Uno. Principios de
verano. Cada vez más perdida en mi laberinto. Miedo casi todo el tiempo. ¿Así
comienza la locura? Solo puedo aguantar, y esperar.
Dos. Mi mundo se
puebla cada vez más de criaturas extrañas. Me cuesta decidir qué es real y qué
no lo es. Hace una semana que no hablo con nadie. Siento que nunca más tendré
paz.
Tres. Ayer vino mi
hermano, preocupado por mi estado. Habló de terapia, comida, amigos y otras
cosas que alguna vez poblaron mi mundo. Ya no lo entiendo.
Cuatro. Anoche tiré la
llave por el excusado. Por la mañana traté de hacer algo con las manos con la
esperanza de parar esta máquina que me tritura. No conseguí recordar cómo se tejía.
Cinco. Desde ayer veo
y escucho toda clase de criaturas, la mayoría animales. No parecen amenazantes.
Estoy muy débil y me cuesta recordar dónde estoy.
Seis. Mi imagen en el
espejo me ha atrapado. Hace horas -¿o serán días?- que me miré, y ya no pude
apartar la vista. Mi imagen permanece imperturbable, pero las criaturas que me
rodean cambian todo el tiempo.
Siete. Escribo esto
con gran esfuerzo y sin apartar la mirada del espejo. Mis ojos arden. Ya nada
me importa lo que suceda de este lado. Aquí, solo soy una cáscara vacía. Allí,
vuelo y, al fin, soy feliz.
©Daniel
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