(Autor: ©Necco)
Sabe perfectamente que ella no existe, sabe perfectamente que
sólo es un producto de su imaginación enferma. Sabe que si se toma esa pastilla
dejará de verla tras el cristal de la cafetería allí, en la acera de enfrente,
con su pelo negro y largo, con su vestido rojo, mirándole coqueta, como
siempre. Observa la pastilla en la palma de su mano abierta y también sabe
perfectamente lo que sucederá si no la toma. Empezará su juego de siempre. Él
se levantará dejando sin terminar el café, le dará unas monedas al camarero y
saldrá a la calle. Ella comenzará a caminar despacio, insinuante, volviéndose
de vez en cuando con un rápido movimiento de su negra melena para comprobar lo
que sin duda sabe..., para comprobar que él la sigue. Y él la sigue a cierta
distancia, la sigue porque no puede dejar de seguirla, la sigue porque la ama,
la sigue porque la desea.
Y él sabe que el juego puede continuar incluso durante horas.
Ella camina por las calles segura, lenta, indolentemente; a veces se para y
hace como que mira de forma distraída algún escaparate. Él se detiene y
disfruta de cada movimiento cuando ella, aprovechando su reflejo en el cristal,
arregla su pelo. Otras veces sólo camina, sin detenerse, sin rumbo y él la
sigue deambulando tras ella. En alguna ocasión se había dicho a sí mismo que no
era real, que ella no era real y cerraba fuerte los ojos y, cuando los abría al
momento de nuevo, ella ya no estaba allí. Entonces miraba sobresaltado en todas
direcciones, buscándola, y echaba a correr y se detenía en seco, girando sobre
sí mismo aterrado hasta que por fin la encontraba de nuevo, sonriente, con su
pelo negro y largo y su vestido rojo, esperándole en la puerta de su casa.
Entonces él respiraba profundamente, aliviado, y caminaba despacio buscando las
llaves en su bolsillo.
Él sabe que subirán juntos de la mano y en silencio en el
ascensor y que cuando entren en su casa ella pedirá que le sirva una copa. Y él
servirá dos copas, y hablarán y reirán hasta bien entrada la noche. Entonces se
acostarán juntos y harán el amor. Y él sabe que a la mañana siguiente se
despertará completamente solo, y que la copa que le sirvió a ella por la noche
seguirá en la mesa, donde la dejó, completamente llena. Y tomará la copa y con
un rápido gesto la vaciará de un golpe en el fregadero, y llorará porque sabe,
perfectamente, que ella sólo existe en su imaginación enferma.
Observa la pastilla en la palma de su mano abierta y sabe
perfectamente lo que sucederá si no la toma. La deja caer al suelo y la pisa
como se pisa una colilla. Mira tras el cristal de la cafetería; ella sigue
allí, con su pelo negro y largo y su vestido rojo. Él sabe perfectamente cómo
acabará todo, pero también sabe que en la película de su vida el protagonista
termina muriendo. Si el final será, después de todo, trágico, él prefiere y
elige vivir la tragedia completamente.
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Pros y contras”)


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