(Autor: ©Chema)
A veces necesitaba
huir de mi entorno, cogía el autobús y me iba a Puente de Vallecas. Una vez allí,
subía por la avenida de la Albufera hasta el estadio del Rayo Vallecano, y a
continuación giraba en dirección al parque de las Siete Tetas. Es un lugar inspirador,
algunas de las pocas buenas ideas que tengo se me han ocurrido allí.
Pero en aquella
ocasión, quise variar. Decidí ir a Entrevías –que también es parte del distrito
Puente de Vallecas–, y lo asocio a buenos recuerdos gracias a una buena alumna
que vive allí.
Bajé del autobús 102,
y me quedé un momento indeciso. Miraba alternativamente a las vías de tren
–protegidas por unas vallas llenas de grafitis– y al entramado de calles por
donde iba a casa de mi alumna.
De repente pasó por
allí una chica con melena pelirroja rizada. Me miró fijamente y me dijo:
–¡Yo te conozco!
Tardé unos segundos en
reaccionar.
–¡Yo a ti también!
Eres la chica que una vez me sujetó del brazo porque el autobús daba muchas
sacudidas, y yo por el ‘toc’ no quería agarrarme la barra.
–¡Todos necesitamos
sujetarnos unos a otros alguna vez! –rio ella–. Yo me llamo Alejandra, ¿cómo te
llamas tú?
–Chema... Y
últimamente mis días no son tan bonitos como aquél del autobús. Problemas y desilusiones
varias... A decir verdad, buscaba las vías del tren.
Ella me lanzó una
mirada penetrante, que parecía leer en mi alma.
–De eso nada, majo.
Vas a venir conmigo a mi casa –dijo muy seria, en un tono que no admitía réplica.
Caminamos por unas
calles llenas de bares y pequeñas tiendas, hasta llegar a su portal. Me advirtió
de que no había ascensor, y yo le aclaré que eso no era problema para mí, llevo
años sin pisar uno.
Al entrar en su piso,
vino a saludarnos un simpático conejo, de gran tamaño, pelaje gris y ojos vivos.
–Este amigo mío es Leo
–me explicó ella–. Le llamé así por Leonardo Da Vinci. ¡Me encantan el arte y
la geometría! Un día que fui de excursión al campo, me lo encontré y parecimos
tener un flechazo mutuo instantáneo, así que le adopté.
–¡Qué guapete tu amigo
Leo! Pues fíjate, los conejos me hacen pensar en la sucesión de Fibonacci, ya
que se ideó para predecir el número de crías a partir de una pareja de conejos,
tras sucesivos apareamientos entre sus descendientes...
–Oye, oye… –dijo
Alejandra con una amplia sonrisa y los ojos muy abiertos–, ¡me parece que tú y
yo tenemos muchas cosas de las que hablar!
–Si te gusta el arte,
voy desde hace un año a una academia muy buena, por la zona de Alto del Arenal...
–dije algo abrumado, por echar balones fuera.
–Pues mira, me
informaré y puede que me apunte. Pero sobre todo, no quiero que vuelvas a pensar
en vías de tren, ¿estamos?
–...
–Además, seguro que
tienes amigos y amigas que hacen que tu vida merezca la pena.
–Sí, la fan de Esther
de pelo rizado, Ginebra y sus letras, Devo y Doroty, la abuelita gallega, la Caperucita
enfermera...
–¿Lo ves? ¡Y en esa
lista yo estaré pronto, hazte a la idea! –remató, con una risa contagiosa.
©Chema
(Relato perteneciente
a la propuesta de Serendipia༄Variétés: “Fantasía”)



He leído los aportes en sus blogs, son geniales todos, como su promotora. Abrazos
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