Ni ella era “Alicia”, ni parecía que ese espejo se pudiese
traspasar; pero sí tenía algo de magia porque nada tenía que ver el reflejo que
mostraba con la realidad.
Melisa lo había heredado de un antepasado del que no conocía
absolutamente nada, aunque sí sospechaba que dicho antepasado sabía mucho de
ella.
Desde muy temprana edad siempre supo que no era una niña normal.
Lo que nunca llegó a saber, puesto que creció en un orfanato y nadie le habló
de su vida, es si aquello que le ocurría era bueno o malo; y, por alguna
extraña razón, sentía que había llegado el momento de averiguarlo…
Melissa ,decidida a
descobrir mais de sua vida, perguntava a um, a outro e nenhuma resposta obtia..
Parou-se diante do espelho e tentava traços
distinguir...
Todos eram tênues. mas estava decidida a com
a busca prosseguir!
Melisa creyó ver una sombra, que le recordó
al Rey Rojo, de Detrás del espejo. Recordó la advertencia dada a Alicia, si el
rey se despierta, te desvanecerás, como una imagen soñada.
Melisa sabía que no era Alicia pero tomó esa
parte del libro como una advertencia, para no precipitarse, en su búsqueda de
su pasado.
Cuando salió del orfanato, ya tenía
dieciocho años, no tuvo una vida fácil aunque aprendió algo muy importante, a
sobrevivir entre personalidades de toda la calaña.
Melisa, solo tenía una pista un camafeo con
una imagen de una mujer.
Su primera misión sería saber quién era
ella, y porque se lo dieron cuando salió por la puerta del que fue su hogar
dieciocho años...
Mirando el camafeo se
dio cuenta que poseía el mismo marco del espejo, entonces pensó que habrían
pertenecido a la misma mujer de la fotografía. Comenzó a fijarse más en el
marco del espejo tratando de encontrar algo más y fue cuando notó una hendidura
en la parte inferior. Melisa se quedó pensando por unos minutos intentando unir
cabos sueltos hasta que tuvo la ocurrencia de poner el camafeo justo en aquella
hendidura. Ante su sorpresa, el camafeo se ajustaba de manera precisa, pero su
asombro fue mayor cuando luego de poner la pieza en el marco del espejo, este
comenzó a irradiar un fuerte destello desde su interior.
Melisa contuvo la
respiración; aquella luz la cegaba y no sabía cómo reaccionar.
Un impulso hizo que su mano quitara el
camafeo de la hendidura del espejo.
Cuando lo tuvo de nuevo entre sus manos,
este guardaba un calor extraño y, al girarlo, vio algo inscrito detrás.
Unas iniciales "S.T.", 2006.
Aquello era una pista, algo por donde
comenzar su aventura a saber quién era.
Aquel espejo tenía la clave. Cuando se
acercó de nuevo a ver la hendidura, esta había desaparecido. ¿Qué había
ocurrido?
Oyó pasos y con rapidez guardó el camafeo en
el bolsillo de su cazadora.
El sonido resonó en el
pasillo vacío del antiguo orfanato abandonado. Melisa retrocedió
instintivamente, buscando dónde esconderse mientras el espejo parecía
observarla con una inquietante calma. Los pasos se detuvieron frente a la
puerta. Una voz susurró su nombre, aunque no reconocía aquel tono. El aire se
volvió denso, como si el tiempo se hubiese detenido. El espejo volvió a brillar
levemente, insinuando un camino. Melisa dudó entre huir o enfrentarlo todo.
Finalmente, apoyó la mano en el cristal frío, sintiendo una vibración que
recorría su cuerpo. Al otro lado, algo la estaba esperando desde hacía mucho
tiempo allí mismo...
Una mano helada salió del espejo para
arrastrarla. Instintivamente, Melisa se resistió y la mano regresó al espejo.
Se formó una imagen de
una tienda de antigüedades, con un cartel que decía ST. Se vio entrando la
tienda, con el camafeo en la mano.
