(Autora: ©Marifelita)
Cuando voy por la calle, la gente que pasa por mi lado, me mira con cierto recelo. Sí, veo en sus ojos parte de rechazo, en ocasiones miedo y en otros, miradas de lástima que les resultan imposibles de disimular.
Mi físico es un tanto peculiar, incluso con cierto toque futurista, no paso desapercibida. Algunos niños en el supermercado o en la parada del autobús se acercan osados a preguntarme si soy un robot. Las madres les dan un buen estirón y se apartan de mi lado ruborizadas y disculpándose nerviosas por su atrevimiento.
Debido a un aparatoso
y desgraciado accidente que sufrí hace ya unos años, fui sometida a unas
cuantas intervenciones que salvaron mi precaria vida. Sin duda, de haberme
ocurrido muchos años atrás hubiera muerto sin remedio. Pero gracias a los
grandes avances de la tecnología y la medicina, estoy viva para contarlo,
aunque mi vida es totalmente diferente a la que llevaba antes.
Los primeros años
fueron de total dependencia, principalmente de mis padres, volvía a sentirme
como una niña. No podía caminar, no podía asearme por mí misma ni tampoco comer
sola. Necesitaba ayuda para todo, hasta la cosa más sencilla e insignificante.
En el accidente que sufrí perdí todo el lado derecho de mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Por lo tanto, me quedé sin mi brazo y pierna derechas, además de dejar tocados algunos órganos internos y también perdí la visión del ojo y el oído derecho.
La recomposición facial fue lo más fácil, casi no se me nota, con una operación de cirugía plástica, todo volvió a su sitio, tan solo mi implante sobre mi nueva oreja derecha da pistas de que mi audición no es del 100%.
Mi caja torácica, mi brazo y mi pierna nuevos, ya eran otra cosa… Tras varios implantes fallidos e intervenciones innovadoras, pasé unos años de quirófano en quirófano sin obtener los resultados que los ambiciosos cirujanos e ingenieros esperaban. Pero lejos de caer en la peor de las depresiones tras tantos intentos y sus decepcionantes resultados, no podía permitirme verlo de otra forma que una nueva oportunidad.
Milagrosamente salí con vida de aquel aparatoso accidente, y siento que he sido escogida para disfrutar de una segunda oportunidad que no pienso desaprovechar. Tenía una muy mala vida antes, ahora lo puedo confesar. Mi familia, amigos y compañeros de trabajo vivían ignorantes de todo, aunque ahora que lo pienso en la distancia, veo difícil que no sospecharan que algo en mi matrimonio no funcionara bien.
Mi pareja nunca me puso la mano encima, pero en lo relativo al componente emocional se cebó conmigo. No supe nunca cuál fue el detonante, la situación o el motivo que hiciera que me tratara como lo hacía. Solo cuando estábamos solos, me hablaba de esa manera agresiva, hiriente, despectiva y me hacía sentir tan poca cosa, insegura, desgraciada incluso dependiente. Ahora, miro atrás y no sé darme cuenta de cuando empezó todo.
Pero una noche fue más allá, o quizá yo no pude soportarlo. Estábamos regresando a casa, tras asistir a la fiesta de unos amigos. Esperábamos el metro en el andén y empezó como siempre su discurso, tras cualquier insignificante palabra mía. Aquella retahíla de insultos adornados con aquel educado vocabulario suyo, y aquel tono de voz pausado como si estuviera comentando cualquier tema banal y sin importancia. No era su volumen ni tono de voz el que me hería, sino el contenido y fondo de sus palabras.
Y entonces, delante de aquel público improvisado del andén y expectante al ver entrar el metro a la estación, sin pensarlo dos veces, decidí tirarme a la vía, sin no antes llevármelo conmigo. Y justo en el momento de saltar, le cogí por la manga del abrigo y tiré de él, cayendo juntos a la vía justo cuando el metro atravesaba el andén.
Él murió en el acto. Lo que quedaba de mí, tras unas semanas en coma, regresó a la vida milagrosamente, gracias a la atenta observación de un equipo de médicos e ingenieros que me propusieron su ambicioso proyecto tan pronto desperté de aquella larga pesadilla.
El proyecto del que soy producto, se llama BIONIC-A, debido a que soy el primer prototipo. Reconozco que conservaba cierta ilusión por averiguar si sería la primera mujer biónica al 50% de la historia y a día de hoy puedo decir que finalmente ha sido todo un éxito. Ahora hay muchas miradas y esperanzas puestas en mí, así que no puedo decepcionarlos, tengo una gran labor que realizar y un largo futuro esperándome.
(Relato perteneciente
a la propuesta de Serendipia: “Resiliencia”)




Expones un ejemplo de resiliencia enorme, una historia conmovedora de principio a fin. Nunca se sabe hasta dónde seríamos capaces de llegar en circunstancias extremas.
ResponderEliminarUn abrazo.
Olá, querida Mari!
ResponderEliminarA mulher biônica que reside em cada uma que seja resiliente é visível, independente das marcas físicas que carrega.
Seu texto revela uma vida sobrenatural, resiliência viva para seres mais do que fortes.
Excelente narrativa com riqueza de detalhes.
Tenha uma mova semana abençoada!
Beijinhos fraternos