©Patrizia Burra
SERENDIPIA
Ella forma parte de nuestra vida de muy distintas maneras, pero todas ellas son como esa chispa, casual y motivadora, que de pronto nos abre una puerta o nos tiende un puente para llegar a cualquier punto en el que dibujarnos esas alas de papel, y volar por cualquier confín que nos propongamos, e incluso, imaginemos. Ginebra©®

ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.  
Las puertas están abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la reciprocidad.  
 

Quienes invertimos tiempo, ilusión y sueños a través de las letras, bien sabemos de la importancia del arte en cualquiera de sus expresiones. Esa voz interior que, entre gráciles musas, se pronuncia a través de cualquier vía con la que exteriorizar la inspiración.
 
Siéntete como en casa...
La mente es una magnífica fábrica generadora de historias. Somos nosotros los que llevamos la batuta; los que cincelamos los caminos, los mundos y los personajes. Sé libre para hacerlo. Date la oportunidad de volar, y dánosla a los demás para hacerlo contigo.
 
 
BASES CONVOCATORIA
 
Los retos estarán vigentes durante un mes.  
Los textos pueden realizarse en cualquier formato, y no hay límite de palabras.
Dejadme vuestros enlaces en el apartado de comentarios, y vinculad vuestras publicaciones a este blog.
Una vez finalizado el proyecto, el último día de cada mes, vuestras participaciones serán publicadas en este blog bajo la etiqueta de vuestra autoría.
 
En cuanto a los textos, y como ya sabemos quienes escribimos, muchas veces, y sin darnos cuenta, nos comemos una letra; no tildamos; y algunas cosillas que se nos escapan… Es pues que, con vuestro permiso, y puesto que leo todos los textos con esmero antes de publicarlos, me tomo el beneplácito de corregir esos pequeños detalles (NUNCA EN SU ESTRUCTURA).
En el caso de que alguno de vosotros prefiriera que no lo hiciese, por favor, hacédmelo saber.
 
Muchísimas gracias por vuestra compañía, tanto a los que participáis, como a los que nos seguís con vuestra lectura. 

HISTORIAS ENCADENADAS

Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces deseéis.

En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS. 



Aimie-Lee Bliem

domingo, 31 de mayo de 2026

El espejo (Historias encadenadas)

 

   Ni ella era “Alicia”, ni parecía que ese espejo se pudiese traspasar; pero sí tenía algo de magia porque nada tenía que ver el reflejo que mostraba con la realidad.

   Melisa lo había heredado de un antepasado del que no conocía absolutamente nada, aunque sí sospechaba que dicho antepasado sabía mucho de ella.

   Desde muy temprana edad siempre supo que no era una niña normal. Lo que nunca llegó a saber, puesto que creció en un orfanato y nadie le habló de su vida, es si aquello que le ocurría era bueno o malo; y, por alguna extraña razón, sentía que había llegado el momento de averiguarlo…

   Melissa ,decidida a descobrir mais de sua vida, perguntava a um, a outro e nenhuma resposta obtia..
   Parou-se diante do espelho e tentava traços distinguir...
   Todos eram tênues. mas estava decidida a com a busca prosseguir!
 
   Melisa creyó ver una sombra, que le recordó al Rey Rojo, de Detrás del espejo. Recordó la advertencia dada a Alicia, si el rey se despierta, te desvanecerás, como una imagen soñada.
   Melisa sabía que no era Alicia pero tomó esa parte del libro como una advertencia, para no precipitarse, en su búsqueda de su pasado.
 
   Cuando salió del orfanato, ya tenía dieciocho años, no tuvo una vida fácil aunque aprendió algo muy importante, a sobrevivir entre personalidades de toda la calaña.
   Melisa, solo tenía una pista un camafeo con una imagen de una mujer.
  Su primera misión sería saber quién era ella, y porque se lo dieron cuando salió por la puerta del que fue su hogar dieciocho años...

   Mirando el camafeo se dio cuenta que poseía el mismo marco del espejo, entonces pensó que habrían pertenecido a la misma mujer de la fotografía. Comenzó a fijarse más en el marco del espejo tratando de encontrar algo más y fue cuando notó una hendidura en la parte inferior. Melisa se quedó pensando por unos minutos intentando unir cabos sueltos hasta que tuvo la ocurrencia de poner el camafeo justo en aquella hendidura. Ante su sorpresa, el camafeo se ajustaba de manera precisa, pero su asombro fue mayor cuando luego de poner la pieza en el marco del espejo, este comenzó a irradiar un fuerte destello desde su interior.

