Llora, llora tu alma,
pequeña Sirena
Atrapada en la soledad
Hechizo de pérdida
Herida en el canto
Dolida mirada
Oscura aflicción....
La pintura atrajo mi atención de inmediato,
era oscura, melancólica, me producía nostalgia, me afligía como la expresión en
el rostro de su protagonista. Una sirena sentada en una roca, el color de su
cola se prestaba a las emociones que transmitía, así como todo lo que la
rodeaba.
Sorpresa, sí, también
me sorprendió la similitud entre su rostro y el mío, miré alrededor en aquella
galería donde se exhibía junto a otras pinturas, había mucha gente así que
nadie repararía en mí y en el parecido entre la sirena y yo. Suspiré, mientras
me alisaba mi vestido negro de encaje, tenía esa manía cuando algo me ponía
nerviosa.
Mi amiga se acercó a
mí y me susurró que quería presentarme a alguien, su afición por buscarme
pareja empezaba a preocuparme, accedí por darle el gustillo, igual no tenía
nada qué perder; nos acercamos a un fotógrafo que capturaba con su cámara cada
momento dentro de la exhibición, invitados, pinturas, todo. Sonrió al ver a mi
amiga y ésta hizo las respectivas presentaciones, a medida que lo hacía iba
bajando cada vez más la voz hasta casi llegar a un susurro diciendo que él era
el artista detrás de las obras que la gente admiraba y elogiaba con ilusión,
sólo los amigos íntimos sabían quién era el artista, para el resto se mantenía
en el anonimato.
Mi amiga nos dejó a
solas, él se arregló la corbata color aqua que llevaba y que llamó mi atención
por un segundo así como la bufanda, para luego perderme en la conversación que
había iniciado.
Desde la revista en la
que trabajaba le habían enviado a cubrir ese evento, nadie allí conocía su otra
pasión: pintar. Y era otra razón por la que su arte y cada exposición de este
artista llamaba tanto la atención, después del evidente talento, ¿quién estaba
detrás? ¿Quién era el hombre capaz de capturar emociones en un lienzo y llegar
al corazón, al alma del espectador?
Incluso había hecho un
esbozo de sí mismo sin mostrar su rostro, le gustaba que sus pinturas hablaran
por él, rechazaba la atención sobre sí mismo.
Se burló de su propio
pensar y reí, noté que sus ojos desprendieron un brillo de adoración al
escuchar mi risa, la ternura en sus ojos lo hacía lucir aniñado.
Después de un rato
huimos de allí, tenía suficientes fotografías de todo y de todos como para
elegir, y las necesarias para soñar. Con ese comentario me guiñó un ojo
mientras entrábamos al ascensor; no sabía de dónde pero me resultaba conocido,
y la casualidad que era mi rostro en el cuerpo de esa sirena. ¿Cómo llegué a
ser parte de ese lienzo?
-Creo en lo imposible,
la fantasía, soy un incauto soñador-rió.
-Mucho gusto-le tendí
la mano sonriendo porque había encontrado a otra incauta.
Cogió mi mano, el
contacto produjo un cosquilleo en mi piel como electricidad viajando por mi
cuerpo, cerré los ojos con una sonrisa en los labios y al abrirlos lo encontré
mirándome sonriendo también; las puertas del ascensor se abrieron y salimos.
Afuera llovía, corrimos sin importar el mojarnos o los truenos que retumbaban,
no era más que parte de esa locura de noche en la que nos encontramos. Ya había
ocurrido algo hermoso en el ascensor, había asistido a empujones a una
exposición de arte y salí venida arriba y con mucha paz, algo que hacía tiempo
no conocía, literalmente era la Sirena cuyo lamento podía escuchar salir de esa
pintura, era como si me hubiese encerrado en el lienzo y al mismo tiempo me
hubiese liberado.
Abrió la puerta de su
apartamento, me invitó a entrar antes que él así como me invitó a ponerme
cómoda mientras se perdía por la puerta que daba a la cocina, había dejado el
bolso dentro de un armario al entrar, y sólo llevaba su cámara consigo, dijo
que en la mañana había olvidado su portátil en la cocina y tenía que cargar las
fotografías antes de que lo olvidara también. Reí por lo bajo curioseando en la
sala, tenía fotografías de viajes que había hecho, y algunos números de la
revista para la que trabajaba, tenía mucho mundo recorrido.
Me senté en el sofá
hojeando una de las revistas, él regresó con dos copas y una botella de vino.
Trivialidades y asuntos de importancia iban y venían en nuestra conversación,
todo se mezclaba, reíamos, disfruté con sus historias de viajes alrededor del
globo, su vida era muy interesante..... y llegó un punto, uno en el que si nos
parábamos a pensar podíamos
arrepentirnos, y existía el mañana, y mañana ya habría tiempo para
eso....
Sus labios buscaron
los míos, permití el roce y en apenas unos centímetros de separación entre
nosotros nos miramos a los ojos como pidiéndonos permiso para continuar a
partir de allí. Bajé la mirada a su boca, gesto que él interpretó como un Sí,
sí, bésame de nuevo, y lo era, un Sí quiero seguir en toda regla.
Mi vestido negro cayó
a mis pies, me cargó y acostó en la cama entre besos desesperados, dedicó
caricias a mi piel mientras le quitaba la corbata.... Sus besos me parecían un
sueño y me entregué a él, dejándome ir por los senderos que ese sueño abría
ante mí.....
