(Autora: ©Dafne Sinedie)
Al contrario de lo que se suele decir, con
la llegada de la primavera el desamor flotaba en el ambiente. Hacía un mes que
había descubierto que mi prometido me estaba poniendo los cuernos... ¡con mi
mejor amiga, nada más y nada menos! Me sentía una completa fracasada,
arrastrándome de un lado para otro, intentando llenar mi vacío con personas
vacías...
«¡BASTA!»
«Basta ya de llorar y de regodearte en tu
propio sufrimiento», me dije a mí misma. «Necesitas empezar a priorizarte».
Así que, en vez de volver directamente a
mi nuevo y solitario apartamento, entré en el gimnasio que quedaba de camino.
Allí me atendió una chica muy amable que me mostró las instalaciones y el
calendario de actividades.
—En cuanto a las cuotas, tenemos varias
opciones: mensual, semestral o anual. La primera sólo incluye la sala de
musculación, por lo que las actividades se pagarían aparte. La semestral
incluye las actividades, y la anual es especialmente rentable en la modalidad
de «cuota dúo», es decir, si se apunta al mismo tiempo otra persona.
La sonrisa me tembló un poco en los labios
al imaginarme a quiénes habría tenido en cuenta para compartir aquella opción.
—Prefiero la cuota semestral, gracias.
Retomé mi camino sintiéndome un poco más
ligera.
Al cabo, me detuve frente a una
floristería cuyo escaparate siempre me fascinaba.
—¿Para quién son las flores, cariño? —me
preguntó la florista.
—Para una persona que necesita que le
recuerden el valor que tiene.
—Entiendo... Creo que las flores del
acerico pueden ser perfectas para la ocasión.
Aquel ramo de intensas flores rojas acabó
en el corazón de mi apartamento.
Luego, dediqué largas horas a conversar conmigo misma hasta que conseguí reconciliarme. Me pinté las uñas a juego con los pétalos, me maquillé y me vestí con mi conjunto preferido. Puse mi música favorita en el tocadiscos y, en mitad del salón, me invité a mí misma a bailar, sosteniendo mi propia mano y abrazando el único amor que necesitaba.
(Relato
perteneciente a la propuesta de Serendipia
༄Variétés: «La música y las flores»)


Oh qué bonito! Un relato de empoderamiento y coraje...
ResponderEliminarSentirnos nuevamente de pié, pero esta vez eligiendo las luchas.
Un abrazo.