(Autora: ©Nuria de Espinosa)
Circundada por tallos de hongos y espigas áureas, sentía cómo
el viento le musitaba al oído. Cada amanecer, parecía despertar a una contienda
interior que solo ella conocía. Su cuerpo, tenue como el de una flor zarandeada
por la ventisca, mostraba cicatrices invisibles. La desdicha, la desesperanza y
el dolor labraron surcos en su piel, cual emblemas de anhelos que solo
revelaban su aflicción, su inquebrantable soledad.
Sin embargo, en cada nuevo amanecer sentía que el trigo, con
su callado hálito, la envolvía. Las hojas, al rozar sus manos, le rememoraban
que la vida no es mera pugna, sino también mutación. Entre los hongos que se
alzaban en su derredor, ella divisaba la tenacidad de la naturaleza, cómo las
más minúsculas y en apariencia endebles criaturas se erguían con inaudita
potencia.
Sus manos, siempre desasosegadas, empezaron a enredar sus
dedos entre los tallos que la acariciaban. No eran meros gestos; era un acto de
génesis. Día tras día, hilaba una red inefable entre ella y el valle. El
quebranto que antes la consumiera se transmutaba pausadamente en algo distinto,
algo que no solo soportaba la carga del sufrimiento, sino que lo trascendía.
Con el transcurso del tiempo, su rostro, antes lacerado por
la congoja, comenzó a reflejar una nueva lumbre. Su mirada, honda y resuelta,
era la de alguien que comprendía que, como el valle, la vida está tejida de
ciclos de ocaso y resurgimiento. Como los hongos que brotan en la penumbra,
había aprendido que la resiliencia no consiste meramente en resistir, sino en
florecer aún entre lo más inhóspito.
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Resiliencia”)



Has retratado muy bien ese superarse y salir adelante y es que a veces tenemos que reinventarnos, para romper las cadenas que nos sujetan.
ResponderEliminarUn abrazo.
Olá, querida amiga Núria!
ResponderEliminarUma perfeição na entrada dos mínimos detalhes da imagem. Bárbaro!
Percebo como a escolha da imagem retrata cada blogueiro.
Sua aura me aprece mais leve pela escolha muito bela.
Compactuo, piamente, com o fato de se ter que florescer para se alcançar patamares mais profundos do nosso viver.
Tenha uma nova semana abençoada!
Beijinhos fraternos