La imagen se desvaneció, convirtiéndose
fugazmente en unas palabras, que decía En ese lugar te ayudarán.
Luego el espejo reflejó la imagen de Melisa,
como si fuera un espejo más.
Después de esa experiencia, salió y, sin
rumbo fijo, se dirigió hacia la parroquia; necesitaba hablar con Samuel, el
cura joven que la había guiado en sus malos momentos, reconduciéndola por el
buen camino.
Tenía que contarle lo que le estaba
sucediendo; era de locos, pero tal vez supiera cómo orientarla.
Al entrar a la iglesia, se topó con él.
¿Qué te pasa, Melisa, tienes cara de haber
visto al mismísimo Satanás?
Ella se echó mano a su camafeo; él se
arrepintió de inmediato de tal frase poco acertada...
Después de todo,
Samuel es humano y es normal que sus deslices se hagan visibles, incluso, en
los momentos menos acertados.
Melissa sonrió a la vez que sujetaba
fuertemente el pequeño objeto. Empezó a dudar sobre confesar aquella extraña
experiencia o por el contrario, callar y esperar para comprobar que no había
sido un mal sueño.
Tal vez, se volviese a repetir y entonces
sería el momento exacto para poder compartir con Samuel su inusitada
experiencia.
Sacudió la cabeza y sonriendo al joven cura
le propuso un café y la promesa de contarle algo más adelante, ahora no era
propicio. Samuel aceptó de inmediato la invitación, vio perturbación en los
ojos de Melissa, tarde o temprano ella le contaría cual era el oscuro secreto
que la alteraba.
Cruzaron la avenida. Un charco sobre el
asfalto reflejaba algo más que dos personas caminando.
Aquellas sombras que
Samuel vio reflejadas no eran humanas; esas alas negras hicieron que su piel se
erizara y se echara la mano a su crucifijo.
Melisa se dio cuenta y le agarró del brazo.
—Padre, ¿qué sucede? Su rostro ha cambiado
de semblante.
—No, no te preocupes, solo fue una ráfaga de
aire que alteró mi cuerpo.
Faltaban unos metros para llegar a casa de
Melisa cuando sucedió algo inusitado: de repente una gran tormenta ennegreció
el azul del cielo y un rayo cayó justo a los pies de ellos, dejándolos a ambos
inconscientes.
No fueron los únicos afectados, ya que el
efecto del rayo se extendió bastantes metros alrededor. Hubo quien llamó a
servicios de emergencia, que atendieron a personas con desmayos, algunas con
quemaduras leves.
Samuel y Melisa fueron los menos afectados,
recuperaron la conciencia. Melisa creyó ver una cara conocida en quien la
estaba asistiendo.
Melisa al igual que
Samuel cuando recobraron la conciencia se hallaban en el hospital.
Ella creyó ver mientras la atendían un
rostro conocido o muy parecido.
Su cabeza le estallaba, eran las secuelas
del impacto de aquel rayo que salió como de la nada.
Samuel estaba en el box de al lado, podía
oír su voz preguntando al doctor cuánto tiempo permanecería en observación.
En un segundo de distracción vio de nuevo el
rostro conocido, ella lo había visto en algún otro lugar.
Quedó pensativa y de repente como un flash
ese rostro era idéntico a aquel antepasado suyo, que acaba de heredar ese
espejo, consecuente de sus penurias.
Al incorporarse sintió que se mareaba,
cuando volvió a fijar su mirada el rostro había desaparecido...
Las experiencias
habían sido agotadoras para Melisa y finalmente el cansancio la venció. Apenas
se había quedado dormida comenzó a soñar con todo lo vivido desde que el
camafeo llegó a sus manos y allí ante ella nuevamente apareció su antepasado.
Melisa le preguntó por qué estaba viviendo todo aquello?, la mujer ante ella,
tan similar en aspecto, no pronunció palabra alguna, solo le indicó un lugar,
un cementerio y allí una sepultura. Sobresaltada Melisa despertó y supo que
debía salir del hospital rumbo al cementerio sin perder más tiempo.
