(Autora: ©Mercedes)
La niña llevaba sus trenzas hechas con lazos de colores y tan
ufana iba con su cesta por la calle principal, hasta que sintió el zumbido de
las flechas que pasaron a su alrededor. Corrió todo lo que pudo a esconderse
detrás de aquella pared que estaba en una calle de las que salía de la plaza
del pueblo. Lo peor era la incertidumbre de no saber qué pasaba y quién era el
responsable del ataque. Tampoco sabía a quién iban dirigidas las flechas.
Al cabo de un rato, las flechas dejaron de silbar. Pero se
oían con claridad los gritos de los heridos. Entendiendo que el peligro estaba
allí y que debía alejarse, se levantó y, sin mirar hacia la calle principal,
echó a correr hacia su casa.
Su familia vivía en el límite del bosque, en las afueras del
pueblo. Cuando llegó, exhausta, miró hacia su casa y se paró en seco. Por
encima, se veía la nieve en la parte más alta de las montañas que pertenecían a
la cordillera que rodeaba aquel pueblo.
Entonces sonrió: aquella vista le dio la paz que necesitaba
en ese duro momento. Ahora, podía entrar y contar en casa lo que había pasado,
con la certeza de que aquella casa estaba demasiado apartada y ellos no eran el
objetivo de las flechas: si alguien los hubiera perseguido, no hubiera ido
directo a la calle principal.
(Relato perteneciente a la propuesta de Serendipia: “Resiliencia”)



Olá, querida Mercedes!
ResponderEliminarInteressante como ela sabia discernir de onde vinham os ataques... é preciso ´para se desviar, se preciso for. Uma vez consciente, pode seguir resiliente e tranquila.
Muito bom o contexto escolhido.
Tenha uma nova semana abençoada!
Beijinhos fraternos