   Melisa contuvo la respiración; aquella luz la cegaba y no sabía cómo reaccionar.
   Un impulso hizo que su mano quitara el camafeo de la hendidura del espejo.
  Cuando lo tuvo de nuevo entre sus manos, este guardaba un calor extraño y, al girarlo, vio algo inscrito detrás.
   Unas iniciales "S.T.", 2006.
   Aquello era una pista, algo por donde comenzar su aventura a saber quién era.
  Aquel espejo tenía la clave. Cuando se acercó de nuevo a ver la hendidura, esta había desaparecido. ¿Qué había ocurrido?
   Oyó pasos y con rapidez guardó el camafeo en el bolsillo de su cazadora.

  El sonido resonó en el pasillo vacío del antiguo orfanato abandonado. Melisa retrocedió instintivamente, buscando dónde esconderse mientras el espejo parecía observarla con una inquietante calma. Los pasos se detuvieron frente a la puerta. Una voz susurró su nombre, aunque no reconocía aquel tono. El aire se volvió denso, como si el tiempo se hubiese detenido. El espejo volvió a brillar levemente, insinuando un camino. Melisa dudó entre huir o enfrentarlo todo. Finalmente, apoyó la mano en el cristal frío, sintiendo una vibración que recorría su cuerpo. Al otro lado, algo la estaba esperando desde hacía mucho tiempo allí mismo...
 
   Una mano helada salió del espejo para arrastrarla. Instintivamente, Melisa se resistió y la mano regresó al espejo.
  Se formó una imagen de una tienda de antigüedades, con un cartel que decía ST. Se vio entrando la tienda, con el camafeo en la mano.
  La imagen se desvaneció, convirtiéndose fugazmente en unas palabras, que decía En ese lugar te ayudarán.
   Luego el espejo reflejó la imagen de Melisa, como si fuera un espejo más.

  Después de esa experiencia, salió y, sin rumbo fijo, se dirigió hacia la parroquia; necesitaba hablar con Samuel, el cura joven que la había guiado en sus malos momentos, reconduciéndola por el buen camino.
  Tenía que contarle lo que le estaba sucediendo; era de locos, pero tal vez supiera cómo orientarla.
   Al entrar a la iglesia, se topó con él.
   ¿Qué te pasa, Melisa, tienes cara de haber visto al mismísimo Satanás?
   Ella se echó mano a su camafeo; él se arrepintió de inmediato de tal frase poco acertada...

  Después de todo, Samuel es humano y es normal que sus deslices se hagan visibles, incluso, en los momentos menos acertados.
   Melissa sonrió a la vez que sujetaba fuertemente el pequeño objeto. Empezó a dudar sobre confesar aquella extraña experiencia o por el contrario, callar y esperar para comprobar que no había sido un mal sueño.
   Tal vez, se volviese a repetir y entonces sería el momento exacto para poder compartir con Samuel su inusitada experiencia.
  Sacudió la cabeza y sonriendo al joven cura le propuso un café y la promesa de contarle algo más adelante, ahora no era propicio. Samuel aceptó de inmediato la invitación, vio perturbación en los ojos de Melissa, tarde o temprano ella le contaría cual era el oscuro secreto que la alteraba.
 Cruzaron la avenida. Un charco sobre el asfalto reflejaba algo más que dos personas caminando.

   Aquellas sombras que Samuel vio reflejadas no eran humanas; esas alas negras hicieron que su piel se erizara y se echara la mano a su crucifijo.
   Melisa se dio cuenta y le agarró del brazo.
   —Padre, ¿qué sucede? Su rostro ha cambiado de semblante.
   —No, no te preocupes, solo fue una ráfaga de aire que alteró mi cuerpo.
   Faltaban unos metros para llegar a casa de Melisa cuando sucedió algo inusitado: de repente una gran tormenta ennegreció el azul del cielo y un rayo cayó justo a los pies de ellos, dejándolos a ambos inconscientes.

   No fueron los únicos afectados, ya que el efecto del rayo se extendió bastantes metros alrededor. Hubo quien llamó a servicios de emergencia, que atendieron a personas con desmayos, algunas con quemaduras leves.
   Samuel y Melisa fueron los menos afectados, recuperaron la conciencia. Melisa creyó ver una cara conocida en quien la estaba asistiendo.