Rápido salió de la
cama y comenzó a cambiarse., con cierta torpeza. Fue sorprendida por una
médica, que tenía un aire misterioso.
—¿Adónde quiere ir esa paciente fugitiva?
-dijo con una sonrisa, mientras la sujetaba con firmeza.
Melisa le explicó sus intenciones, le contó
su historia. Y para su sorpresa, la doctora le creyó.
—Está bien, la dejo ir si me firma el alta
voluntaria, asumiendo los riesgos -explicó la médica- Y como buena voluntad la
hago salir por una puerta secreta, para esquivar a los periodistas.
Melisa supo entonces que lo del rayo había
salido en los medios. Era la noticia del día. La médica la ayudó a vestirse y
la llevó al pasillo, donde estaba Samuel. Luego de caminar por unos intrincados
pasillos, Samuel y Melisa llegaron a una salida, donde los esperaba un Uber.
—Gracias por ayudarnos, Doctora.
—De nada- Yo también tengo mis historias
-contestó la médica- Algunos de
mis colegas me llaman Circe. ¿Lo pueden creer?
Aquel Uber era una
trampa mortal; la médica no era tal. Cuando subieron a ese coche, Samuel agarró
la mano de Melisa y esta supo adivinar que algo iba mal.
Ella, con voz segura, le indicó al conductor
que los llevara al cementerio de Las Dalias. El conductor no emitió sonido y
giró hacia el lado contrario.
En un acto absurdo, Melisa comenzó a pelear
con Samuel; este contenía sus espavientos, hasta que el conductor tuvo que
parar; aquellos movimientos detrás de él lo desestabilizaron. Al bajarse, ella,
como una felina, ocupó su asiento y, arrancándolo, dejó a este fuera de juego.
Una vez en marcha, Samuel no sabía si reír o
echarle una buena bronca, pero al fin tenían un destino y una lápida por
descifrar el misterio que esta contenía...
Melisa apoyó la mano sobre la lápida y el
temblor del suelo se convirtió en un pulso, que despertaba bajo tierra.
Samuel dio un paso atrás, pero ella
permaneció inmóvil, como si aquello fuera exactamente lo que había estado
esperando toda su vida.
Las letras de la aquella lápida no la decían
mucho, pero se acordó que llevaba un espejo en la mochila- donde comenzó toda
esta aventura-
Samuel lo vio moverse, inclinarse, como si
quisiera salir por sí solo.
—Melisa… —susurró, sin saber si advertirla o
pedirle que parara.
Ella sacó el espejo y lo colocó frente a la
lápida.
El reflejo no mostraba el cementerio.
No mostraba a Samuel.
No mostraba a Melisa.
Mostraba una habitación antigua, con paredes
de madera oscura y una mujer de espaldas, escribiendo algo en un cuaderno.
La mujer se giró, no hacia Samuel, no hacia
el cementerio, sino hacia Melisa.
Y habló, aunque sus labios no se movieron.
—Ya es hora.
La lápida se abrió como una puerta
silenciosa.
No hacia abajo, sino hacia dentro, como si
el cementerio fuese solo la fachada de algo más grande.
Samuel intentó sujetarla del brazo.
-No entres. No sabemos qué es eso.
Melisa lo miró con una calma que no era
humana del todo.
-Toda mi vida he sentido que algo me
llamaba.
Ahora sé quién era.
Samuel tragó saliva.
-¿Y qué quieres hacer?
Melisa levantó el espejo.
El reflejo del antepasado extendió la mano
desde el otro lado del cristal.
-Averiguar si soy un error…
o un legado.
Y dio un paso dentro de la lápida.
Melisa desapareció, allí de pie bajo una
tumba cerrada estaba solo Samuel, con un espejo entre sus manos, pero sin
rastro de su amiga.
La noche se echó encima y unas pequeñas
gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus hombros, tal vez eran las lágrimas
de Melisa, por haber hallado su legado.

