(Autor: ©Gustab)
Conozco la luz ahora de tus trazos, tan suave y silenciosa...
entrar en tu cuerpo, en tu secreto, en la estancia que es altar de seda y vicio
húmedo erosionado por mi boca.
Donde se esculpe y modela a niebla redentora están mis
labios, donde trazo el vapor ciego que me nubla los ojos; Ahí, donde nada se
oscurece y el rojo brota bañado de agua bendita, oleosa y glácil.
Qué trasparencia hay dentro, luz de sirio votivo, cáliz que
es cal y sal granito... mármol, sílice y agua.
Ahí, en tu sexo, donde desnudas la grieta, donde desnudas la
vida... vasija de clamor.
Niña desnuda de labios crudos arrasadores como el viento, que
antes eras brisa; Ahí, en el pulso seco, en la celda mojada, en la flor trémula
e iluminada bebida a fondo...
¿Cómo es la pureza en amanecida donde se besa a oscuras, a
ciegas, donde besan los niños con honda ternura abiertos al resplandor... donde
te dan la vida?... Así es ahí, ahí en la oscura inocencia donde los orgasmos
son magia. Así es ahí, donde la muerte deja de ser suplicio, donde la sal se
convierte en océano; así es, un manantial secando mis labios, pidiendo
más...
(Texto perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Trazos”)



Cuando el trazo va más allá de la piel.
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