Según te expresabas, amiga mía, según lanzabas al viento tu dolor y le dedicabas cartas interminables de amor, nos hiciste creer que ya no existía, que se había ido para siempre y que lo que te movía a escribir era la nostalgia que todavía estaba latente en tu corazón ¡Cuántas veces compartí contigo ese dolor! Te comprendía perfectamente, mi corazón sufría por lo mismo, por esa partida que ya no tiene solución.
Un día... y en uno de esos momentos de debilidad, me confesaste que estaba vivo y que....
¡Te lo prometí! Todavía recuerdo lo que te dije: GUARDARÉ SILENCIO PARA SIEMPRE, JAMÁS DESVELARÉ LA VERDAD.
No hay comentarios:
Publicar un comentario