Melissa ,decidida a descobrir mais de sua vida, perguntava a um, a outro e nenhuma resposta obtia..
ResponderEliminarParou-se diante do espelho e tentava traços distinguir...
Todos eram tênues. mas estava decidida a com a busca prosseguir!
Melisa creyó ver una sombra, que le recordó al Rey Rojo, de Detrás del espejo. Recordó la advertencia dada a Alicia, si el rey se despierta, te desvanacerás, como una imagen soñada.
ResponderEliminarMelisa sabía que no era Alicia pero tomó esa parte del libro como una advertencia, para no precipitarse, en su búsqueda de su pasado.
Cuando salió del horfanato, ya tenía dieciocho años, no tuvo una vida fácil aunque aprendió algo muy importante, a sobrevivir entre personalidades de toda la calaña.
ResponderEliminarMelisa, solo tenía una pista un camafeo con una imagen de una mujer.
Su primera misión sería saber quién era ella, y porque se lo dieron cuando salió por la puerta del que fue su hogar dieciocho años...
Mirando el camafeo se dio cuenta que poseía el mismo marco del espejo, entonces pensó que habrían pertenecido a la misma mujer de la fotografía. Comenzó a fijarse más en el marco del espejo tratando de encontrar algo más y fue cuando notó una hendidura en la parte inferior. Melisa se quedó pensando por unos minutos intentando unir cabos sueltos hasta que tuvo la ocurrencia de poner el camafeo justo en aquella hendidura. Ante su sorpresa, el camafeo se ajustaba de manera precisa, pero su asombro fue mayor cuando luego de poner la pieza en el marco del espejo, este comenzó a irradiar un fuerte destello desde su interior.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMelisa contuvo la respiración; aquella luz la cegaba y no sabía cómo reaccionar.
ResponderEliminarUn impulso hizo que su mano quitara el camafeo de la hendidura del espejo.
Cuando lo tuvo de nuevo entre sus manos, este guardaba un calor extraño y, al girarlo, vio algo inscrito detrás.
Unas iniciales"S.T.", 2006.
Aquello era una pista, algo por donde comenzar su aventura a saber quién era.
Aquel espejo tenía la clave. Cuando se acercó de nuevo a ver la hendidura, esta había desaparecido. ¿Qué había ocurrido?
Oyó pasos y con rapidez guardó el camafeo en el bolsillo de su cazadora.
El sonido resonó en el pasillo vacío del antiguo orfanato abandonado. Melisa retrocedió instintivamente, buscando dónde esconderse mientras el espejo parecía observarla con una inquietante calma. Los pasos se detuvieron frente a la puerta. Una voz susurró su nombre, aunque no reconocía aquel tono. El aire se volvió denso, como si el tiempo se hubiese detenido. El espejo volvió a brillar levemente, insinuando un camino. Melisa dudó entre huir o enfrentarlo todo. Finalmente, apoyó la mano en el cristal frío, sintiendo una vibración que recorría su cuerpo. Al otro lado, algo la estaba esperando desde hacía mucho tiempo allí mismo...
ResponderEliminarUna mano helada salió del espejo para arrastrarla. Instintivamente, Melisa se resistió y la mano regresó al espejo.
ResponderEliminarSe formó una imagen de una tienda de antigüedades, con un cartel que decía ST. Se vio entrando la tienda, con el camafeo en la mano.
La imagen se desvaneció, convirtiéndose fugazmente en unas palabras, que decía En ese lugar te ayudarán.
Luego el espejo reflejó la imagen de Melisa, como si fuera un espejo más.
Después de esa experiencia, salió y, sin rumbo fijo, se dirigió hacia la parroquia; necesitaba hablar con Samuel, el cura joven que la había guiado en sus malos momentos, reconduciéndola por el buen camino.
ResponderEliminarTenía que contarle lo que le estaba sucediendo; era de locos, pero tal vez supiera cómo orientarla.
Al entrar a la iglesia, se topó con él.
¿Qué te pasa, Melisa, tienes cara de haber visto al mismísimo Satanás?
