Sonrisa, siempre
sonrisa, una y otra vez, madre me lo repetía
—Has de ser una buena
señorita, atenta a tus modales, dulce y complaciente.
Lo intentaba, no solo
por madre, sino porque su requerimiento coincidía con el papel que la sociedad
otorgaba a la mujer.
—¡No seas salvaje, te
comportas como un chico!
No acababa de entender
el problema, pero veía al resto de mis amigas, que se amoldaban en mayor o
menor medida al estereotipo marcado y yo quería ser como el resto.
Así que claudiqué,
como lo hicieron generaciones de mujeres que me precedieron, como lo hacían mis
coetáneas y como lo harían las generaciones venideras.
Mientras me adaptaba a
esa vida femenina, al saber estar, la fragilidad y la búsqueda del amor que mi
sexo determinaba, una y otra vez cual eco me resonaban:
Mujer nací mas no
quise
en cautiva me volví,
del varón la envidia
vi,
ya que vida dar
ansiaba.
A dar el fruto
renuncio
y mis cadenas libero,
por un sueño venidero
que el miedo ya no
traba.
A pesar de mi
melodioso subconsciente, viví la vida que se esperaba.
Me casé y tuve hijos y
me dediqué a ellos, replegué mis alas y volé al cobijo de las de mi compañero.
Tuve momentos felices,
desdichas, amor y desamor, tantos como la vida decide darnos.
Y en determinados
momentos, en que el floral paisaje se resquebrajaba y esos versos volvían a
sonar, surgía con rabia mi verdadero sentir ante lo impuesto y lo aceptado.
Hasta que era retornada a la complacencia social por el devenir diario.
Los años pasan y la
sociedad cambia, ahora hay movimientos feministas en auge, se hablan de cupos,
de igualdad, como siempre hay voces discordantes, algunas apelan a la misma
lógica del feminismo y desde aquí les lanzo mi reflexión:
No creo en la innata
bondad de la mujer, ni en la maldad del hombre, pero sí en que existe el
dominio del fuerte sobre el débil y en la dualidad de la naturaleza humana, en
lo difícil que es cambiar una cultura machista, tanto en hombre como mujer, que
como padres tu desvelo cuando tus hijos salen es doble si es mujer, en que
incluso en una época de progreso, seguimos definidas por estereotipos cuando
oigo que ser mujer es que te guste llevar falda, que tenemos que elegir muchas
veces entre ser madre o tener carrera profesional cuando esa elección, casi
siempre cae en el mismo lado y que dar vida, es un regalo que nos han dado con
hermosas ataduras.
Desde la sabiduría que
otorga el último tramo de la vida, deseo un verdadero cambio para mis nietos
aun sabiendo la improbabilidad de ello, pues soy conocedora de nuestra
naturaleza y que difícilmente aceptaremos en igualdad al diferente, ya sea en
sexo, etnia o pensamiento.
©Lulita
©Patrizia Burra
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Aimie-Lee Bliem
Textos del reto de junio «Fluir»:
Chica/ Roselia Bezerra/ Campirela/ Gustab/
Lunaroja/ Auro/ Nuria de Espinosa/ Dulce/
Chema/ Dafne Sinedie/ Mujer de Negro/
Tracy/ Volarela/ Milena/ Erik/ Ginebra.
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