Un cuervo graznó, rasgando el cielo. Acababa de llegar a la antigua casa del monte y todo estaba en silencio. Tuve una sensación interna inmediata de que algo no andaba bien, sentí como el desasosiego inicial se iba transformando en miedo al observar que un candado cerraba con fiereza el portón principal y nadie se acercaba a abrirlo. La soledad y el viento frío, helaban el alma.
Hubo un tiempo, me dije, en que en esta casa desbordaba la alegría colmada de risas de niños que jugaban en el parque preñado de buganvillas en flor. Hubo un tiempo, en que en ella fui feliz.
Rodeando el perímetro de la propiedad, pude trepar por la verja y descender hacia el jardín. El aroma de las flores y las plantas, me condujo por un sendero que al traspasar la Puerta Principal de la mansión, me llevó indefectiblemente al pasado.
Sobre la alfombra de pieles de ovejas en el salón, junto a la chimenea, caí en un sueño profundo del que despertaría unas horas más tarde en otra dimensión difícil de determinar, algo que al principio me sorprendió y luego, me fue embargando de una grata serenidad interior.
Un Lobo blanco me condujo a la espesura del bosque y me dejé guiar, sabía que él guardaba un mensaje de mis ancestros para mí.
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