Ella se echó mano a su camafeo; él se arrepintió de inmediato de tal frase poco acertada...
Después de todo, Samuel es humano y es normal que sus deslices se hagan visibles, incluso, en los momentos menos acertados.
ResponderEliminarMelissa sonrió a la vez que sujetaba fuertemente el pequeño objeto. Empezó a dudar sobre confesar aquella extraña experiencia o por el contrario, callar y esperar para comprobar que no había sido un mal sueño.
Tal vez, se volviese a repetir y entonces sería el momento exacto para poder compartir con Samuel su inusitada experiencia.
Sacudió la cabeza y soriendo al joven cura le propuso un café y la promesa de contarle algo más adelante, ahora no era propicio. Samuel aceptó de inmediato la invitación, vio perturbación en los ojos de Melissa, tarde o temprano ella le contaría cual era el oscuro secreto que la alteraba.
Cruzaron la avenida. Un charco sobre el asfalto reflejaba algo más que dos personas caminando.
Aquellas sombras que Samuel vio reflejadas no eran humanas; esas alas negras hicieron que su piel se erizara y se echara la mano a su crucifijo.
ResponderEliminarMelisa se dio cuenta y le agarró del brazo.
—Padre, ¿qué sucede? Su rostro ha cambiado de semplante
No, no te preocupes, solo fue una ráfaga de aire que alteró mi cuerpo.
Faltaban unos metros para llegar a casa de Melisa cuando sucedió algo inusitado: de repente una gran tormenta enegreció el azul del cielo y un rayo cayó justo a los pies de ellos, dejándolos a ambos inconscientes.
No fueron los únicos afectados, ya que el efecto del rayo se extendió bastantes metros alrededor. Hubo quien llamó a servicios de emergencia, que atendieron a personas con desmayos, algunas con quemaduras leves.
ResponderEliminarSamuel y Melisa fueron los menos afectados, recuperaron la conciencia. Melisa creyó ver una cara conocida en quien la estaba asistiendo.
Melisa al igual que Samuel cuando recobraron la conciencia se hallaban en el hospital.
ResponderEliminarElla creyó ver mientras la atendían un rostro conocido o muy parecido .
Su cabeza le estallaba , eran las secuelas del impacto de aquel rayo que salió como de la nada
Samuel estaba en el box de al lado , podía oír su voz preguntando al doctor cuanto tiempo permanecería en observación
En un segundo de distracción vio de nuevo el rostro conocido, ella lo había visto en algún otro lugar.
Quedó pensativa y de repente como un flash ese rostro era idéntico aquel antepasado suyo, que acaba de heredar ese espejo .consecuente de
sus penurias.
Al incorporarse sintió que se mareaba cuando volvió a fijar su mirada el rostro había desaparecido..
Las experiencias habían sido agotadoras para Melisa y finalmente el cansancio la venció. Apenas se había quedado dormida comenzó a soñar con todo lo vivido desde que el camafeo llegó a sus manos y allí ante ella nuevamente apareció su antepasado. Melisa le preguntó por qué estaba viviendo todo aquello?, la mujer ante ella, tan similar en aspecto, no pronunció palabra alguna, solo le indicó un lugar, un cementerio y allí una sepultura. Sobresaltada Melisa despertó y supo que debía salir del hospital rumbo al cementerio sin perder más tiempo.
ResponderEliminarRápido salió de la cama y comenzó a cambiarse., con cierta torpeza. Fue sorprendida por una médica, que tenía una aire misterioso.
ResponderEliminar--¿Adónde quiere ir esa paciente fugitiva? -dijo con una sonrisa, mientras la sujetaba con firmeza.
Melisa le explicó sus intenciones, le contó su historia. Y para su sorpresa, la doctora le creyó.
--Está bien, la dejo ir si me firma el alta voluntaria, asumiendo los riesgos -explicó la médica- Y como buena voluntad la hago salir por una puerta secreta, para esquivar a los periodistas.
