(Autora:
©Mercedes)
En aquel momento, ella se encontraba en una encrucijada que sabía sería determinante en su vida. Quería tomar aquella decisión pero seguía teniendo pesadillas. De forma reiterada, se veía en una ciudad reducida a escombros como si una brutal batalla hubiera tenido lugar justo antes de su sueño.
Comenzó a tomar tila todas las noches y luego, cuando vio que no era suficiente, pasó a tomar melatonina y otras, también naturales, de lavanda y valeriana, por si eso la calmaba. Pero las pesadillas continuaron.
Llegaba un puente largo y, cuando volvía a casa, vio un anuncio que hablaba sobre pasar un fin de semana en un spa para relajarse. Llegó a su casa y buscó información. Le pareció una buena idea y, a continuación, reservó una habitación en el spa y luego compró los billetes de ida y vuelta en el tren al pueblo donde se situaba el spa.
Aquella noche ya durmió un poco mejor: aunque vio la misma imagen, no se despertó ni tuvo miedo del sueño. Entones, ya fue como si estuviera viendo simplemente una película de catástrofes o de batallas en la época contemporánea.
Llegó el día de iniciar su viaje de vuelta y se preparó con tranquilidad para llegar al tren y luego para cogerlo. Para su sorpresa, fue la primera vez en meses que no sintió ansiedad al levantarse. Ahora sabía qué alternativa era la que iba a tomar. Era la primera vez en años en la que no sentía miedo del futuro.
El tiempo en el spa fue genial: las pesadillas desaparecieron pero no sólo ni principalmente por haber tomado la decisión sino porque había descansado. Hacía mucho que no había dejado de despertarse a mitad de la noche y que se despertase descansada. La tranquilidad había vuelto a su vida.
El último día soñó con esa misma mujer pero ahora estaba en un campo de amapolas y otras flores. Estaba amaneciendo y corría una agradable brisa.
Pero no iba a llamar para decirlo: quería decírselo a su jefe directamente porque quería ver la cara de su jefa cuando la dijera que no seguiría en la empresa. Simplemente con pensarlo, sintió como si se le hubiera quitado un gran peso de encima: aquella mezcla de miedo al futuro y nervios por llegar 5 minutos tarde porque el bus o el metro se hubieran retrasado, se había terminado.
(Relato perteneciente
a la propuesta de Serendipia: “Pros y contras”)




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