   Melisa al igual que Samuel cuando recobraron la conciencia se hallaban en el hospital.
   Ella creyó ver mientras la atendían un rostro conocido o muy parecido.
   Su cabeza le estallaba, eran las secuelas del impacto de aquel rayo que salió como de la nada.
   Samuel estaba en el box de al lado, podía oír su voz preguntando al doctor cuánto tiempo permanecería en observación.
   En un segundo de distracción vio de nuevo el rostro conocido, ella lo había visto en algún otro lugar.
   Quedó pensativa y de repente como un flash ese rostro era idéntico a aquel antepasado suyo, que acaba de heredar ese espejo, consecuente de sus penurias.
   Al incorporarse sintió que se mareaba, cuando volvió a fijar su mirada el rostro había desaparecido...

   Las experiencias habían sido agotadoras para Melisa y finalmente el cansancio la venció. Apenas se había quedado dormida comenzó a soñar con todo lo vivido desde que el camafeo llegó a sus manos y allí ante ella nuevamente apareció su antepasado. Melisa le preguntó por qué estaba viviendo todo aquello?, la mujer ante ella, tan similar en aspecto, no pronunció palabra alguna, solo le indicó un lugar, un cementerio y allí una sepultura. Sobresaltada Melisa despertó y supo que debía salir del hospital rumbo al cementerio sin perder más tiempo.

   Rápido salió de la cama y comenzó a cambiarse., con cierta torpeza. Fue sorprendida por una médica, que tenía un aire misterioso.
   —¿Adónde quiere ir esa paciente fugitiva? -dijo con una sonrisa, mientras la sujetaba con firmeza.
   Melisa le explicó sus intenciones, le contó su historia. Y para su sorpresa, la doctora le creyó.
   —Está bien, la dejo ir si me firma el alta voluntaria, asumiendo los riesgos -explicó la médica- Y como buena voluntad la hago salir por una puerta secreta, para esquivar a los periodistas.
   Melisa supo entonces que lo del rayo había salido en los medios. Era la noticia del día. La médica la ayudó a vestirse y la llevó al pasillo, donde estaba Samuel. Luego de caminar por unos intrincados pasillos, Samuel y Melisa llegaron a una salida, donde los esperaba un Uber.
   —Gracias por ayudarnos, Doctora.
   —De nada- Yo también tengo mis historias -contestó la médica- Algunos de mis colegas me llaman Circe. ¿Lo pueden creer?

   Aquel Uber era una trampa mortal; la médica no era tal. Cuando subieron a ese coche, Samuel agarró la mano de Melisa y esta supo adivinar que algo iba mal.
   Ella, con voz segura, le indicó al conductor que los llevara al cementerio de Las Dalias. El conductor no emitió sonido y giró hacia el lado contrario.
   En un acto absurdo, Melisa comenzó a pelear con Samuel; este contenía sus espavientos, hasta que el conductor tuvo que parar; aquellos movimientos detrás de él lo desestabilizaron. Al bajarse, ella, como una felina, ocupó su asiento y, arrancándolo, dejó a este fuera de juego.
   Una vez en marcha, Samuel no sabía si reír o echarle una buena bronca, pero al fin tenían un destino y una lápida por descifrar el misterio que esta contenía...
 
   Melisa apoyó la mano sobre la lápida y el temblor del suelo se convirtió en un pulso, que despertaba bajo tierra.
   Samuel dio un paso atrás, pero ella permaneció inmóvil, como si aquello fuera exactamente lo que había estado esperando toda su vida.
   Las letras de la aquella lápida no la decían mucho, pero se acordó que llevaba un espejo en la mochila- donde comenzó toda esta aventura-
 
   Samuel lo vio moverse, inclinarse, como si quisiera salir por sí solo.
 
   —Melisa… —susurró, sin saber si advertirla o pedirle que parara.
 
   Ella sacó el espejo y lo colocó frente a la lápida.
   El reflejo no mostraba el cementerio.
   No mostraba a Samuel.
   No mostraba a Melisa.
 
   Mostraba una habitación antigua, con paredes de madera oscura y una mujer de espaldas, escribiendo algo en un cuaderno.
   La mujer se giró, no hacia Samuel, no hacia el cementerio, sino hacia Melisa.
 
   Y habló, aunque sus labios no se movieron.
 