Melisa supo entonces que lo del rayo había salido en los medios. Era la notica del día. La ,médica la ayudó a vestirse y la llevó al pasillo, donde estaba Samuel. Luego de caminar por unos intrincados pasillos, Samuel y Melisa llegaron a una salida, donde los esperaba un Uber.
--Gracias por ayudarnos, Doctora.
--De nada- Yo también tengo mis historias -contestó la médica- Algunos de mis colegas me llaman Circe. ¿Lo pueden creer?
Aquel Uber era una trampa mortal; la médica no era tal. Cuando subieron a ese coche, Samuel agarró la mano de Melisa y esta supo adivinar que algo iba mal.
ResponderEliminarElla, con voz segura, le indicó al conductor que los llevara al cementerio de Las Dalias. El conductor no emitió sonido y giró hacia el lado contrario.
En un acto absurdo, Melisa comenzó a pelear con Samuel; este contenía sus espavientos, hasta que el conductor tuvo que parar; aquellos movimientos detrás de él lo desestabilizaron. Al bajarse, ella, como una felina, ocupó su asiento y, arrancándolo, dejó a este fuera de juego.
Una vez en marcha, Samuel no sabía si reír o echarle una buena bronca, pero al fin tenían un destino y una lápida por descifrar el misterio que esta contenía...
Melisa apoyó la mano sobre la lápida y el temblor del suelo se convirtió en un pulso, que despertaba bajo tierra.
EliminarSamuel dio un paso atrás, pero ella permaneció inmóvil, como si aquello fuera exactamente lo que había estado esperando toda su vida.
Las letras de la aquella lápida no la decían mucho, pero se acordo que llevaba en espejo en la mochila- donde comenzo toda esta aventura-
Samuel lo vio moverse, inclinarse, como si quisiera salir por sí solo.
—Melisa… —susurró, sin saber si advertirla o pedirle que parara.
Ella sacó el espejo y lo colocó frente a la lápida.
El reflejo no mostraba el cementerio.
No mostraba a Samuel.
No mostraba a Melisa.
Mostraba una habitación antigua, con paredes de madera oscura y una mujer de espaldas, escribiendo algo en un cuaderno.
La mujer se guiró, no hacia Samuel, no hacia el cementerio, sino hacia Melisa.
Y habló, aunque sus labios no se movieron.
—Ya es hora.
La lápida se abrió como una puerta silenciosa.
No hacia abajo, sino hacia dentro, como si el cementerio fuese solo la fachada de algo más grande.
Samuel intentó sujetarla del brazo.
-No entres. No sabemos qué es eso.
Melisa lo miró con una calma que no era humana del todo.
-Toda mi vida he sentido que algo me llamaba.
Ahora sé quién era.
Samuel tragó saliva.
-¿Y qué quieres hacer?
Melisa levantó el espejo.
El reflejo del antepasado extendió la mano desde el otro lado del cristal.
-Averiguar si soy un error…
o un legado.
Y dio un paso dentro de la lápida.
Melisa desaparecio, alli de pie bajo una tumba cerrada estaba solo Samuel, con un espejo entre sus manos , pero sin rastro de su amiga.
La noche se echo encima y unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus hombros , tal vez eran las lágrimas de Melisa , por haber hallado su legado.
👏👏👏🤓
EliminarMis queridos compañeros y amigos de letras.
ResponderEliminarQuiero daros nuevamente y siempre las gracias por el lujo de contar con vuestra valiosa presencia.
Este apartado de “Historias Encadenadas” cierra por vacaciones de verano. Volveremos en septiembre con nuevas historias que contar.
Por supuesto, y si así lo deseáis, podéis seguir con cualquiera de los relatos encadenados; ya sea siguiendo el hilo de la historia, o dándole otro final.
Gracias, y mil veces gracias.
Un verdadero placer, amigos.
Un abrazo enorme 🙏💙
El relato quedó muy bien, con ese final abierto, entre inquietante y esperanzador. Mérito de Campirela.
EliminarHa sido un placer participar.
Volveremos a leernos en septiembre.
Besos.