JUSTO ANTES
DE QUE CAIGAN las primeras hojas,
de un otoño
que se deja desvanecer
ella se
asomó al borde de su propia soledad.
Había pasado
años DETRÁS DE LA CORTINA,
espiando las
vidas ajenas,
haciendo
puzles de realidad
callando su
propio nombre.
La EXTENSIÓN
INTERNA de su mundo
no cabía en
las paredes de su cuarto,
donde un
territorio vasto, lleno de espejos rotos,
le servía
cada reflejo de su anhelo
invitándola
a soñar en una historia incompleta.
“VEN A
NAVEGAR EN MI MAR”,
le ofreció
una voz desde las grietas
de un techo
imaginario
en el que un
mar embravecido
dejaba
sentir su tormenta.
Pero su mar
era oscuro, sin orillas,
y le hacían
sentirse DUDOSA,
o más bien
una SOÑADORA con pies de barro,
mirando en
la superficie
esperando
ver su rostro,
en el que solo
encontraba tenues remolinos
de su sutil
soledad.
SALIR DE
CASA fue su primer acto de valentía,
pero también
de pérdida de su resistencia,
atrás quedaban
los altares cotidianos,
los intervalos
de su causa custodiada
y las
memorias desequilibradas sin resolver,
enterradas a
medias como raíces
sin
esperanza por crecer.
NO ESTABA
PREPARADA PARA ESO,
musitó al
viento frío,
cuando la
calle se abrió
como una
herida llena de posibilidades
bullendo
entre los matices de un amanecer.
Los RECUERDOS
la acosaban en cada esquina,
acordes de
humanidad la protegían
con la risa
de la niña que fue,
la lágrima
de una madre lejana,
y el eco de
una canción olvidada
acompañaban
el instante de su sacrificio.
Y, sin
embargo,
algo en su pecho
repetía como un mantra:
UN DÍA LAS
COSAS MEJORARÁN,
y encontrare
el imperativo
que se llave
el vértigo de mi corazón.
Pero las
noches venían
con pesadas
blondas de desamparo,
y CUANDO LAS
COSAS COMIENZAN A DESMORONARSE,
las violetas
en la ventanas se marchitaron sin despedida,
los muros
crujieron con voces invisibles otra vez
y ella, sola,
esperó la CAÍDA DE LA TARDE
como quien
espera el fin de un principio
en un insoportable
silencio terrenal.
Fue entonces
cuando las luciérnagas
las sacaron de
ese crepúsculo entre ruinas,
y brotó un
NUEVO CRECIMIENTO
como una
semilla pequeña
en la
grietas de los adoquines,
ofreciendo
una promesa apenas visible
pero que
comprendía y le hacían florecer.
Porque LA
CHICA CON EL GRAN CORAZÓN
no sabe
rendirse,
aunque el
mundo le pese,
aunque los
días sean un campo minado
de sombras
imperfectas
que no sabía
alcanzar.
“ME HICE
UNAS ALAS”,
dijo de
mañana,
y nadie supo
que las construyó con cicatrices,
con
fragmentos de sueños rotos,
con cada
piedra
con que su
mente la quiso derribar.
Los ÚLTIMOS INVITADOS
de su fiesta interior
eran las
dudas, las heridas,
pero también
los destellos de belleza
que nadie
más veía
y que ella
poco a poco
aprendía a
multiplicar.
Bailó junto
a su soledad bajo la luna,
en un ritual
secreto,
en un
brindis por lo que fue
y por lo
sabría que vendría
forjándose
en un aquelarre de intimidad.
Ella
comprendió,
en la lenta
maduración del alma,
que CUANDO
NO PUEDES CONSEGUIR LO QUE QUIERES,
la vida te
enseña otros anhelos,
más íntimos,
más ciertos.
Así encontró
DESCUBRIMIENTOS SECRETOS
ocultos en
las grietas de sus costillas,
que ahora
eran permeables al corazón
y los guardo
detrás de la luz de las luciérnagas,
en las
sombras de los agujeros de su historia.
Se descubrió
EN FLOR,
no como una
exhibición,
sino como
una rebelión silenciosa,
una belleza
que no pide permiso.
Las RAÍCES
la llamaban,
desde lo
profundo,
ahora si
tenía el alimento
de las voces
de las mujeres que antes que ella,
amaron el
presagio de su intuición,
desde las
niñas que andaban aún esperan ser vistas
y ella sabía,
estaba segura que lo serían.
Y decidió
LIBERAR
las cadenas
invisibles,
las palabras
no dichas,
los miedos
heredados
y cada uno
de sus impulsos nervados.
“ALGÚN DÍA”,
dijo al
horizonte,
“cruzaré
este desierto,
y habrá un
OASIS al otro lado”.
Pero sabía,
en su carne
y en su espíritu,
que el oasis
no era un lugar,
sino el acto
de caminar,
el coraje de
seguir,
la danza con
su propia sombra.
Así siguió,
ligera pero
cargada de memorias,
herida pero
entera,
cansada pero
despierta,
abrazando
cada grieta como parte de su mapa,
cargando su
corazón grande
como una
lámpara encendida
en mitad de
la noche
la noche que
le llevaba a su vida.
(Poema
perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Fugarse”)
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