(Autora: ©Nuria de Espinosa)
La vida rara vez
avanza en línea recta. Más bien se parece a esta imagen: un cuerpo suspendido
entre el ascenso y la caída, entre la calma y el naufragio. A veces creemos
estar hundiéndonos cuando, en realidad, solo estamos atravesando una corriente
más profunda de nosotros mismos.
Hay épocas en las que
todo florece con facilidad. Las decisiones parecen correctas, las personas
permanecen, el futuro se abre como una ventana iluminada. Y luego, sin previo
aviso, llegan los avatares: pérdidas, despedidas, silencios, preguntas que
nadie responde. Entonces uno descubre que vivir no consiste en mantenerse
siempre a flote, sino en aprender a respirar incluso bajo aguas inciertas.
Lo curioso es que
aquello que nos rompe también nos transforma. Las hojas que se desprenden en la
imagen no parecen muerte, sino metamorfosis. Como si cada caída dejara espacio
para otra versión de nosotros. Más sabia. Más lenta. Más humana.
La vida tiene un
vaivén inevitable: acerca lo que amamos y a veces lo aleja; nos llena las manos
y luego, en ocasiones te obliga a soltarlas. Resistirse a ese movimiento solo
multiplica el dolor. Tal vez la verdadera fortaleza consista en comprender que
nada permanece intacto, y aun así seguir extendiendo los brazos hacia la luz.
Porque incluso en
medio del caos hay algo dentro de nosotros que insiste en emerger.
(Texto perteneciente a
la propuesta de Serendipia༄Variétés: «La poesía, como contemplación»).



A veces resistirnos dificulta nuestras vidas...
ResponderEliminarLos apegos,los miedos, el control,nos van quitando el aire.
Me ha encantado tu texto porque es un canto y una invitación a fluir a pesar de los momentos donde nos sentimos hundidas. Es complicado dejarse llevar en esas circunstancias,pero, intentar respirar y sumergirnos sin miedo en esa emoción a veces nos ayuda a no esconder emociones tan normales como cualquier otra.
Qué bonito te ha quedado este reto!
Un beso grande Nuria!