   —Ya es hora.
 
   La lápida se abrió como una puerta silenciosa.
   No hacia abajo, sino hacia dentro, como si el cementerio fuese solo la fachada de algo más grande.
   Samuel intentó sujetarla del brazo.
   -No entres. No sabemos qué es eso.
   Melisa lo miró con una calma que no era humana del todo.
   -Toda mi vida he sentido que algo me llamaba.
   Ahora sé quién era.
   Samuel tragó saliva.
   -¿Y qué quieres hacer?
 
   Melisa levantó el espejo.
   El reflejo del antepasado extendió la mano desde el otro lado del cristal.
   -Averiguar si soy un error…
   o un legado.
   Y dio un paso dentro de la lápida.
   Melisa desapareció, allí de pie bajo una tumba cerrada estaba solo Samuel, con un espejo entre sus manos, pero sin rastro de su amiga.
   La noche se echó encima y unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus hombros, tal vez eran las lágrimas de Melisa, por haber hallado su legado.


20 comentarios:

  1. Melissa ,decidida a descobrir mais de sua vida, perguntava a um, a outro e nenhuma resposta obtia..
    Parou-se diante do espelho e tentava traços distinguir...
    Todos eram tênues. mas estava decidida a com a busca prosseguir!

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  2. Melisa creyó ver una sombra, que le recordó al Rey Rojo, de Detrás del espejo. Recordó la advertencia dada a Alicia, si el rey se despierta, te desvanacerás, como una imagen soñada.
    Melisa sabía que no era Alicia pero tomó esa parte del libro como una advertencia, para no precipitarse, en su búsqueda de su pasado.

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  3. Cuando salió del horfanato, ya tenía dieciocho años, no tuvo una vida fácil aunque aprendió algo muy importante, a sobrevivir entre personalidades de toda la calaña.
    Melisa, solo tenía una pista un camafeo con una imagen de una mujer.
    Su primera misión sería saber quién era ella, y porque se lo dieron cuando salió por la puerta del que fue su hogar dieciocho años...

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  4. Mirando el camafeo se dio cuenta que poseía el mismo marco del espejo, entonces pensó que habrían pertenecido a la misma mujer de la fotografía. Comenzó a fijarse más en el marco del espejo tratando de encontrar algo más y fue cuando notó una hendidura en la parte inferior. Melisa se quedó pensando por unos minutos intentando unir cabos sueltos hasta que tuvo la ocurrencia de poner el camafeo justo en aquella hendidura. Ante su sorpresa, el camafeo se ajustaba de manera precisa, pero su asombro fue mayor cuando luego de poner la pieza en el marco del espejo, este comenzó a irradiar un fuerte destello desde su interior.

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  6. Melisa contuvo la respiración; aquella luz la cegaba y no sabía cómo reaccionar.
    Un impulso hizo que su mano quitara el camafeo de la hendidura del espejo.
    Cuando lo tuvo de nuevo entre sus manos, este guardaba un calor extraño y, al girarlo, vio algo inscrito detrás.
    Unas iniciales"S.T.", 2006.
    Aquello era una pista, algo por donde comenzar su aventura a saber quién era.
    Aquel espejo tenía la clave. Cuando se acercó de nuevo a ver la hendidura, esta había desaparecido. ¿Qué había ocurrido?
    Oyó pasos y con rapidez guardó el camafeo en el bolsillo de su cazadora.

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  7. El sonido resonó en el pasillo vacío del antiguo orfanato abandonado. Melisa retrocedió instintivamente, buscando dónde esconderse mientras el espejo parecía observarla con una inquietante calma. Los pasos se detuvieron frente a la puerta. Una voz susurró su nombre, aunque no reconocía aquel tono. El aire se volvió denso, como si el tiempo se hubiese detenido. El espejo volvió a brillar levemente, insinuando un camino. Melisa dudó entre huir o enfrentarlo todo. Finalmente, apoyó la mano en el cristal frío, sintiendo una vibración que recorría su cuerpo. Al otro lado, algo la estaba esperando desde hacía mucho tiempo allí mismo...

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  8. Una mano helada salió del espejo para arrastrarla. Instintivamente, Melisa se resistió y la mano regresó al espejo.
    Se formó una imagen de una tienda de antigüedades, con un cartel que decía ST. Se vio entrando la tienda, con el camafeo en la mano.
    La imagen se desvaneció, convirtiéndose fugazmente en unas palabras, que decía En ese lugar te ayudarán.
    Luego el espejo reflejó la imagen de Melisa, como si fuera un espejo más.