Entrada la madrugada
lo vi a mi lado, su brazo rodeaba mi cintura, su rostro estaba en reposo,
dormía profundamente. Besé su frente, y con cuidado quité su brazo, me levanté,
cogí su camisa para vestir mi cuerpo desnudo y salí de la habitación en dirección
a la cocina, el ordenador había terminado de recibir las fotografías, me serví
un vaso de agua para luego sentarme en la mesa frente a la portátil.
Me paseé por las
fotografías de esa noche en la galería, no sólo pintaba bien, hasta sus
fotografías contaban historias. Eran más bien pocas de la exhibición y más de
una persona en especial: yo, y quedé atónita al verme delante de cada cuadro,
me di cuenta de que me había prendado de la pintura de la sirena que tenía mi
rostro, eran más las fotografías de mí delante de esa pintura que de mí en
cualquier otra situación en la galería.
Al finalizar aquella
tanda terminé, no sé cómo, en un nuevo grupo de fotografías en blanco y negro.
Desde un espectacular atardecer hasta gente compartiendo en un barco, y algunas
de ellas capturaban una silueta en el agua, probablemente en ese viaje en barco
porque luego, en una fotografía a distancia, había llegado a atrapar una
especie de cola de pez oscura, seguida de una fotografía de una sirena, ¡sí! la
sirena de la pintura. No fui capturada en un lienzo nada más, antes lo hizo un
fotógrafo con su cámara. El mismo pintor.
Miré la corbata que
aún tenía atada en la muñeca izquierda, sonreí recordando el juego que habíamos
disfrutado hacía unas pocas horas. Y recordando de dónde conocía su sonrisa, su
faz y de dónde él sacó a la sirena que se lamentaba en su pintura....
.....el ocaso en una
playa, me encontraba de pie a la orilla sintiendo el agua del mar de donde yo
había salido a pasear al mundo humano. A unos metros de mí un hombre de traje,
descalzo y con una corbata en la mano, la misma que llevaba en mi muñeca en ese
momento. Caminé por la orilla y él venía en sentido contrario, pasó por mi lado
y sonrió, correspondí, y a medida que nos alejábamos el uno del otro me volví
un poco para encontrarlo en la misma situación, mirándome.....
Esa no fue la última
vez que me vio pero sí la primera y última vez que yo lo vi, hasta ahora. Él me
había encontrado en alguna otra situación, viajando por vez primera en un tren,
cruzando mis piernas y mirando por la ventanilla curiosa de todo lo que el
mundo humano tenía, y queriendo descubrir mucho más.
Iba en el mismo vagón
que él, me fotografió....
Me recuerdo sentada en
aquel vagón, casi podía escuchar el sonido que hacía ese aparato, y el parloteo
de los demás pasajeros.
La expresión de mi
rostro lleno de asombro y ganas de saber qué más tenía que ofrecer tierra firme
y sus habitantes, no compaginaba con mi triste y fría mirada. Eso veía yo, eso
vi en la pintura que él había hecho pensando en mí y lo visto en mí.
-Llora, llora tu alma,
pequeña Sirena-lo escuché decir sentándose en otra silla a mi vera, me
sobresalté y él rió-. Lo siento, debí anunciarme.
-¿Cómo no me percaté
cuando tomaste esta fotografía?-le pregunté volviendo unas cuantas fotografías
atrás donde me encontraba con mi cola extendida sentada en la roca.
-Soy bastante
discreto, no podía dejar pasar un momento que creí jamás volvería a repetirse.
Eres lo imposible, y lo imposible no se captura con una red para luego exhibir
con crueldad, mi única red es un lienzo, es pintura, es arte, eres esa pequeña
imposibilidad y yo tu captor-sonrió enseñándome una de las fotografías que tomó
de mí viendo la pintura-. Eres lo increíble-me enseñó la palma de la mano, la
cerró y entre sus dedos apareció una rosa roja que me entregó-, e increíble fue
encontrarte una vez tras otra después de verte sentada en esa roca, y poco
antes.
-Es una
locura-susurré.
-Incauto soñador-me
recordó-que encontró a su sueño hecho realidad cuando te he visto antes a la
orilla de la playa esa tarde, después hallé lo imposible e increíble.-Sirvió
dos copas de vino y levantó la suya-. Por ti-brindó.
-Por las casualidades
que no lo son-sonreí.
-Por lo que inició, y
por que sea duradero.
Él activó el
disparador automático de su cámara, di un sorbo al vino y lo besé: por las
casualidades que no lo eran, por lo increíble, por lo imposible, por los sueños
en un beso....
Llora, llora tu alma,
pequeña Sirena
Una lágrima perlada
Nunca más melancolía
Presa del placer
encontrado en tu captor
Mi lienzo tu prisión
Perfecta armonía de tu
lamento hecho canción
Impoluta criatura....
©Ivel Valley
©Patrizia Burra
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Aimie-Lee Bliem
Textos del reto de junio «Fluir»:
Chica/ Roselia Bezerra/ Campirela/ Gustab/
Lunaroja/ Auro/ Nuria de Espinosa/ Dulce/
Chema/ Dafne Sinedie/ Mujer de Negro/
Tracy/ Volarela/ Milena/ Erik/ Ginebra.
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