(Autor: ©Rodrigo Fúster)
A los que se derrumban en su concavidad incandescente,
saciando el hambre de carne cruda.
No es tan sólo un triángulo de pincelada abstracta y negra
entre los muslos, no es sólo un espacio mojado contra el fondo de tibia
blancura. No es tan fácil seducirlo porque se esconde detrás de besos amorosos,
de trazos de literatura. Es la letra sagrada del espíritu que se despliega
sabia sobre el tiempo.
Es el arca que contiene la alquimia de la especie; Los
esclavos del deseo no lo sospechan cuando lamen la herida más antigua, cuando
palpan la húmeda cicatriz de brillo mojado y sedoso o cuando se disuelven
dentro de su vasija pronunciando un sortilegio.
... Vamos sonámbulos hacia la oscuridad exquisita de la
noche, para observar radiantes cómo crece abierta al roce de nuestros dedos la
pretérita flor húmeda y ancestral disolviéndonos hasta el éxtasis sombrío de su
alma.
(Texto perteneciente de la propuesta de Serendipia: “Trazos”)



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