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  9. Después de esa experiencia, salió y, sin rumbo fijo, se dirigió hacia la parroquia; necesitaba hablar con Samuel, el cura joven que la había guiado en sus malos momentos, reconduciéndola por el buen camino.
    Tenía que contarle lo que le estaba sucediendo; era de locos, pero tal vez supiera cómo orientarla.
    Al entrar a la iglesia, se topó con él.
    ¿Qué te pasa, Melisa, tienes cara de haber visto al mismísimo Satanás?
    Ella se echó mano a su camafeo; él se arrepintió de inmediato de tal frase poco acertada...

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  10. Después de todo, Samuel es humano y es normal que sus deslices se hagan visibles, incluso, en los momentos menos acertados.
    Melissa sonrió a la vez que sujetaba fuertemente el pequeño objeto. Empezó a dudar sobre confesar aquella extraña experiencia o por el contrario, callar y esperar para comprobar que no había sido un mal sueño.
    Tal vez, se volviese a repetir y entonces sería el momento exacto para poder compartir con Samuel su inusitada experiencia.
    Sacudió la cabeza y soriendo al joven cura le propuso un café y la promesa de contarle algo más adelante, ahora no era propicio. Samuel aceptó de inmediato la invitación, vio perturbación en los ojos de Melissa, tarde o temprano ella le contaría cual era el oscuro secreto que la alteraba.
    Cruzaron la avenida. Un charco sobre el asfalto reflejaba algo más que dos personas caminando.

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  11. Aquellas sombras que Samuel vio reflejadas no eran humanas; esas alas negras hicieron que su piel se erizara y se echara la mano a su crucifijo.
    Melisa se dio cuenta y le agarró del brazo.
    —Padre, ¿qué sucede? Su rostro ha cambiado de semplante
    No, no te preocupes, solo fue una ráfaga de aire que alteró mi cuerpo.
    Faltaban unos metros para llegar a casa de Melisa cuando sucedió algo inusitado: de repente una gran tormenta enegreció el azul del cielo y un rayo cayó justo a los pies de ellos, dejándolos a ambos inconscientes.

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  12. No fueron los únicos afectados, ya que el efecto del rayo se extendió bastantes metros alrededor. Hubo quien llamó a servicios de emergencia, que atendieron a personas con desmayos, algunas con quemaduras leves.
    Samuel y Melisa fueron los menos afectados, recuperaron la conciencia. Melisa creyó ver una cara conocida en quien la estaba asistiendo.

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  13. Melisa al igual que Samuel cuando recobraron la conciencia se hallaban en el hospital.
    Ella creyó ver mientras la atendían un rostro conocido o muy parecido .
    Su cabeza le estallaba , eran las secuelas del impacto de aquel rayo que salió como de la nada
    Samuel estaba en el box de al lado , podía oír su voz preguntando al doctor cuanto tiempo permanecería en observación
    En un segundo de distracción vio de nuevo el rostro conocido, ella lo había visto en algún otro lugar.
    Quedó pensativa y de repente como un flash ese rostro era idéntico aquel antepasado suyo, que acaba de heredar ese espejo .consecuente de
    sus penurias.
    Al incorporarse sintió que se mareaba cuando volvió a fijar su mirada el rostro había desaparecido..

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  14. Las experiencias habían sido agotadoras para Melisa y finalmente el cansancio la venció. Apenas se había quedado dormida comenzó a soñar con todo lo vivido desde que el camafeo llegó a sus manos y allí ante ella nuevamente apareció su antepasado. Melisa le preguntó por qué estaba viviendo todo aquello?, la mujer ante ella, tan similar en aspecto, no pronunció palabra alguna, solo le indicó un lugar, un cementerio y allí una sepultura. Sobresaltada Melisa despertó y supo que debía salir del hospital rumbo al cementerio sin perder más tiempo.

