KAIMÓS
(Intenso
sentimiento de tristeza,
anhelo o
deseo incapaz de satisfacer)
He tirado ahí mismo mi
pesada mochila. Estoy agotada. No puedo más. Me pesa el aliento (en realidad,
es lo único que poseo). Noto que las piedras de esta yerta, desvalida sabana me
llaman; me reclaman; me buscan. Pero yo... no puedo dar más de mí. Soy una nube
de óxidos, una campana desafinada, el mal sueño de un lagarto...
Mientras me empuja el
viento como a un harapo tendido en la nada, me concentro en una piedrecilla
triangular, negra, que se acaba de colar en mi sandalia. Es un grito del suelo.
Despierto de mi tórrido letargo. La
tomo. Es muy suave. Y la naturaleza ha dibujado azarosamente en ella la
diminuta forma de una mariposa. La acaricio sin saber por qué.
Miro hacia atrás:
Un grupo de avestruces
me contempla, con las plumas manchadas por la angustia de la huida: corren y
corren, siempre están corriendo hacia atrás.
Un resto de sol
dormita sobre la baba del caracol. Los brazos de las acacias se agitan con el
viento. Parecen muy calientes, tiernos, plenos de aleluyas, me están
llamando...!
Miro de nuevo hacia
atrás, nada puedo retener, siento un sentimiento violento de pérdida (Kaimos*).
Ya casi soy una piedra mal tallada. Alguien casi me está labrando... soy yo
misma.
Miro hacia adentro...
Mi talla esperpéntica cobra nuevos ángulos y formas asombrosas. Siento vértigo por mis nuevos abismos. Y
también éxtasis: estoy poblada de arco iris tejiendo un tapiz perfecto y
gigantesco, a espasmos de colores.
"Conócete: tienes
mucho tiempo". Me dice un minúsculo petirrojo que acaba de aparecer. En el
pico porta una gota de néctar que hace miles de años le pende, solitaria y profética... para mí.
Truenos. Escucho
truenos. Cada segundo que pasa es un trueno compulsivo. Pero ahora... no temo
al destino; me abro a él como una mariposa que enseña los dibujos de sus alas.
Deja de tronar. Oigo el trote de mil caballos, pero no los veo, sólo siento sus
jadeantes respiraciones. Vienen a mí. Me traspasan como un relincho ancestral.
Ya no se oyen, sólo mi corazón expandido retumba inmensamente en el vacío. Y
poco después, el vacío me responde... con otro latido, íntimo, de madre.
De una montaña
comienzan a bajar miles de personas bellísimas, transparentes, reflejando todos
los colores. Forman una larga cadena. Al
llegar a mí, dos de ellas me toman las manos. Siento que me fusiono a la larga
cadena y comienzo a elevarme, formando parte de una gran estructura geométrica,
maravillosa. Es un nuevo cuerpo, que a su vez encajará en otra pieza aun mayor
de almas, posiblemente dentro del cuerpo de un gran planeta, como si nosotros
fuéramos uno de los pequeños engranajes de un descomunal reloj. Todo se pone en
marcha. Comienza una danza singular, hermosísima, como un vals placentero, en
comunión con todas las almas enlazadas.
Sentimos los nervios de la Tierra, destellando en sinopsis; señales que
nos traspasan a todos con su energía rebosante, pletórica, y que nos fusiona
como si fuéramos el mismo ser dando vueltas alrededor de un centro invisible
que palpita, y de algún modo... nos nutre. No puedo soportar tanto gozo, y de
pronto, escapo.
Floto en el espacio
con el peso de una pluma rosa: veo nuestra Tierra a lo lejos... Arde de belleza
mientras gira amorosa, enamorada, alrededor del sol, que a su vez gira
enamorado de otra estrella aún mayor... Y yo puedo contemplar, más allá de la
vida y de la muerte, una dicha inconmensurable que dulcemente se expande sin
cesar...
Cesa la danza, la
contemplación.
Estoy de nuevo, caída.
De pronto, oigo el
canto de un grillo, muy lejano...; pero también cercano, en mis propios oídos.
La áspera sabana ocre
me rodea otra vez. La piedra negra en mi bolsillo está muy caliente. Pero no he
soñado. Lo sé. Hoy voy a coger mis cosas y acostarme aquí, en mi helada tienda,
como llevo haciendo los últimos treinta días de mi largo viaje a pie. Morirá mi
conciencia un poco esta noche, con la luna y los alacranes; renacerá mañana
junto a este grupo de baobabs. Sigo cansada. Hoy respiro con dificultad. Puede
que yo sea como aquel río que se extinguirá en las arenas del desierto sin
alcanzar el mar. Pero no me importa, porque mi viaje sigue más allá de lo que
puedo percibir por este diminuto orificio de mi vida...
Infinitud es la
palabra; se me deshace al pronunciarla.
©Patrizia Burra
ESTE BLOG ES UN SALÓN DONDE SE REÚNEN ESCRITORES Y AMIGOS PARA CONVERSAR, LEER O PARTICIPAR EN LOS DIVERSOS RETOS QUE SE VAN PROPONIENDO MENSUALMENTE.
Las puertas están
abiertas para todo aquel que desee acompañarnos, sin más propósito que disfrutar
de la escritura/lectura, y crear esos bonitos vínculos que nos conectan con
la emociones en este viaje maravilloso en el que compartir y sentir desde la
reciprocidad.
HISTORIAS ENCADENADAS
Las historias permanecerán abiertas durante un mes.
Cada uno de los participantes deberá continuar el hilo
argumental a partir del anterior comentario.
No hay límite de palabras, y podéis participar tantas veces
deseéis.
En el muro del blog tendréis los enlaces para acceder a cualquiera de las historias; VUESTRAS HISTORIAS.
Aimie-Lee Bliem
Textos del reto de junio «Fluir»:
Chica/ Roselia Bezerra/ Campirela/ Gustab/
Lunaroja/ Auro/ Nuria de Espinosa/ Dulce/
Chema/ Dafne Sinedie/ Mujer de Negro/
Tracy/ Volarela/ Milena/ Erik/ Ginebra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario