que no verá más que problemas en vez de soluciones.
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: "Resiliencia")



Es un relato alentador, me encanta que juntos consigan superar ese trago tan amargo. La unión hace la fuerza según dicen y personalmente creo que es así.
ResponderEliminarUn abrazo.
Es un relato desgarrador en los que es difícil hacer gala de resiliencia, pero hay que hacer un acto de fe y tirar hacia adelante
ResponderEliminarBesos Campi