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  15. Rápido salió de la cama y comenzó a cambiarse., con cierta torpeza. Fue sorprendida por una médica, que tenía una aire misterioso.
    --¿Adónde quiere ir esa paciente fugitiva? -dijo con una sonrisa, mientras la sujetaba con firmeza.
    Melisa le explicó sus intenciones, le contó su historia. Y para su sorpresa, la doctora le creyó.
    --Está bien, la dejo ir si me firma el alta voluntaria, asumiendo los riesgos -explicó la médica- Y como buena voluntad la hago salir por una puerta secreta, para esquivar a los periodistas.
    Melisa supo entonces que lo del rayo había salido en los medios. Era la notica del día. La ,médica la ayudó a vestirse y la llevó al pasillo, donde estaba Samuel. Luego de caminar por unos intrincados pasillos, Samuel y Melisa llegaron a una salida, donde los esperaba un Uber.
    --Gracias por ayudarnos, Doctora.
    --De nada- Yo también tengo mis historias -contestó la médica- Algunos de mis colegas me llaman Circe. ¿Lo pueden creer?

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  16. Aquel Uber era una trampa mortal; la médica no era tal. Cuando subieron a ese coche, Samuel agarró la mano de Melisa y esta supo adivinar que algo iba mal.
    Ella, con voz segura, le indicó al conductor que los llevara al cementerio de Las Dalias. El conductor no emitió sonido y giró hacia el lado contrario.
    En un acto absurdo, Melisa comenzó a pelear con Samuel; este contenía sus espavientos, hasta que el conductor tuvo que parar; aquellos movimientos detrás de él lo desestabilizaron. Al bajarse, ella, como una felina, ocupó su asiento y, arrancándolo, dejó a este fuera de juego.
    Una vez en marcha, Samuel no sabía si reír o echarle una buena bronca, pero al fin tenían un destino y una lápida por descifrar el misterio que esta contenía...

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    1. Melisa apoyó la mano sobre la lápida y el temblor del suelo se convirtió en un pulso, que despertaba bajo tierra.
      Samuel dio un paso atrás, pero ella permaneció inmóvil, como si aquello fuera exactamente lo que había estado esperando toda su vida.
      Las letras de la aquella lápida no la decían mucho, pero se acordo que llevaba en espejo en la mochila- donde comenzo toda esta aventura-

      Samuel lo vio moverse, inclinarse, como si quisiera salir por sí solo.

      —Melisa… —susurró, sin saber si advertirla o pedirle que parara.

      Ella sacó el espejo y lo colocó frente a la lápida.
      El reflejo no mostraba el cementerio.
      No mostraba a Samuel.
      No mostraba a Melisa.

      Mostraba una habitación antigua, con paredes de madera oscura y una mujer de espaldas, escribiendo algo en un cuaderno.
      La mujer se guiró, no hacia Samuel, no hacia el cementerio, sino hacia Melisa.

      Y habló, aunque sus labios no se movieron.

      —Ya es hora.

      La lápida se abrió como una puerta silenciosa.
      No hacia abajo, sino hacia dentro, como si el cementerio fuese solo la fachada de algo más grande.
      Samuel intentó sujetarla del brazo.
      -No entres. No sabemos qué es eso.
      Melisa lo miró con una calma que no era humana del todo.
      -Toda mi vida he sentido que algo me llamaba.
      Ahora sé quién era.
      Samuel tragó saliva.
      -¿Y qué quieres hacer?

      Melisa levantó el espejo.
      El reflejo del antepasado extendió la mano desde el otro lado del cristal.
      -Averiguar si soy un error…
      o un legado.
      Y dio un paso dentro de la lápida.
      Melisa desaparecio, alli de pie bajo una tumba cerrada estaba solo Samuel, con un espejo entre sus manos , pero sin rastro de su amiga.
      La noche se echo encima y unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre sus hombros , tal vez eran las lágrimas de Melisa , por haber hallado su legado.

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  17. Mis queridos compañeros y amigos de letras.
    Quiero daros nuevamente y siempre las gracias por el lujo de contar con vuestra valiosa presencia.

    Este apartado de “Historias Encadenadas” cierra por vacaciones de verano. Volveremos en septiembre con nuevas historias que contar.

    Por supuesto, y si así lo deseáis, podéis seguir con cualquiera de los relatos encadenados; ya sea siguiendo el hilo de la historia, o dándole otro final.

    Gracias, y mil veces gracias.
    Un verdadero placer, amigos.
    Un abrazo enorme 🙏💙

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    Respuestas
    1. El relato quedó muy bien, con ese final abierto, entre inquietante y esperanzador. Mérito de Campirela.
      Ha sido un placer participar.
      Volveremos a leernos en septiembre.
      Besos.

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